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Revolución cubana: el fracaso de la huelga general del 9 de abril de 1958

El 9 de abril de 1958 el Movimiento 26 de Julio llevará a cabo una huelga general en Cuba con el objetivo de forzar el derrocamiento de Fulgencio Batista. Mal preparada, la huelga es derrotada e indicará el inicio de la contraofensiva militar de la dictadura sobre la Sierra Maestra.

Lunes 9 de abril | 10:50

El 10 de marzo de 1952, Batista encabeza un golpe de Estado preventivo que lo lleva al poder alentado por el imperialismo yanqui. El “hombre fuerte” de Cuba realiza el llamado “madrugazo” para impedir el seguro triunfo en las elecciones de ese año de Roberto Agramonte, candidato del Partido del Pueblo (Ortodoxo). El dictador contaba con el apoyo firme del Ejército y la complicidad de la burguesía que, sin embargo, no se alineaba con el nuevo gobierno aunque no hicieran nada para enfrentarlo.

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El Partido Socialista Popular (antiguo Partido Comunista de Cuba) y con influencia en el movimiento obrero, tiene una posición de seguidismo de la oposición burguesa. Con el transcurso del tiempo confluyeron en el proceso contra la dictadura diversas formas de lucha: tanto la del campesinado de la Sierra Maestra, como de la pequeño burguesía urbana y la clase obrera. También se manifestó en forma temprana el pase a la oposición de sectores de la burguesía no azucarera. Esta confluencia de fuerzas sociales fue restando base al régimen de Batista.

La base del descontento popular radicaba en la particular situación económica del país. En la segunda postguerra la demanda de azúcar cubano en el mercado externo comenzó a decrecer. Esto trajo la reducción de los tiempos en la zafra y el desempleo masivo en el campo y en la industria, a su vez imposibilitó al país la adquisición de artículos básicos de consumo principalmente del mercado yanqui. La crisis económica será el telón de fondo de todo el período de la dictadura de Batista.

La primera oposición a la dictadura es encabezada por el movimiento estudiantil que es violentamente reprimido. Por su parte el movimiento obrero es dirigido por la burocracia gangsteril de Eusebio Mujal, que venía de apoyar al gobierno anterior, y está subordinado al gobierno de Batista. A partir de 1955, la clase obrera azuzada por la crisis azucarera, será uno de los protagonistas centrales en la lucha contra la dictadura.

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En 1955 los trabajadores del azúcar en la ciudad de Santiago, Camagüey y Las Villas llevaron adelante una violenta huelga iniciando la lucha proletaria y de los obreros agrícolas contra la dictadura. En efecto lo que había comenzado como una huelga por una demanda salarial, pronto se convirtió en un movimiento radicalizado que aglutinó a los trabajadores industriales de los ingenios con los desocupados de la zafra y los estudiantes en las ciudades. En medio de una de las tantas crisis azucareras, Batista no podía permitir la paralización de la rama industrial ya que atentaba contra los negocios de la gran burguesía y el imperialismo. De ahí, la respuesta del régimen: la represión.

Otro hito que demuestra el papel de la clase obrera se expresó en la huelga general de 1957 cuyo epicentro fue la ciudad de Santiago, tras el asesinato del popular dirigente urbano del M 26 Frank País. El alto grado de espontaneismo y combatividad de las masas fue respondido con la militarización de la ciudad y una brutal represión. Según relata Ernesto “Che” Guevara, esta huelga “… sirvió para que nos diésemos cuenta que era necesario incorporar a la lucha por la liberación de Cuba al factor social de los trabajadores, inmediatamente comenzaron las labores clandestinas en los centros obreros para preparar una huelga general que ayudara al Ejército Rebelde a conquistar el poder”.

La huelga del 9 de abril

En 1958 el Ejército Rebelde había consolidado sus posiciones en la Sierra Maestra y las tropas de Batista establecieron una tregua de hecho con la guerrilla. En febrero de 1958 comenzó a transmitir "Radio Rebelde", que permitió a los combatientes de la Sierra difundir ampliamente entre la población sus posiciones y sus consignas. Dos nuevas columnas rebeldes comandadas por Raúl Castro y Juan Almeida Bosque, comenzaron a operar en la Sierra Cristal y los alrededores de Santiago, respectivamente.

