Sociedad

TRIBUNA ABIERTA

Río Negro: en Allen la planta de YPF es un vecino molesto y peligroso

Desde que la actividad hidrocarburífera se intensificó allá por el 2013 los conflictos con la población crecieron. Ruidos, emisiones, vibraciones, cortes de calles, derrames y explosiones. El fracking es el malo del vecindario: genera miedos, incertidumbres y enojos. Una planta gasífera es el nuevo tormento de pobladores que no encuentran respuestas.

Martín Álvarez Mullally**

Observatorio Petrolero Sur

Domingo 16 de febrero | 17:51

Planta Estación Fernández Oro 2003-2019. Colaboración Javier Grosso

Estación Fernández Oro (EFO) es la estrella no convencional en Río Negro. Con más de 160 pozos realizados en los últimos seis años, el área representa más del cincuenta por ciento del gas extraído en la provincia.

Este aumento acelerado también se traduce en infraestructura: en 2017 la planta de compresión y clasificación del área duplicó su capacidad de procesamiento para inyectar gas a los ductos Neuba I y II con destino a Buenos Aires. Esto significó también mayor ocupación territorial, nuevas baterías con ruidosos compresores, un mechero cuya llama ilumina una importante parte del valle.

Luis Ordóñez y Javier Uicich viven junto a sus familias a unos 150 metros de la pluma de venteo. Llegaron hace más de 10 años a la zona en búsqueda de mejorar su calidad de vida en un ambiente sano como lo eran las chacras. Desde que todo esto comenzó, Javier registra en video cada evento que ocurre en la planta. Son sus “pruebas”. Su esposa a veces lo regaña por el trabajo que esta tarea le lleva y los nulos resultados que hasta ahora han logrado.

El yacimiento es una vieja área gasífera que tuvo una explotación convencional modesta hasta la llegada del paquete tecnológico del fracking para explotar Vaca Muerta. Desde entonces, fue más sencillo alcanzar la formación de arenas compactas, Lajas y la escala de la explotación cambió: las torres de perforación se transformaron en parte de un paisaje que, hasta entonces, era reconocido por su actividad frutícola.

En 2014 la recientemente expropiada YPF compró los activos que la compañía estadounidense Apache tenía en Argentina: entre otros explotaba la EFO cuya extensión coincide con la de los municipios de Allen y parte de Fernández Oro, en el Alto Valle del río Negro. Los vecinos indican que fue con ese cambio de titularidad que comenzaron a aumentar los ruidos, los olores y las molestias.

Allen pasó de ser la capital nacional de la pera (y un gran productor de manzanas) a pelear al décimo lugar como productora de gas a nivel nacional. Asimismo, es la séptima en importancia de extracción no convencional y la cuarta si solo se cuentan las explotaciones de tight (EJES, 2019).

“Desde el 2016 que estamos hablando con la gente de YPF y no hemos logrado nada”, señala Javier Uicich mientras dibuja una línea de tiempo imaginaria con su índice sobre la mesa.

También hablaron con miembros de la Defensoría del Pueblo de Río Negro y con el anterior secretario de Energía, Sebastián Caldiero, pero nunca obtuvieron una respuesta satisfactoria. “Con el cambio de gestión, las nuevas autoridades tampoco nos han dado soluciones”, asegura. Ordoñez también suma su enojo: “Hemos tratado de ir a diferentes entes para ver si nos escuchaban y nos ayudaban a hacer que YPF nos escuchara en todo lo que nos estaba afectando pero no hemos logrado ningún resultado, hay un Estado totalmente ausente”.

Mientras medios de comunicación y funcionarios debaten si es posible la “convivencia” entre la población, la producción frutícola y la actividad petrolera con fracking, los hechos se suceden. Los accidentes traen mucho estrés, nunca se sabe cuándo puede ocurrir algo más grave.

Pasa con pobladores de distintos barrios que se ven obligados a convivir con pozos y, en este caso, también con quienes están en cercanías a la planta de la EFO. “A veces te despertás a la madrugada con un ruido tremendo, tiembla todo, los perros aúllan, los chicos desesperados y llorando. Hay vecinos que han cargado a sus hijos en el auto y han salido porque no se sabe si la planta va a explotar o no”, comenta Javier.

La enorme llama tira humo negro y cuando la presión es fuerte una parte del gas sale sin quemar. A veces hay un fuerte hedor penetrante. Los comunicados de la empresa YPF, por su parte, se refieren a situaciones normales, sin daños a la población ni al ambiente. “Ellos llaman shot down o descompensación de la planta, pero para nosotros es un descontrol de planta. Entra en un descontrol, por eso sucede lo que sucede, a veces no arranca el tren de compresores y eso hace que tengan que ventear automáticamente, de lo contrario se produciría una explosión”, explica Luis.

