La Caja Roja

Relatos sobre seres increíbles

Martes 24 de mayo de 2016 | 14:31

Esclavos del reloj

Pensar en un tiempo sin horas me abstrae el pensamiento. Lleva mis ideas a entender porqué existen las horas, los minutos, los segundos.
Resulta absurda la idea, sabiendo que el día y la noche están determinados por los astros.
Debido al maldito reloj, corremos para llegar a tiempo, a ese tiempo establecido, nos apuramos esclavizados por él, sin darnos cuenta que pasan desapercibidos infinitos instantes que son únicos y no los podremos volver a apreciar.
¿Alguna vez detuviste tu marcha para observar el cielo?
¿Te paraste descalzo en la tierra para sentir su textura, su humedad?
¿Entonces el reloj lo inventamos para caminar como robots desalmados?
Intenta un día vivir sin la hora, libérate de las rutinas que nacen de su esencia.
Intenta percibir las señales de la naturaleza, de la que tú mismo eres parte, aunque a veces no tengas conciencia de ello. Ama, ríe y camina, y si te sientes desorbitado, mide tu propio tiempo, escuchando a menudo el sonido de tu corazón.
Silvina Marnati

La madre

Sus manos desgastadas dejan ver el esfuerzo en sus tareas. El esfuerzo que nace del deseo de complacer a su descendencia y sentirse feliz de esa forma.
Muchas veces ha dejado de lado su imagen y hasta sus principios, ha tenido ganas de gritar y las ha sofocado.
Ha querido correr mil veces, pero pensar en su recompensa hace que frene su andar.
Cansada siempre regala una sonrisa. Intenta no repetir lo que ha considerado erróneo a lo largo de su vida. Encuentra las palabras necesarias para enseñar, aunque a veces falla.
Su oficio es el que no se remunera con capital, ese oficio se paga con un futuro de felicidad que ella ansía.
Se levanta mil veces si es necesario. Se reconstruye y se renueva. Sus manos dejan ver la ternura más innata, la dulzura en todo su esplendor.
La madre es todo esto y tanto más, ha convertido su dolor en alegría y su llanto en sonrisa.
Silvina Marnati

La madre está inspirado en una obra literaria de Máximo Gorky, al que una vez mi abuelo me recomendó para leer…Pertenece al ciclo de Relatos sobre seres increíbles.

Relato de un escritor

Un día tomé un lápiz y comencé a escribir. No sabía acerca de qué pero en un instante mi mente se abrió como un portal a un mundo increíble.
Sentí que a través de las palabras podía hacer inmortales una serie de hechos que una vez me habían narrado.
En varias ocasiones me terminé confundiendo la realidad con la ficción, la que yo misma había creado. Conocí a personas que se convirtieron en protagonistas de mis cuentos, me enamoré locamente de una de ellas. Dormí bajo la Luna azul y caminé sobre los verdes pastos de una pradera. Me vestí de reina, de princesa y de tirana. Viví la vida de un mendigo, de un hombre y hasta de una rata. Reencarné mil veces.
Hoy vivo de una manera diferente, créanme. Mi vida se ha convertido en una historia a la que muchos otros que tengan la suerte de experimentar el divino placer de escribir, quisieran llevar a la ficción.

Silvina Marnati

De Relatos sobre seres increíbles.
Dedicado a Amadeo, quien vio en mis ojos de niña el deseo de convertirme en escritora.

Subsistir por el instinto

La noche se acerca, yo la espero ansiosa, expectante, insistente…
Me preparo para salir a la superficie, desolada y sucia con los vestigios de la vida que se ha manifestado allí… y salgo, no me queda otra opción, es el precio de vivir dentro de una sociedad en la que paso desapercibida, en la que camino entre miles de pies apurados y casi ninguno se detiene a mi paso…
Salgo y miro a mi alrededor, la noche se lleva a muchos a sus cuevas, otros, taciturnos merodean las calles y de esos otros algunos sí detienen su mirada en mí…pero ahora no temo, camino rápido, no puedo evitar provocar un sonido que nace de mi naturaleza. Camino en busca de subsistencia para mí, para los míos…lo hago por mucho tiempo, precavida, me refugio, me camuflo…me alimento con los restos que otros han dejado sin pensar, en su puta rutina, en su afán de correr contra el tiempo, apurados y nerviosos, perdiendo la capacidad de asombro, la capacidad misma de observar.
Autómatas inconcientes manejados por unos hilos al que algunos llaman sistema.
Llevo el sustento miserable a mi cueva, y ahí espero la noche siguiente para salir a la superficie, nuevamente, a roer, pasando inadvertida frente a los ojos del mundo…
Yo, La Rata.
Silvina Marnati

De Relatos sobre seres increíbles.
Dedicado a Pablo. Se basa en una vivencia que él me transmitió una noche de verano.

Viejo y vagabundo

Gira como la Tierra misma, conoce una a una las esquinas de los barrios cercanos.
Ha recorrido la ciudad de noche y de día, buscando un lugar que ni siquiera él conoce; buscando una caricia cálida, una palabra sonora o tal vez un nombre.
Su sombra refleja un cuerpo, un cuerpo delgado, producto de un alma poco sensible que lo dejó a la deriva. Alma perteneciente a otro grupo de animales dominantes que los han tomado como inferiores, domesticándolos, dejándolos abandonados. Ese abandono es producto de la miseria que los invade, en una sociedad devastada, donde las vidas tienen el mismo valor que las muertes…y sigue caminado, busca algo para comer y lo consigue…
Con su gran simpatía se aproxima a esos seres superiores y les suplica el alimento. Sus ojos transmiten cierta tristeza y ternura encerradas. Una cuota de desesperación, mezclada con ciento de historias que le han ido ocurriendo.
Su marcha no se detiene. Miles de soles u lunas, miles de lluvias y vientos… Su cuerpo conoce uno a uno esos estímulos naturales, los ha padecido, los ha sufrido y los ha disfrutado.

Relatos: Silvina Marnati
Ilustraciones: Nat Ilustrada








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