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River campeón: la Supercopa se queda en Núñez

River, en su versión copera, venció al equipo de Barros Schelotto por 2 a 0 y gritó campeón. Pity Martínez y Nacho Scocco convirtieron frente a un Boca apático y carente de ideas.

Alfredo Blanco

@ablanco1985

Miércoles 14 de marzo | Edición del día

En un Estadio Mundialista colmado, Millonarios y Xeneizes jugaron el partido más esperado de los últimos tiempos, una final que por importancia estuvo a la altura de los cruces por Libertadores o Sudamericana. Y no es para menos: cuarenta mil personas fueron testigos de un duelo por el cual el ambiente futbolero esperó más de cuarenta años. Una verdadera fiesta deportiva en Mendoza.

Ni bien pasaron unos segundos de las nueve y diez, Patricio Loustau dio comienzo a un partido que fue dominado por Boca en los primeros minutos. Los de Barros Schelotto intentaron adueñarse de la posesión de la pelota, mientras enfrente tenían a su rival esperando en propio campo. Pablo Pérez, Nández y Pavón buscaron lastimar por los costados, ganando en varias oportunidades las espaldas de Gonzalo Montiel, pero se encontraron a un Franco Armani seguro cortando centros al ras y por arriba. El dominio Xeneize continuó con el correr de los segundos, pero disminuyendo en intensidad. Empezaron a emerger nuevos actores, como Edwin Cardona, que inquietó en varios pasajes a la defensa millonaria, aunque sin generar un peligro real.

River salía con pelotazos, buscando el pivoteo de los delanteros e intentando que corra la pelota con Nacho Fernández y Enzo Pérez. Llegando a los diecisiete minutos, Lucas Pratto recibió cerca de la medialuna y jugó con el ex Gimnasia a través de un cambio de frente que supo dominar contra la línea lateral y ante la marca de Jara lanzó la pelota para Pity Martínez, que devolvió nuevamente al número veintiséis y pisando el área chica de Rossi cayó luego de una falta cometida por Cardona. Penal para River y gol del ex Huracán, que definió con un zurdazo por lo bajo y a la derecha del arquero.

El tanto de Martínez puso nervioso al conjunto de La Boca, que empezó a buscar con pelotazos pero sin ideas. El partido, si bien estaba 1 a 0, seguía en paridad deportiva. River presionaba con mayor intensidad, pero al igual que su clásico rival, no lograba generar juego más allá de alguna aparición de Rodrigo Mora, de buen partido, e Ignacio Fernández. Al igual que en los primeros minutos, Cardona y Pavón siguieron intentando, pero no encontraban socios para lastimar. La primera etapa se diluía y el equipo de Gallardo se iba al vestuario con la mínima ventaja.

Si bien el conjunto de Núñez salió a jugar el segundo tiempo con mayor intensidad que el primero, Boca fue más peligroso con dos cabezazos de Nández y Pavón que Armani resolvió de manera sobresaliente. Comenzaba a emerger la figura del Arquero de River. El Xeneize, de a poco, empezó a jugar con más presencia en el área rival. Pablo Pérez y el volante uruguayo exigían con mayor asedio a Ponzio y los dos centrales. El equipo de Marcelo Gallardo no podía salir del acecho y mucho menos hacerse del balón.

Llegando a los veinticuatro minutos del complemento, Fabra y otra vez Nahitan Nández acrecentaron la figura de Armani, que sacando a relucir toda su jerarquía, evitó el empate de Boca mandando la pelota al córner. La preocupación aumentaba en el pueblo riverplatense, hasta que en la siguiente jugada, después de un rechazo post tiro de esquina, Nacho Fernández recorrió casi sesenta metros con el esférico y llegando a la medialuna del área grande lo soltó para el Pity Martínez, que enganchó frente a Magallán y desde la derecha, y con la zurda, jugó al medio para Nacho Scocco, que había ingresado por Pratto, y puso el 2 a 0 definitivo.

El segundo gol millonario fue demoledor. Boca profundizó su falta de ideas y la confusión y nerviosismo que esto generó, hizo que volvieran los pases intrascendentes, el desorden táctico y los centros que eran rechazados una y otra vez por Ponzio, Maidana y Pinola.

River, como en el 2014, 2015, 2016 y 2017, sacó a relucir su estirpe copera y dejó a su clásico rival con las ganas de gritar campeón. Fiesta millonaria en Mendoza y el puntapié inicial para demostrar un mejor rendimiento futbolístico en lo que queda del calendario.








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