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Río Negro y el colapso de un sistema de salud que agoniza hace décadas

Cada día se baten nuevos records en los números de contagiados y fallecidos por coronavirus en la provincia de Río Negro, desde el Gobierno insisten en la irresponsabilidad social pero en los hechos carece de una estrategia que permita frenar la propagación del virus. Las razones de un sistema de salud colapsado tienen profundas raíces y muchas complicidades.

Lunes 31 de agosto | 00:27

El sistema de salud de Río Negro se encuentra en una situación de colapso frente al aumento de los contagios por Covid-19 en algunas localidades de la provincia. En los medios regionales se leen los números cotidianos de una pandemia que se expande entre los trabajadores y desnuda en profundidad décadas de vaciamiento en el sistema público en virtud de fortalecer los negociados con el sector privado, principal destinatario de los recursos del Estado.

Una de las preguntas recurrentes que surgen ante el aumento de los casos de coronavirus en cada región, es si ¿estaba preparado el sistema de salud para hacer frente a la pandemia? la respuesta recurrente es: no. No lo estaba en marzo, por las razones que expondremos en las próximas líneas, ni ahora, cuando la crisis revela que lo hecho en los últimos 5 meses fue insuficiente. En todos los niveles de atención se ha hecho visible la política errática del Estado rionegrino, desde un control epidemiológico comunitario activo insuficiente hasta el déficit de estructura y personal en lo que respecta a las unidades de terapia intensiva. Los problemas se suman a medida que se propagan los focos de transmisión comunitaria.

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Salud en crisis desde hace décadas

El crítico momento que se vive en la salud rionegrina es consecuencia de años de desinversión y abandono por parte de los sucesivos gobiernos radicales y de Juntos Somos Río Negro. El crecimiento del sector privado, profundizó un negocio con la salud, que derivó la capacidad instalada de los hospitales a los sanatorios y clínicas que absorbieron las operaciones y los tratamientos complejos. La fragmentación del sistema de salud derivó en un sin fin de complicaciones que estallaron con la llegada de la pandemia. Desde la infraestructura al recurso humano, la transmisión al privado fue profunda y sostenida, llegando a no contar con profesionales en sectores que fueron transferidos por completo, como los estudios de alta complejidad o las operaciones complejas. Desde el ministerio de salud se informo el 23 de agosto que en la provincia las camas UTI en el sistema público se habían duplicado de 23 a 69 en cinco meses, pero no ocurrió lo mismo con el sistema privado que no sumó ninguna cama de cuidados intensivos, pero el sistema no son solo camas.

Estos datos revelan que se revirtió parcialmente en los últimos meses como consecuencia de la presión que imponía la difusión de la pandemia, pero ya demuestra su límite con el aumento de casos y su inevitable colapso, evidenciando cuales son los déficit en el sistema de salud de la provincia. Un primer indicador es el aumento de las derivaciones a la salud privada, que se financiaron desde el sector público. No es casual que el actual ministro de salud de Rio Negro, en el cargo desde el año 2014, es un licenciado en administración de empresas y ex gerente de una empresa privada de salud. Se ha institucionalizado un mecanismo de comercialización que cobro impulso en los años 90, con la desregulación y descentralización del sistema nacional de salud transfiriendo responsabilidades sin recursos a las provincias (y en otras regiones del país a los municipios), más de treinta años de saqueo, con el que se beneficiaron las prepagas, los prestadores privados concentrados, laboratorios y todo el entramado proveedor de insumos y aparatología médica. Además las obras sociales se transformaron en una fuente de recursos para ciertas dirigencias sindicales, renegando del principio de solidaridad.

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La complicidad de la burocracia en la entrega de la salud

Otro punto de inflexión fue la connivencia de las burocracias sindicales que se financiaron con el inequitativo sistema de obras sociales. Fondos de redistribución que nación transfiere gobierno tras gobierno con criterios políticos y no solidarios. Una financiación que compra silencios y omisiones en los convenios colectivos de trabajo profundizando el crecimiento de la precarización en el sistema de salud y dejando sin representación gremial a cientos y miles de trabajadores tanto en el sector público como en el privado.

En el caso de Río Negro esta relación entre burocracia sindical y Gobierno ha representado un virtual cogobierno. Esto se vio durante lustros con UPCN en los gobiernos radicales, en los cuales el sindicato llegó incluso a proveer funcionarios para cuadros medios de la función pública, propuestos en los ministerios directamente por las conducciones sindicales. Cuando pasado el tiempo el peso relativo de UPCN cayó con respecto a ATE, este sindicato abandonó toda postura reivindicativa y desde hace dos años tomó el lugar de soporte del gobierno que históricamente había mantenido su “rival” UPCN. Esto fue hasta el punto de participar activamente en la campaña electoral del actual Gobierno Provincial. Además, avalaron la tendencia de sustituir la cobertura de cargos y vacantes por la implementación de horas extras, algo que afecto profundamente a la calidad del servicio de salud, y sustituyó la lucha por aumentos salariales por la gestión de horas extras como forma de cubrir la pérdida de salario real a través de aumentar las horas de trabajo (autoexplotación y pasividad en lugar de lucha, algo funcional a las burocracias). La pandemia ha obligado al gobierno a cubrir una fracción de las vacantes largamente postergadas, aunque el balance con respecto a las necesidades reales sigue siendo negativo.

