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DILMA ROUSSEFF EN ARGENTINA

¿Resistir? ¿Resistir?: Dilma Rousseff y el 1° de Mayo en Argentina

La expresidenta brasileña, destituida en 2016, pasó el 1° de mayo en Argentina. Se reunió con la expresidenta Cristina Kirchner, estuvo en la feria del libro y participó de un acto en la CGT. Al referirse a Lula, afirmó: “Será elegido presidente en las próximas elecciones brasileñas "libre o preso". La retórica antigolpista y la apuesta a las elecciones presidenciales de octubre.

Miércoles 2 de mayo | Edición del día

La expresidenta de Brasil Dilma Rousseff, destituida por un Golpe de Estado en 2016, pasó el 1° de mayo en Argentina, donde participó en varios actos en Buenos Aires. En ellos, denunció la encarcelación del exmandatario brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, y aseguró que será elegido presidente en las próximas elecciones brasileñas "libre o preso". Además declaró que teme por su vida. También se reunió con la expresidenta, Cristina Fernandez de Kirchner, luego de lo cual publicó en la red social twitter: "Hablamos de los ataques a la democracia en Brasil y Argentina y la persecución de los gobiernos populares y el liderazgo de nuestros países, incluida la prisión arbitraria de Lula. Seguimos fuertes y resistentes”.

La exmandataria presentó en la Feria del Libro que se realiza en Buenos Aires "La verdad vencerá", una obra escrita por el propio expresidente Luiz Inácio Lula da Silva (2003-2010), al que la Justicia impide competir por estar cumpliendo condena en unas elecciones en las que aparece como favorito en todas las encuestas.

Rousseff estuvo acompañada del expresidente colombiano Ernesto Samper (1994-1998), quien declaró que "detrás del tema de Lula hay una persecución hemisférica de las fuerzas progresistas de América Latina", y del exalcalde de Ciudad de México Cuauhtémoc Cárdenas, que definió la destitución de Rousseff como "el golpe del proyecto hegemónico de despojo a nuestros pueblos y de la corrupción legislativa", que se prolonga con la prisión "sin causa y arbitraria" de Lula.

Rousseff sostuvo que Lula ya no es solo "una persona física, es una idea", y que "se ha convertido en un símbolo de Brasil, de las oportunidades para que el pueblo pueda crecer". En el acto, en el que no cesó de corearse "Lula Libre", la expresidenta mostró su preocupación por la estadía en prisión de Lula: "Temo por la vida de Lula, temo por la comida que ingiere y el agua que toma, temo porque impidieron que lo visite un médico". No es un dato menor que Rousseff haya venido a Argentina a poco de ser encarcelado Lula, ya que es una oportunidad de cuestionar al presidente Mauricio Macri, quien fue el primero en festejar el golpe y reconocer al corrupto Temer.

Rousseff observó que Lula se imponía en cualquier encuesta y aseveró que el producto del golpe ha sido "el sentimiento del odio, la extrema derecha y la división del país". En este contexto, Lula es "la única persona en Brasil que está en condiciones de construir puentes, de impedir que el odio se convierta en violencia", un clima que opinó que se vive actualmente en el país, y puso como ejemplo el asesinato de la militante del PSOL Marielle Franco, que tiene "contenido político".

Para Dilma Rousseff, destituida por el parlamento brasileño, en su país "es un crimen colocar a los pobres en el centro" del programa político, que molestó porque "antes los recursos económicos estaban extremadamente concentrados".

La expresidenta brasileña también se refirió a la "desastrosa" decisión de algunos países de abandonar la Unasur, en clara referencia al gobierno argentino de Mauricio Macri, un "atraso absurdo" y criticó que "esto no pasa en otras regiones del mundo".

Otro de los puntos que censuró fue la militarización de las favelas: "El crimen organizado no está en los barrios populares", dijo, y argumentó que estos "no tienen sistema financiero para lavar dinero, no tienen estructura para comercializar armas ni para traficar droga en grandes volúmenes", aunque, paradójicamente, el PT llenó de policías los barrios más pobres de Brasil con la excusa de la lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado.

Es más, el fortalecimiento de la derecha brasileña tiene sus raíces en la propia política de alianzas del PT, que puso al golpista Temer en la vicepresidencia de Dilma. Además, Dilma había puesto en marcha un ajuste contra los trabajadores.

En el acto de la Feria del Libro también estuvieron presentes el Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel, quien aseguró que Brasil "hoy no tiene libertad", porque se han "atacado, perseguido y asesinado" a miembros de la oposición, y la presidenta de las Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, quien habló de Lula y Rousseff como sus "queridos amigos", y destacó que las Abuelas "veneramos a Brasil porque fue el primer país latinoamericano que nos abrió los brazos en épocas muy peligrosas".

Luego, Rousseff se dirigió a la Confederación General del Trabajo (CGT) que organizó un acto junto a la expresidenta por el Día internacional de los Trabajadores.
Más allá de la retórica combativa de Dilma Rousseff contra el golpe del que fue blanco, y a pesar de ser dirigente del PT, que dirige la central sindical más grande de Latinoamérica, la CUT, su partido insiste en poner todas las fichas en las elecciones de octubre, y no hacer nada serio con la fuerza de la gigante clase obrera brasileña para sacar al golpista Temer y hacer retroceder sus reformas antiobreras. Nada diferente a la ¿estrategia? Del peronismo argentino que enuncia demasiado la lucha contra el ajuste de Macri, pero que tampoco se juega a ganar las calles y apuesta a las elecciones del 2019.








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