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PSOE - PSC

Reunión de la Gestora y dirigentes del PSC con el espanto

Año nuevo, todo sigue igual entre el PSOE y el PSC. Buscan poner paños fríos a la disputa y encontrar un punto de acuerdo que convenza a ambas formaciones.

Guillermo Ferrari

Barcelona | @LLegui1968

Viernes 6 de enero | 19:49

FOTO: EFE/Juan Carlos Hidalgo

La crisis entre el PSC y el PSOE se arrastra desde hace ya varios años. Podríamos decir que es una crisis que se arrastra larvada desde su nacimiento y que con el Estatut de Catalunya de 2006 tuvo una etapa convulsa. Esa etapa se cerró echando al sector catalanista que quería ejercer el derecho a decidir y neutralizando a la parte que se quedó.

Sin embargo, las relaciones PSOE-PSC han estallado nuevamente con la lucha de liderazgo por Ferraz. El PSC se alineó con el sector que perdió, con Pedro Sánchez. Miquel Iceta trata de buscar un lugar para la “rosa catalana” entre el fenómeno independentista y la aparición de los Comunes.

Precisamente, por ello sus diputados fueron parte de los “díscolos” con la Gestora y votaron contra la investidura de Rajoy. Es ésta última herida la que tratan de “curar” ambas partes. El último congreso del PSC allanó el camino quitando la mal llamada “vía canadiense” para resolver el conflicto entre el Estado y Catalunya. La dirección del PSC comenzó a entonar el “mea culpa”… y arrodillarse.

El problema es que en Catalunya la crisis ha provocado cambios importantes en la opinión pública. No sirve repetir gestos de otrora. Ese cambio pilló a la dirección del socialismo catalán a contrapié y al PSOE acentuando su perfil “centralista” como para ganar votos por derecha, ya que por izquierda se le hacía imposible.

El centro político cambió de lugar

Durante las primeras décadas de ésta democracia para ricos el poder político catalán se lo han repartido Convergencia i Unió junto con el PSC. Por un lado la “antigua” federación que formaban Convergència i Unió dirigieron la Generalitat con los 23 años del exHonorable Jordi Pujol. Por el otro, el Partit dels Socialistes de Catalunya, quien fuera amo y señor de Barcelona y todo el “cinturón rojo”.

Ambas fuerzas políticas se dedicaron a fomentar el autogobierno en el marco del desarrollo de las Comunidades Autónomas, es decir, del famoso “café para todos”. Este marco junto con la ampliación de competencias sirvió para favorecer los negocios de las empresas catalanas saqueando un creciente presupuesto público tanto en la Comunidad, como en los ayuntamientos.

Sin embargo, la crisis exacerbada que hizo superar el 20% del paro en el Principado durante varios años y la oposición del Gobierno central, llevaron a que amplias franjas de la población salieran a la calle reclamando el derecho a decidir y de ellos un importante sector pedía (y pide) la independencia.

Cuestión que provocó cambios traumáticos como la ruptura de Convergència con Unió, la transformación de Convergència en soberanista (en el discurso), la desaparición de Unió y Durán i Lleida, la completa transformación de la izquierda catalana con la marginalidad del PSC, la unión de ICV, EUiA, Podem y el grupo de Colau. Todo un cambio en la opinión política social.

Ante ésta situación, los socialistas catalanes presentaron una iniciativa al Parlament catalán para iniciar un diálogo con el Gobierno Central que permita convocar una consulta catalana que permita decidir sobre su propio futuro. Esta iniciativa fue votada por CiU, ERC e ICV que junto al PSC sumaron el 77% de los escaños.

Desde ese momento el PSC se sumo a las directivas de Ferraz y alejándose cada vez más del nuevo centro político catalán. Actualmente es la tercera fuerza a nivel catalán y en el consistorio barcelonés ha pasado a ser la quinta.

El nuevo centro político actualmente es ocupado por los Comunes que navegan por las “peligrosas” aguas que hay entra la independencia y el referéndum pactado con el Estado español. Como el Referéndum lo plantean exclusivamente a la decisión del Gobierno español, con ésta propuesta dormirá el sueño de los justos. Será así hasta que las masas laboriosas les hagan despertar y les hagan pagar por el tiempo perdido.

Les une el espanto

De todas formas, la realidad del PSOE es que no puede prescindir de más fuerza política, ni tampoco de abrir una reflexión sobre si están de acuerdo o no en la unidad de España. Para ello nada mejor que hablar de Federalismo. Es un remedio infalible para que nada cambie, aunque no creo que sea útil para reconquistar el espacio perdido ante Podemos.

El PSC también corre un gran riesgo ante la ruptura. Ha expulsado su ala soberanista y la ruptura con el PSOE seguramente le hará perder base en el cinturón rojo y les dejará a ambos, camino a la desaparición. Años de corrupción, de responsabilidades compartidas y ajustes son una mochila pesada. ¡¡¡Mejor un salvavidas de plomo!!!

Como diría Borges “no nos une el amor, sino el espanto”. Será por eso que se quieren tanto (y se odian). La familia socialista se la está jugando en ésta y otras lides su derecho a ser (a seguir siendo).






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