Ilustración: @mlalanda

Enfermeras y enfermeros, médicas y médicos, mucamos y mucamas, camilleros, choferes son la primera línea de la batalla contra el virus y son los que enfrentan día a día la precariedad de un sistema derruido que se mantiene en pie por la voluntad de sus trabajadores, son ellos los que saben de primera fuente la situación angustiante de salvar una vida en una unidad de terapia intensiva y necesitan una respuesta a sus esfuerzos. A la sobrecarga horaria ya referida se le suma que por cada trabajador de la salud contagiado, debe aislarse a toda la guardia con la que comparte sus tareas y ello lleva a mayores sobrecargas e incluso como ha ocurrido ya, el cierre de las guardias o de sanatorios completos.

Es preciso que se realicen más nombramientos de profesionales y debe de exigirse al Estado también el aumento de camas de forma inmediata ya que los servicios de UTI de Catriel, Villa Regina están funcionando a pleno de capacidad y en Cipolletti o General Roca ya supera el 90 %, teniendo en cuenta que hablamos de una capacidad de 14 camas publicas en Fiske Menuko. En tanto que todos los nosocomios que atienden casos de coronavirus ya funcionan sobre el 60 % de su capacidad.

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Sin brújula

Desde el Gobierno de Arabela Carreras de JSRN insisten en que ha realizado todo lo que tienen a su alcance e insisten en la irresponsabilidad social para la difusión de los contagios, pero nada hace para frenar las transmisiones que se están registrando en los lugares de trabajo, que está demostrando que la instauración de la nueva normalidad se hace a instancias de la precarización de la salud del pueblo trabajador.

Otra demostración de la falta de rumbo claro es salir a combatir el virus con las fuerzas represivas, lo que ha quedado en evidencia con el accionar de la Policía rionegrina en diferentes ciudades como Allen, Bariloche, Cipolletti donde se repiten los casos de abuso de autoridad bajo el argumento de controlar la reunión social. En esto acuerdan oposición y oficialismo, Arabela sale a apoyar el accionar de Policía y el Frente de Todos con María Emilia Soria pide más Gendarmería, desde ambos lados acuerdanen una formula represiva, con una agenda de pandemia que la marcan los comerciantes y empresarios con mano dura.

La falta de planificación evidencia el déficit de un control epidemiológico activo que permita proyectar una política de contención. Los testeos están por detrás de los necesarios dando una relación de 2 o 3 casos positivos cada 4 test realizados, lo que va muy a contramano con las cantidades que deberían de realizarse según la OMS, que promueve la realización de una cantidad de testeos que permita un numero viable de 1 positivo cada 10 test realizados, algo muy lejos de lo que por ejemplo ocurre en otras provincias, como Córdoba que ha realizado en diferentes etapas entre 10 y 15 testeos por cada positivo y en localidades en donde se han detectado brotes ha llegado a realizar 90 test por cada caso positivo. En Río Negro no se ha realizado como política de estado un plan de testeos que permita elaborar un mapa real de la evolución de los contagios aun conociendo cuales son las áreas más vulnerables.

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Solo con el cuidado personal no será posible frenar la transmisión del virus, hace falta una política seria del Estado para enfrentar la propagación, en la que se priorice la inversión en insumos, camas, equipamiento, y recurso humano para atender a los pacientes, en vez de derivarlos a sus hogares así sea mínimo su cuadro, ya que cada enfermo necesita de la atención de profesionales que controlen la evolución de sus salud. Profesionales médicos aseguran que es necesario un control epidemiológico activo que garantice la detección de focos de contagios masivos por medio de test focalizados en grupos vulnerables y no solo en pacientes sintomáticos.

Los protocolos de salud se propagan acorde a las necesidades de apertura de la económica y esto trae consigo la habilitación de cada vez más actividades, lo que potencia el riesgo de contagios. Es que un protocolo sin que se garantice su aplicación no es más que un papel firmado sin alcances, es preciso que se conformen comisiones de seguridad e higiene en las fábricas y lugares de trabajo en donde se pueda garantizar el cumplimiento de los protocolos de salud y la provisión de los elementos que permitan su implementación. Día a día se baten records de infectados y de fallecidos, solo la unificación en un solo sistema de salud que administre la salud pública y privada permitiría paliar la difícil situación de colapso y reorientaría la salud como una prioridad. Estamos sufriendo en la coyuntura, años de desinversión y despojo de la salud pública.







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