La Caja Roja

HUMOR GRÁFICO - EDITORIAL

Rey mío

Iara Rueda

La Caja Roja

Sábado 9 de julio de 2016 | 00:00

Imagen: Iara Rueda - Texto: Chiqui Nardone

¡Rey, Rey emérito, Rey Mío, Rey!

Mauricio Macri flexiona sus piernas, se arrodilla, sus rodillas tocan el suelo, sus labios sienten la viscosidad de las botas eméritas, botas madres , un beso de bienvenida para romper el protocolo. Y el presidente mantiene un diálogo con Juan Carlos I : Rey, Rey de siempre, Rey Patrio, bienvenido, es un honor, una inmensa alegría recibirlo. Escúchame Juan, la otra vez te lo mandé a Prat Gay para que te pida disculpas por lo de Repsol, pudiste darte cuenta la claridad en sus disculpas, uno puede ser claro en muchas cosas pero pedirle perdón a la madre patria exige máxima claridad. Quería invitarlo, y le pido perdón por haberlo tuteado, Rey, Rey Cazador, Rey mío, a presenciar los doscientos perdones que le serán ofrendados. Este, es el primero, el mío, quiero que se sienta en casa, lo llevaremos de caza para disculparnos, lo invitaremos a que redescubra a los indios, o a los pueblos originarios como ellos insisten en llamarse. El rey sonríe, la idea de cazar lo pone de buen humor, ir a visitar a los conquistados con unas botas relucientes lo envalentonan. Mauricio frota y frota hasta dejarlas brillantes, le pregunta al monarca si le permite atarle a la argentina los cordones de las botas. Acá querido Rey, Rey eterno, apretamos bien fuerte, casi hasta sofocar, apretamos a los trabajadores hasta exprimirlos para sacarles jugo y exportarlo a la madre patria, Jugo Semi-colonial mi querido Rey, quiero que sienta la seguridad jurídica en sus pies. El monarca observa a Mauricio, puede ver su cuello al descubierto mientras limpia su calzado, recuerda que los ñandúes tienen cuellos largos e inmediatamente en su ilusión se imagina en el medio de la selva, en el impenetrable chaqueño que ni sabe que existe, galopando un ñandú, un ñandú amarillo, dócil, obediente, que colabora en una nueva conquista pero la ilusión no es tan potente, será su avanzada edad, la podredumbre de su monarquía hace borrosa su visión, está galopando a Macri en el medio de la selva pero no tiene un rifle en la mano, no hay nadie que los defienda ante esa inmensidad. Está descalzo, podrido por dentro con un Macri-ñandú que se disculpa sin cesar. La visión termina y Juan Carlos sólo escucha: Perdón mi Rey, Rey mío, Rey de la selva, vayamos al acto de la Independencia, sus botas ya están listas.






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