Géneros y Sexualidades

A 43 AÑOS DEL GOLPE

Resistencias (de las) obreras a la dictadura militar

Algunos ejemplos de organización y lucha de mujeres en las acciones que se desarrollaron desde 1976 para enfrentar la política de ajuste y represión del gobierno militar.

Lunes 25 de marzo | 09:23

En la huelga general de 1975, conocida como Rodrigazo, las mujeres fueron protagonistas, así como en la gran mayoría de los procesos de lucha de toda la década. Las jornadas de junio y julio de 1975 involucraron a millones de trabajadores y trabajadoras contra el plan económico de Celestino Rodrigo, ministro de Isabel Perón y las mujeres fueron partícipes especiales tanto en las fábricas, como en los barrios y en las calles. Tenían sus propias demandas: igual salario por igual tarea, mejores categorías para las obreras, guarderías en todas las empresas o el pago a cargo de la empresa, la anulación del decreto que prohibía el uso de anticonceptivos, entre otras.

De esta manera, masivamente, desafiaban los mandatos de la época, que ubicaban a las mujeres en un único rol posible: el de ser madres y amas de casa. Muchas habían tenido que salir a trabajar y ya había ramas que se consideraban mayormente femeninas, como la textil, la alimentación, telefónicas y servicios. Por eso, la participación gremial de las mujeres crecía. Integraban, junto a sus compañeros, las coordinadoras fabriles que se organizaron entre 19 74 y 1975 y muchas eran delegadas. Pero no solo participaban en la organización sindical, sino que también eran militantes políticas y dirigentes en sus organizaciones.

No quedan dudas de que el golpe de 1976 en Argentina fue durísimo para el movimiento obrero y el pueblo pobre, responsable del asesinato y desaparición de más de 30.000 personas, de los cuáles el 65% pertenecían a la clase obrera. Pero, la experiencia que habían desarrollado los trabajadores y trabajadoras durante todo el período previo, se retomó lentamente desafiando el terror, la desaparición, la tortura y la represión, los procesos de organización en los lugares de trabajo fueron tomando nuevas formas. Y las mujeres trabajadoras no se quedaron atrás.

Resistencias obreras

Un año después del golpe, Rodolfo Walsh denunciaba, en su famosa Carta abierta de un escritor a la Junta militar, que “en un año han reducido ustedes el salario real de los trabajadores al 40%, disminuido su participación en el ingreso nacional al 30%, elevado de 6 a 18 horas la jornada de labor que necesita un obrero para pagar la canasta familiar, resucitando así formas de trabajo forzado que no persisten ni en los últimos reductos coloniales” y que “en este primer año de gobierno el consumo de alimentos ha disminuido el 40%, el de ropa más del 50%, el de medicinas ha desaparecido prácticamente en las capas populares. Ya hay zonas del Gran Buenos Aires donde la mortalidad infantil supera el 30%, cifra que nos iguala con Rhodesia, Dahomey o las Guayanas".

Ya en 1977 el periodista militante que fue asesinado por la dictadura apenas se dio a conocer esta carta, demostraba cuáles eran las consecuencias del plan económico de los militares. Buscaban imponer lo que no había logrado llevar adelante el gobierno de Perón, continuado por Isabel y López Rega. La enorme lucha obrera y popular que significó el Rodrigazo había marcado el límite a los planes de hambre: con una huelga general política, la primera contra un gobierno peronista, se había logrado la caída de Celestino Rodrigo, ministro de economía, y de López Rega. Esa experiencia de lucha y organización, que se venía fogueando desde el Cordobazo de 1969, estaba desbordando al peronismo y a las dirigencias sindicales. La clase obrera se radicalizaba en acciones de masas, no estaba dispuesta a entregar sus conquistas y una vanguardia se planteaba la perspectiva de la revolución. Había que cortar esta experiencia de raíz.

El golpe y la brutal represión de la dictadura asestó una dura derrota contra la vanguardia obrera y popular, sin embargo, poco se conoce que desde los primeros meses del 1976 se organizó una resistencia obrera contra la política económica de Martínez de Hoz y Cía. Como dice el historiador Pablo Pozzi en su libro Oposición obrera a la dictadura: “la resistencia de los obreros representaba en efecto un desafío implícito a ciertos aspectos fundamentales de la organización de la producción capitalista; particularmente en lo que se refiere a la necesidad de readecuar el aparato económico a la concentración y la competencia internacional a través del aumento de la tasa de explotación”.

