Géneros y Sexualidades

CIUDAD DE BUENOS AIRES

Río Cabaña: la trata de mujeres que escondía la lujosa confitería del barrio Palermo

Considerado como una confitería “coqueta”, ubicada en pleno barrio porteño de Palermo, Río Cabaña era un prostíbulo VIP ubicado sobre la avenida Córdoba, llegando a la esquina Serrano. Allí, detrás de esa construcción lujosa, funcionaba una red de trata de mujeres para la explotación sexual.

Lunes 2 de septiembre | 14:58

En 2014, cuando se realizaron los allanamientos, 17 mujeres fueron encontradas en situación de trata. Los fiscales que más tarde intervinieron en el caso señalaron sin embargo que en las planillas secuestradas durante el procedimiento accedieron a otra información: al menos 57 mujeres habían estado en ese lugar entre enero y febrero de 2013.

“Había un nivel de captación y rotación muy importante”, señaló el fiscal Colombo en sus alegatos, que llegaron en junio de este año, en el marco del juicio que comenzó en el mes de marzo.

A cargo del Tribunal Oral Federal N°4, ese juicio determinó este jueves 29 de agosto que las cinco personas imputadas y detenidas en 2018, por estos hechos, debían ser condenadas por el delito de trata de personas con fines de explotación sexual.

Horacio Alejandro Saran y Graciela Tomasi -la pareja dueña del local- recibieron ocho años y medio de prisión. Los encargados del local, Gerardo Alberto Ketterer, y Silvio Ángel Tomasi, 8 años. Juan Carlos Milla, otro de los encargados fue condenado a 3 años de prisión en suspenso, y ordenaron su inmediata libertad.

La reparación económica a cada una de las víctimas, el decomiso del local y de un garage, y de un millón de dólares en efectivo que los dueños depositaron en una cuenta en Suiza, también fueron parte de las desiciones que tomó el tribunal en este fallo que cuenta con pocos precedentes. Además, a excepción de Milla, a quien se adjudica un rol menor, todos deberán pagar una multa de 125 mil pesos y, además, la suma de 3 millones 800 mil pesos por daños y perjuicios para las víctimas.

En sus alegatos, los fiscales Marcelo Colombo y Alejandra Mángano pidieron para los acusados penas de hasta 17 años de prisión, y solicitaron también, como medida reparatoria, que un extracto de la sentencia fuera publicado en el diario Clarín, ya que los avisos de oferta laboral engañosa, que posibilitaron la captación de las víctimas, fueron publicados en ese mismo medio. El Tribunal, sin embargo, rechazó este pedido.

Aunque se desconoce desde cuándo funcionaba, el bar donde las mujeres eran sometidas a la explotación sexual se fue convirtiendo en un lugar exclusivo: “Veinte años de trayectoria al servicio de empresarios, ejecutivos y hombres de negocios”, señalaba hasta no hace mucho tiempo su página web.

Según la periodista Ani Cabral, especializada en el tema de trata de personas, la “confitería” contaba con estacionamiento propio, tres plantas y "una disposición laberíntica: existía un pasaje secreto entre el estacionamiento y el prostíbulo, un bar con una barra extendida, un salón, con baños para mujeres y hombres y en el medio una puerta camuflada con espejos vidriados a la que solamente se accedía a través de un botón automático que se encontraba debajo de la barra del lugar. Una vez que se abría había una escalera que conducía a otro cuarto donde las mujeres se cambiaban y donde los dueños tenían sus oficinas con cajas fuertes. El día del allanamiento, una vez que se localizó este acceso, fueron encontradas tres víctimas más que estaban allí encerradas".

Se trataba de “un prostíbulo con cama afuera”, señaló el fiscal Colombo en sus alegatos, en junio. Según advirtió, había un “arreglo” con un hotel llamado Rampa Car, ubicado a pocas cuadras de Río Cabaña.

El gran diario argentino, haciendo escuela de la opresión

Como destaca Cabral, durante la investigación, "se pudo establecer que muchas de las mujeres llegaron a Río Cabaña a través de avisos publicados en el diario Clarín".

Desde los Equipos técnicos del Programa Nacional de Rescate y Acompañamiento a personas damnificadas por el delito de Trata, su coordinadora Daniela Gasparini destacó también que "para la captación, esta red se aprovechó de la situación de vulnerabilidad en la que se encontraban las mujeres. No fue por la fuerza, ni a través de la coerción física sino ganándose su voluntad. ¿Cómo? Invitándolas a trabajar. Sabiendo que había una población vulnerable que podía estar leyendo el diario o entrando a una página de internet para buscar trabajo", denunció.

"Había dos tipos de avisos: uno que buscaba ’señoritas para presencias en boliches’ y otro que solicitaba ’camareras para un bar’. En las publicaciones a través de la web aparecían los datos y un nombre de fantasía del tratante", agrega Cabral, y destaca que "otra forma de captación que utilizó la red fue a través de alguna amiga, prima o conocida que les ofrecía trabajo".

De acuerdo a la investigación, muchas de las víctimas, en su jóvenes e inmigrantes de países vecinos, contaron que tenían hijos a cargo. “Esta es la búsqueda que hacen los tratantes. Son este tipo de características con las que espera encontrarse y las encuentra rápido porque hay mucha necesidad, pobreza, madres solteras que son el único sostén familiar, víctimas de violencias previas que necesitan dinero”, agrega Gasparini, citada por Cabrera.

El desmantelamiento de las redes de trata de personas, en general, y en particular cuando se orienta a la explotación sexual, uno de los "negocios" ilegales mas redituables del mundo, es una tarea urgente. Para eso, atacar los fuertes lazos de encubrimiento e impunidad, que garantizan con su participación activa y/o su encubrimiento los agentes de seguridad, los funcionarios y políticos de turno, sin los cuales sería imposible que funcione la trata de mujeres, es por eso, también, de primer orden.







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