En marzo de 1958 a instancias de “el llano”, el sector urbano del M26, comienza a gestarse la idea de preparar una huelga general insurreccional para derrocar a Batista. Fidel Castro y los guerrilleros de la Sierra consideraban que no estaban dadas las condiciones para el movimiento huelguístico que planteaba “el llano” del M26.

La estrategia fijada establecía la realización de una huelga general en todo el país, acompañada por acciones armadas. Las objeciones de la Sierra pasaban por considerar precipitado convocar a una huelga, sin el apoyo armado necesario. El 12 de marzo Fidel Castro lanzó un manifiesto al pueblo para convocarlo a la huelga general: “(…) Reunida en el campamento de la Columna No. 1, Comandancia General de las Fuerzas Rebeldes, la Dirección Nacional del Movimiento 26 de Julio acordó por unanimidad lo siguiente:

1ro.-Considerar que por el resquebrajamiento visible de la Dictadura, la maduración de la conciencia nacional, y la participación beligerante de todos los sectores sociales, políticos, culturales y religiosos del país, la lucha contra Batista ha entrado en su fase final.

2do.-Que la estrategia del golpe decisivo se basa en la Huelga General Revolucionaria secundada por la Acción Armada.

3ro.-Que la acción revolucionaria debe irse intensificando progresivamente a partir de este instante hasta desembocar en la huelga que será ordenada en el momento culminante. (…)"

La organización del M26 en el movimiento obrero era el FON (Frente Obrero Nacional), que era minoritario entre los trabajadores. Fue la encargada de convocar a la huelga, mientras que la Federación de Estudiantes Universitarios debía hacer lo mismo entre los estudiantes.

El PSP (Partido Socialista Popular), que tenía una mayor influencia entre los trabajadores, no fue convocado a ser parte de la organización de la huelga y tampoco estaba muy interesado en impulsar la misma. La política de los estalinistas cubanos se centraba en convencer al M26 y el Ejército Rebelde de garantizar la unidad opositora con los dirigentes burgueses del partido auténtico.

La convocatoria a la huelga era en gran medida artificial y externa a la propia organización y lucha de los trabajadores, y era concebida más como el producto de las acciones militares de la guerrilla y el sabotaje. El extremo de esta situación se manifestaba en que la fecha del movimiento era secreta para los propios trabajadores, y no fue preparada recurriendo a la agitación previa y al debate sobre su necesidad entre los centros de trabajo.

La huelga comenzó en La Habana con la ocupación de las estaciones de radio y el llamamiento desde ellas a la huelga general. En Santiago, Camaguey, Pinar del Río y Cienfuegos la huelga logró ser exitosa, pero en La Habana fracasó el intento de hacer parar el transporte y la durísima represión fue desatada. Esto dictaminó el fracaso de la huelga general. Además el movimiento fue boicoteado abiertamente por el PSP y sectores del propio “llano” del M26 que privilegiaban la consolidación de una alianza con la burguesía.

Como resultado del fracaso de la huelga, Batista lanzó una contraofensiva sobre la Sierra Maestra que resultará en el último intento de la dictadura por quebrar al Ejército Rebelde. Los bombardeos criminales contra la población civil y las torturas a los campesinos permitieron a los guerrilleros ampliar su base en el campesinado y resistir con éxito los embates. A fines de 1958, las columnas del Ejército Rebelde dirigidas por el Che Guevara y Camilo Cienfuegos propinan una fuerte derrota al ejército batistiano en el combate de Santa Clara, lo que aceleraría su descomposición.

Un sector del generalato que buscaba un acuerdo con los rebeldes intentó una última maniobra desesperada: dar una salida a la crisis por medio de una junta militar.

La maniobra militar, apoyada por la oposición burguesa, es desarmada por la huelga general de cinco días protagonizada por las grandes masas de trabajadores de la capital cubana, permitiendo la entrada del Ejército Rebelde a La Habana y la posterior instauración del gobierno provisional de Manuel Urrutia.

Fidel Castro, a los pocos meses, tuvo que reconocer el papel clave jugado por la clase obrera en ese momento: “Afirmarlo con toda la autoridad que nos da el haber sido actores en aquellas horas decisivas: fue la huelga general la que destruyó la última maniobra de los enemigos del pueblo; fue la huelga general la que nos entregó las fortalezas de la capital de la república; y fue la huelga general la que dio todo el poder a la revolución”.







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