En los primeros años de la dictadura, se desarrollaron luchas que se ajustaban a una correlación de fuerzas desfavorable y a la represión salvaje: “trabajo a tristeza”, “trabajo a reglamento”, quite de colaboración y sabotaje. Pozzi lo registra en su libro, anteriormente citado: “En octubre de 1977 ocurrió una oleada de huelgas al margen de las direcciones sindicales que resultaron en la renuncia del Ministro de Planeamiento (…) Un año más tarde la revista Mercado registraba 1.300 conflictos y medidas de fuerza durante el mes de octubre de 1978 en la provincia de Buenos Aires solamente (…)”.

Más adelante, el enfrentamiento fue ganando más peso y “durante los primeros diez meses de 1979 los cálculos basados en medidas de fuerza reportadas en la prensa (…) dejaban un saldo de más de 500.000 días/hombre de paros. Es así como se dio la Jornada Nacional de Protesta, llamada por un sector de la burocracia sindical el 27 de abril de 1979 (…) En 1980 se continuó con la toma de fábricas (…), con paros coordinando la comunidad con los obreros, coordinadoras gremiales clandestinas (…) y movilizaciones (…) A esto se agregó el “paro sorpresivo” cuyas características eran: corta duración, total sorpresa, niveles de organización muy altos que permiten conseguir desde la base altos niveles de efectividad (…)” (Pozzi, Oposición obrera a la dictadura).

Y así hasta la huelga general de 1981 y las movilizaciones que se extienden a otros sectores populares, hasta desembocar el 30 de marzo de 1982 en una masiva movilización que fue salvajemente reprimida. Y lo que sigue, quizás sea historia más conocida.

¿Y las mujeres?

Las consecuencias del plan de hambre de la dictadura tenían mayor impacto sobre la vida de las mujeres. Un documento interno del Partido Socialista de los Trabajadores (PST) con fecha junio 1979 explica cómo afectaba el plan de Martínez de Hoz sobre las mujeres “a) necesidad de trabajar de forma permanente, no ya como “ayuda” al hombre sino como necesidad insoslayable para que sobreviva la familia, con sus consiguientes secuelas: a) mayor explotación de la mujer en su doble tarea mujer trabajadora- ama de casa, b) graves problemas por la falta de guarderías (…)”.
Más adelante, en ese mismo documento, se explica cómo esta nueva realidad estaba impactando en los conflictos obreros que se desarrollaban por aquellos años. Sin dudas, una de las demandas más sentidas era la de tener jardines maternales, guarderías se llamaba en la época, en los lugares de trabajo.

Esto ya se había expresado en las luchas contra el plan Rodrigo. En un ejemplar de junio del periódico del PST, Avanzada Socialista, se puede leer: “Las mujeres socialistas queremos transmitir nuestro saludo más caluroso y solidario a las miles de mujeres argentinas que se han puesto en pie de lucha en defensa de sus intereses como trabajadoras (…)”. En ese mismo periódico se expresan las demandas centrales de las mujeres en aquel proceso: “Guarderías hasta la edad escolar (…) Exijamos que se nos pague igual que a los hombres (…) Debe ser derogado el decreto que prohíbe el uso de anticonceptivos”.

Aquel documento del PST de junio de 1979 también destacaba el rol de vanguardia que jugaron las mujeres en los movimientos democráticos; revindicaban “los movimientos de madres de presos y desaparecidos “, aún sin saber la importancia que iba a tener la lucha de las madres y las abuelas hasta nuestro días.

En resistencia

En el año 1979 se desarrollaron miles de conflictos a lo largo del país. Las reivindicaciones más sentidas estaban relacionadas sobre todo con la exigencia de aumento de salarios (la inflación era casi del 400%) y de libertad sindical. También enfrentaban la represión, exigían la liberación de los detenidos-desaparecidos, en muchos casos, hasta consiguieron evitar detenciones.

