Cultura

RESEÑA

“Revolución y contrarrevolución. La República y la Guerra civil española”, de Antonio Liz

Tras haber leído –y disfrutado– la obra de Antonio Liz “Revolución y Contrarrevolución” no puedo sino recomendar encarecidamente su lectura.

Viernes 2 de junio | Edición del día

En mi opinión, nos encontramos ante una obra histórica de madurez que, desvela, con absoluta nitidez y eficacia, los fundamentos del periodo histórico que transcurre desde la proclamación de la II República hasta el final de la Guerra Civil.

Como el propio autor confiesa, el libro ha sido escrito en un intervalo de tan solo dos años. Sin embargo, por detrás, existe un tiempo mucho mayor de lecturas y relecturas, visionado de documentales, reflexiones, debates… un trabajo tan intenso y de tantas horas que ha hecho de nuestro autor un gran conocedor de su objeto de estudio. Y es precisamente este conocimiento profundo –unido a su capacidad de comunicación y a su pluma certera- lo que le permite llegar a la esencia del mismo logrando transmitirla a los lectores y lectoras con gran sencillez, claridad y concisión.

Otro aspecto a favor de la consecución de este objetivo, es, en mi opinión, la perspectiva marxista de nuestro autor: el análisis de los hechos históricos desde el paradigma de la lucha de clases (algo tan real como tan negado en estos tiempos). Si Antonio lleva a cabo una explicación tan acertada es, en gran medida, porque lo hace desde el conflicto central de toda sociedad humana; tal y como ocurre con todos los grandes historiadores marxistas, autores de los mejores libros de historia que existen en el mundo, Liz, claramente, pertenece a esa tradición y con este libro la honra y la enriquece.

Pero lo que hace de esta obra una lectura fundamental es su capacidad para discernir lo que es esencial de lo que no lo es, para separar el grano de la paja, como dirían coloquialmente nuestras abuelas. De forma que, en un volumen de apenas 280 páginas, nuestro autor es capaz de transmitirnos las claves de un proceso histórico endiabladamente complejo.

“Si un clavo aparece en un cuento el protagonista ha de acabar colgado de él”, nos dice Anton Chejov al referirse al arte del relato breve. Y creo que lo mismo podría decirse de esta obra, aunque estemos ante un género tan diferente como es el ensayo histórico: todo tiene un sentido y nada sobra; todo cumple una función dentro del ecosistema del libro y nada es clasificable como “relleno” o “paja”.

Excelente también, sin lugar a dudas, la selección de las fuentes primarias: muchas de ellas pertenecientes a discursos y artículos de la época, que retratan perfectamente a los protagonistas de los hechos históricos. De forma que podemos hacernos una idea muy clara de quienes eran realmente Largo Caballero o Gil Robles, simplemente con la selección que ha hecho nuestro autor de las palabras que pronunciaron durante aquellos tiempos tan turbulentos como interesantes.
Un libro que se centra en el movimiento obrero y en su pelea secular por conseguir una sociedad más justa. Continúa pues esa tradición de historia de la clase trabajadora y, en muchos casos, nos desvela hechos muy poco conocidos a los que la mayoría de los historiadores no dan la importancia que merecen: como las huelgas en la Compañía Telefónica a principios de los años 30, por poner un ejemplo; o la brutal represión de las luchas obreras también durante el bienio progresista (tal vez por la idealización, por parte de la izquierda de este país, de la II República en general y de este periodo en particular).

Sin embargo, esta obra va mucho más allá de la mera transmisión de conocimiento intelectual: con su estilo ágil, cálido y directo, nos absorbe y engancha cual si de una novela se tratase, y logra nuestra profunda identificación con ese gran personaje colectivo que es la clase obrera española, tanto con sus hombres como con sus mujeres, pues el autor no obvia la perspectiva de género. Y, aunque conozcamos de antemano su dramático final –como en el caso de la novela de García Márquez “Crónica de una muerte anunciada”- nos morimos por saber –y sobre todo por comprender– cuáles fueron las circunstancias históricas que hasta él le llevaron.

En definitiva, un libro con el que, tras concluir su última página, tenemos la sensación haber entendido claramente la revolución española, al tiempo que se avivan nuestras ganas de seguir profundizando en la historia del movimiento obrero.

Aprovechando que se cumplen 100 años de la Revolución Rusa, ¿qué tal otro libro de Antonio Liz sobre este apasionante tema?








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