Política Estado Español

CAPITALISMO Y CORRUPCIÓN

Rodrigo Rato, libre

El juez que investiga al ex director gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Rodrigo Rato, por fraude fiscal, blanqueo y corrupción, lo dejó en libertad este martes tras prestar declaración, aunque le retiró el pasaporte y lo obliga a comparecer una vez al mes en su Juzgado.

Diego Lotito

@diegolotito

Miércoles 7 de octubre de 2015

Foto: Reuters Archivo

Con estas medidas, quien fuera también vicepresidente del Gobierno español y ministro de Economía durante la presidencia de José María Aznar, solo podrá desplazarse por países de la Unión Europea, informaron fuentes jurídicas al término del interrogatorio.

Rato, cuyo último cargo fue el de presidente de Bankia (2010-2012), declaró ante el magistrado Antonio Serrano-Arnal durante aproximadamente dos horas, tras las cuales el juez decidió imponerle las citadas medidas cautelares.

En las puertas de los juzgados, una veintena de afectados por la estafa de las preferentes se congregó para repudiar al ex banquero al grito de “Rato, ratero, igual que tu padre, igual que tu abuelo”, portando pancartas en las que se leía “Blesa y Rato a prisión” o “Han saqueado este país”.

En el pasado mes de julio, Rato fue llamado por el juez pero entonces se negó a declarar porque decía desconocer muchas de las acusaciones vertidas sobre él por la Oficina Antifraude (Onif) y la Fiscalía.

Desde entonces, sin embargo, no sólo salieron a la luz nuevas sospechas de que Rato se dedicó al lavado de dinero en el exterior, sino que el escándalo de corruptelas en las que se vio envuelto ha salpicado a otras ocho personas. Entre ellas, su secretaria, Teresa Arellano, y su gerente de confianza y presunto testaferro, Miguel Ángel Montero, detenidos la semana pasada y a quienes el juez que instruye en la causa impuso el viernes las mismas medidas cautelares a su jefe.

Rato también fue interrogado el pasado jueves ante la Guardia Civil, el mismo día en que otro de sus supuestos testaferros, el administrador de Albisa Inversiones, Alberto Portuondo, asegurara al juez que pagó 40.000 euros mensuales a la sociedad Kradonara, epicentro del entramado societario del exdirector gerente del FMI.

Portuondo explicó que abonó estas cantidades a Kradonara (473.000 euros en 2011 y 360.000 euros en 2012), sin saber que la sociedad era propiedad de Rato. Es el único que hasta ahora ha ingresado en prisión.

En esa misma época Portuondo ingresó cerca de dos millones de euros de las empresas Zenith y Publicis, las mismas que ganaron el multimillonario concurso de publicidad de Bankia, y de las que cuatro de sus responsables también están imputados.

Los investigadores sospechan que parte de ese dinero, 833.000 euros, acabó llegando a Rato a través de los pagos que Portuondo hacía mensualmente a Kradonara.

A esta última empresa, además, llegaba también el dinero que Rato recibía por su asistencia a congresos y conferencias –a través de la sociedad Arada-, que antes pasaba por la firma Vivaway, una empresa vinculada a Rato con sede en Reino Unido y administrada desde el paraíso fiscal de la Isla de Guernsey.

En los años 2006, 2007, 2011 y 2014, Kradonara obtuvo a través de distintas transferencias bancarias 3,4 millones, a las que hay que sumar otras por valor de 3 millones más recibidas desde su matriz, la firma Vivaway, de la que Rato es último beneficiario. Las pesquisas de la fiscalía se han centrado, entre otras cosas, en los ingresos y comisiones irregulares que Rato recibió en este período, especialmente en 2011 y 2012, durante su mandato como presidente de Bankia. Se presume que en esos años, el ex banquero cobró al menos 835.000 euros de las centrales de medios Zenith y Publicis a cambio de la adjudicación de contratos publicitarios por valor de 46 millones.

Una compleja trama de corrupción y lavado de dinero, en la que intervienen otras empresas y sociedades anónimas de las que Rato es titular en distintos países, desde Panamá hasta las Bahamas, a través de las cuales Rato amasó buena parte de su fortuna.

Capitalismo y corrupción

El que fuera máximo responsable del FMI llegó a ser una de las personalidades más influyentes de la política española, muy cercano al expresidente José María Aznar (1996-2004), y posteriormente al actual presidente del Gobierno, Mariano Rajoy.

Rajoy, como casi toda la cúpula del PP, admiten que el caso de corrupción de Rato ha sido perjudicial para la imagen de su partido. Pero no fue el único. La trama Gürtel y su derivación en el escándalo del “cajero” Bárcenas, el caso Favra o el caso Brugal, complejas tramas de corrupción por las que en los últimos más mas de 30 altos cargos del PP se han sentado en el banquillo de los acusados, han puesto al descubierto como la corrupción es un fenómeno congénito a los grandes partidos capitalistas y al funcionamiento mismo del sistema.

El presidente del Gobierno admitió este martes en el foro Abc en Madrid, que “probablemente tengan razón” quienes critican que su Gobierno y su partido “no han reaccionado rápidamente”, cuando estallaron los diferentes escándalos en los que han estado involucrados directamente altos dirigentes del PP. “Podíamos haber sido más rápidos y diligentes”, dijo Rajoy.

Aprovechando el escándalo, el portavoz socialista en el Congreso de los Diputados, Antonio Hernando, sostuvo que Rato representa “la historia viva del PP”. Pero en el PSOE también están los José Antonio Griñán y Manuel Chaves enlodados en los EREs de Andalucía, las “tramas urbanísticas” durante el gobierno de Zapatero, e infinidad de casos de alcance estatal, autonómico y municipal en los que los socialistas nada tienen que envidiar a las corruptelas de los populares. Si distintos cargos del PP contabilizan más de 200 causas abiertas con la justicia por corrupción o enriquecimiento ilícito, en el PSOE se cuentan más de 260.

Pero cuando los mandamases de la política burguesa se rasgan las vestiduras, hacen loas a la democracia y la transparencia y prometen medidas de “regeneración democrática”, es porque lo que se había naturalizado como un mecanismo básico de existencia ha estallado por los aires y ya no puede esconderse más ante la opinión pública.

En el sistema capitalista, la corrupción es una de las bases de su propia reproducción. Mientras los capitalistas obtienen legalmente inmensos beneficios a costa del trabajo ajeno, los cuales superan exorbitantemente los ingresos de cualquier trabajador, sus representantes políticos en los gobiernos de los Estados (a todos los niveles), son los encargados permanentemente de gobernar y legislar a favor de los negocios capitalistas. Y por ello, son generosamente retribuidos.

Por ello es imposible terminar con la corrupción en los marcos del propio sistema capitalista. No importan cuantas campañas, leyes, organismos de control y declaraciones anticorrupción hagan los representantes de la casta política burguesa (o de los representantes de “la democracia” y “las reformas”). El mecanismo del soborno, la corruptela y los privilegios, son congénitos al funcionamiento del sistema. El caso de Rodrigo Rato es sólo una metáfora más del maridaje entre el capitalismo y la corrupción política.






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