La huelga de Swift de ese año fue muy especial porque el 8 de noviembre se tomó el establecimiento exigiendo salarios dignos y se convirtió en una lucha contra la privatización e intento de cierre del frigorífico, que además desarrolló la coordinación de los trabajadores con toda la comunidad de Berisso. La huelga duró 32 días, entre los meses de noviembre y diciembre, y fue la primera huelga prolongada que se realizó bajo la dictadura militar; el heroísmo de los trabajadores y las trabajadoras y el pueblo de Berisso y la región le dieron un duro golpe a la empresa y al gobierno dictatorial y aunque la huelga fue derrotada, mostró el camino para luchar bajo las condiciones de represión que imponía la dictadura.

La fábrica tenía larga tradición de lucha y en esas experiencias se habían fogueado las mujeres, quienes representaban una amplia mayoría en el gremio.
También en diciembre de 1979 se publica “Amiga bancaria” un boletín impulsado por trabajadoras del PST y mujeres que participaban de la sub- comisión femenina del gremio de los bancarios, que había surgido a raíz de actividades deportivas que se organizaban entre las y los trabajadores para confraternizar y dar pasos en la organización.

En ese boletín planteaban “Queremos la unidad y la confraternidad de la mujer bancaria, queremos partir desde la mujer y llegar a todos los bancarios, nuestro fin es la gran amistad de la familia bancaria”. Y se proponía organizar a todas las mujeres del gremio, usando como excusa actividades sociales y deportivas que le permitieran generar lazos y espacios de participación propios para las mujeres, quienes se contaban en un porcentaje muy grande en esta rama laboral.

Al mismo tiempo, en otro boletín dirigido a los bancarios y bancarias, se dedican algunas páginas a destacar esta actividad de la sub- comisión femenina y ponen énfasis la necesidad de luchar por mejores guarderías “la asociación bancaria debe conservar la guardería infantil tratando de mejorarla y ampliarla (…) los padres (mamá y papá) debemos participar en los problemas de conducción porque es nuestra guardería (…)”.

En ese mismo material explican a las trabajadoras sus derechos adquiridos: el “día femenino” (derecho a faltar un día al mes sin necesidad de presentar certificación médica y con goce integro de haberes). Denuncian que los bancos no cumplían con ese derecho del que las mujeres podían hacer uso por ley.

Respecto a este trabajo político de reorganización y resistencia obrera bajo la dictadura, el PST prestaba especial atención a las mujeres trabajadoras. Consideraba que podían jugar un rol de vanguardia en la resistencia de la clase trabajadora a los planes de la dictadura.

En otro documento interno del PST de diciembre de 1979 se puede leer “las mujeres forman parte del proceso general de comienzo de ascenso y tendencia al agrupamiento de toda la clase; que desde su mayor atraso sindical y político esto tendía a expresarse fundamentalmente a través de actividades mínimas como las deportivas y culturales, aunque ya venía cumpliendo un rol de vanguardia en la lucha democrática (Madres) y luego en conflictos como Textil Oeste, Alpargatas, Swift”.

Miles de ejemplos históricos han mostrado que ante las situaciones más difíciles las mujeres supieron ser vanguardia en enfrentar los ataques, las represiones, la tortura, los ajustes, el hambre.

Las experiencias de resistencia a la última dictadura militar son un ejemplo de cómo, incluso en uno de los peores momentos para la clase trabajadora y para aquellos y aquellas que seguían adelante con su militancia revolucionaria en la clandestinidad, se puede resistir y trabajar por reorganizarse y mantener los lazos de unidad entre la clase. Estas experiencias significaron un duro golpe al régimen militar, que por supuesto, la historia oficial siempre quiso ocultar, así como se suele “omitir” la participación femenina en importantes procesos de lucha y organización a lo largo de la historia.

Contar esta historia es un homenaje a todas aquellas que fueron parte del ascenso obrero y popular desde el Cordobazo a la dictadura y que se animaron a desafiar todas las reglas imperantes; a aquellas que enfrentaron la represión y el terror; y a aquellas a quienes asesinaron y a las que, aún hoy, siguen desaparecidas.

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