El Concerned Health Professionals of New York, organización de científicas/os que estudia los impactos del fracking en Estados Unidos advierte sobre los riesgos de estas situaciones: “Las emisiones de los quemadores contribuyen a la generación de ozono e incluyen varios cancerígenos, en particular el benceno y el formaldehído. El quemado también libera monóxido de carbono, hollín y metales pesados tóxicos” (2019).

“No avisan cuando pasa algo y cuando se les consulta, la respuesta que ellos dan es que hubo un parate en la planta, pero la sensación que te da es que ellos mismo no tienen ni idea que es lo que está pasando. Cada vez que tienen algún escape tan abrupto de gas que terminan largando sin quemar y mandan corriendo a un operario que cierre manualmente la llave de los distintos pozos”, relata Javier la relación con YPF.

Están cansados de esa situación y quieren que se revierta para vivir tranquilos. “YPF quiere venderte que es una actividad muy segura y no contaminante, pero es completamente insegura y altamente contaminante. Una llama que larga humo negro constantemente está contaminando. Hay que agregar la contaminación sonora, cuando la planta tiene ‘descompensaciones’, como ellos dicen, han estado más de una hora largando con ese nivel de presión al aire sin llama, o con una llama muy grande”, cuenta Uicich.

Ni la empresa, ni Defensa Civil ha trabajado con la población un plan de contingencia socializado. “Nos han dicho que nos iban a avisar ante cualquier inconveniente y al final somos nosotros los que les avisamos cuando hay un problema. Es el reino del revés, les avisamos, les mandamos fotos y videos y les preguntamos si tenemos que evacuar o no”. Ante sus llamados, las autoridades les responden minimizando la situación: “Hubo una descompensación, vamos a averiguar las causas, estamos trabajando”.

Ordoñez cuenta que “ya en el 2016 la empresa sabía que era imposible la convivencia entre nosotros y la actividad petrolera, por todo lo que iba a ocurrir en el medio, apertura y roturas de calle, colocación de nuevos caños, incorporación de nuevos pozos, el crecimiento de la planta, el agregado de nuevos compresores por la cantidad de fluido que ingresaba a la planta, o sea todo eso íbamos a tener que soportar. La empresa nos dice va a ser imposible la ‘convivencia”.

Algo muy distinto ocurre con la dirigencia política provincial. Tanto el ex gobernador y actual senador Alberto Weretilneck, el ex senador Miguel Pichetto, el ex secretario de Fruticultura Alberto Diomedi han expresado que la convivencia entre fracking, fruticultura y población es posible. “Eso puede decirlo alguien que no vive en el lugar, que no conoce lo que pasamos quienes sí vivimos acá”, señala Luis.

Planta EFO, Allen , Río Negro. Foto, Pablo Piovano

Javier considera que YPF los maltrata. “La empresa no tiene ningún tipo de contemplación con los vecinos. Hacen todo sin consultar, ellos decidieron cerrar una calle por más de un año y medio, fueron intimados por el Municipio para que la abrieran, hicieron caso omiso a todas las intimaciones y la Municipalidad dejó de intimarlos. Solamente abrieron la calle después de una nota periodística que hacía mención a todo lo que vivían los vecinos por culpa de ese corte. Ellos no te consultan, no te avisan, son amos y señores, hacen lo que quieren, dicen qué se hace y qué no, qué está bien y qué está mal”.

Los vecinos no se oponen a la necesidad energética que tiene el país, pero entienden que este es un gran negocio en el que pierden quienes viven en territorio. “Nosotros solo nos quedamos con lo residual, con lo que es la afectación sonora, ambiental, los malestares. todo eso queda para nosotros, los beneficios son para quienes ya sabemos”, dice Ordóñez que además subraya que no solo padece la población: “Han aparecido animales muertos, murciélagos, pájaros, durante años venía una bandada de cotorras que ya no vienen más y desaparecieron las ranas, ya no hay más ranas, antes eran miles”.

Los vecinos enviaron informes de ruidos molestos que vienen registrando con un sonómetro en el celular y cuyos resultados son superiores a 80 decibeles -que es como tener un tren circulando de manera permanente en cercanías de sus casas.

Cuentan que YPF contrató un empresa para medir ruidos pero las mediciones las hicieron cuando la planta estaba parada. ”A veces uno siente que le están tomando el pelo”, dice Javier. “Con estas actitudes te das cuenta que ellos no tienen la voluntad de mejorar, su único objetivo es justificarse, cuidarse las espaldas. Piensan, no importa si contamino, no importa si hago las cosas bien, lo único que tengo que asegurarme es que vos no puedas reclamar nada”.

Artículo publicado orignalmente en OPSUR







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