Política

ANÁLISIS/OPINIÓN

Reforma previsional: lunes de furia, ajuste y represión

Un Congreso militarizado por segunda vez y una nueva represión brutal. Una masiva convocatoria ocultada por los medios y el oficialismo. Una (contra) reforma que nace ampliamente deslegitimada.

Eduardo Castilla

@castillaeduardo

Martes 19 de diciembre de 2017 | Edición del día

Eran poco más de las 13.30 cuando un mail de la Presidencia de la Nación llegó a la casilla de este cronista. La imagen adjunta mostraba el rostro adusto de María Eugenia Vidal. La mujer que siempre sonríe no lo hacía. Los motivos sobraban.

A esa hora decenas de miles de personas se movilizaban por la Ciudad de Buenos Aires rechazando la reaccionaria reforma previsional. Allí marchaban, destacados, miles de docentes agrupados en los Suteba. Por otro lado, de los 23 gobernadores que habían firmado el Pacto fiscal, solo 11 estaban presentes en la reunión que debía servir como espaldarazo al acuerdo que se llevaría al recinto.

Si Vidal no sonreía, tampoco lo hacía Rosana Bertone, gobernadora de Tierra del Fuego quien, a pesar de haber apoyado la reaccionaria reforma contra los jubilados, sigue siendo una de las autoridades del peronismo.

Precisamente de ese espacio político surgieron ayer los apoyos que el oficialismo de Cambiemos necesitó para avanzar en la medida. En la foto también estaba Pablo Kosiner, el diputado salteño que llegando las 19 hs, defendería enfáticamente haberse sentado para garantizar el quórum como “oposición responsable”.

Se puede conceder eso. Fueron y son los responsables de esquilmar los ingresos de millones de personas que perciben la AUH, pensiones jubilaciones.

Ocultamiento

Pasadas las 14 hs, una enorme concentración se extendía desde las inmediaciones del Congreso hasta la Avenida 9 de Julio. Docentes, estatales, trabajadores del sector privado, estudiantes, jóvenes, familias y, por supuesto, jubilados y jubiladas. Contra ellos se desataría la represión de la Policía de la Ciudad.

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La concentración fue claramente ocultada por el gobierno y los grandes medios de comunicación. El objetivo permanente de la corporación mediática fue registrar los “incidentes”, intentado borrar a los miles que habían llegado desde la Capital y desde ciudades de la Provincia. Como denunció el Frente de Izquierda, hubo amendrentamiento desde temprano, deteniendo colectivos que venían desde localidades como La Plata y Morón.

Las imágenes de la brutalidad policial dejaron registro en muchas lentes y retinas. Desde la joven que fue aplastada por una camioneta hasta el vehículo de la Policía de la Ciudad que directamente atropelló a un jubilado. Los golpes en rostros y cabezas así como las balas de goma fueron una constante. Los heridos se contaron por decenas. Al finalizar la jornada, por lo menos dos personas habían perdido un ojo por la represión.

En ese contexto, los grandes medios de comunicación volvieron a ser un aliado de hierro del oficialismo para borrar a la multitudinaria manifestación. Puede decirse que La Izquierda Diario estuvo entre los pocos medios que mostraron la amplitud de la misma.

A esa voluntad de lucha, que también se vio en los jóvenes que enfrentaron la represión, le faltó la fuerza necesaria como resultado de una nueva capitulación de la conducción burocrática de los sindicatos.

La CGT, mostrando su completo desprecio por millones de jubilados, jugó a las escondidas con el llamado a un paro nacional. Recién cuando se acercaba el mediodía del lunes, anunció una medida tardía y confusa que se fue deshilachando con el correr del día. Por la tarde, la UTA, uno de los gremios más afines a la rosca con el oficialismo, anunciaba que levantaba el paro del transporte que iba a correr desde las 00 hs.

Si Cambiemos necesitaba otro favor de esa conducción burocrática, lo halló en la jornada de ayer. A eso le sumaron, como no podía ser de otra manera, ataques contra la izquierda. Cartón lleno, decían hace tiempo.

Clima “destituyente”

El oficialismo, con la ayuda de la corpo mediática, jugó políticamente a denunciar un “clima de destitución”. En el recinto, Elisa Carrió llegó –absurdamente- a hablar de “golpe de Estado”. En ese marco, se desplegó un clima de demonización de los manifestantes e incluso un ataque contra la izquierda.

La realidad, mirada desde una óptica realista, es muy distinta. Por segunda vez en una semana, el Congreso de la Nación -al que suelen llamar “la casa del pueblo”- amaneció militarizado. Por segunda vez también, miles de personas fueron reprimidas e impedidas de manifestarse.

El gobierno volvió a desplegar el discurso contra “los violentos”, demostrando que lo suyo no es la originalidad. Una vez más, el cinismo oficial es más resistente que el titanio. Se trata de la gestión responsable de las muertes de Santiago Maldonado y Rafal Nahuel. Se trata, recordemos, de la que habilitó un discurso negacionista sobre el genocidio que, por ejemplo, terminó en el 2 x 1 de la Corte en el caso Muiña. La “violencia” de los represores molesta bastante menos en las usinas oficiales. No debería sorprender. A la cabeza del Estado se halla el integrante de un grupo empresario que multiplicó por 7 el número de sus empresas en la dictadura.

Triunfo y costos

El oficialismo decidió imprimir un ritmo acelerado al ataque que implicaba la reforma previsional, adelantando el tratamiento la semana pasada, infringiendo el reglamento interno de la Cámara Baja. Esa sesión naufragó en el marco del enorme descontento social que se expresó en las calles. Este lunes, ese rechazo se vio en la importante convocatoria en las cercanías al Congreso.

En ese marco, fracasaron todos los intentos del gobierno de construir una opinión pública favorable a la modificación de la movilidad jubilatoria. Sus argumentos fueron derrotados en cada debate que tuvo lugar. El viernes, en Canal 9, el diputado del PTS-FIT, Nicolás del Caño, demolió al macrista Daniel Lipovetzky. Uno de muchos ejemplos.

Cada encuesta dio cuenta de ese enorme rechazo. Ayer, sin que eso tuviera implicación alguna, la CGT deslizó la idea de una consulta popular. Como no podía ser de otra manera, Cambiemos en la sesión se pronunció en contra. Confirmación de que el proyecto no podía ser puesto a consideración de la sociedad, ni siquiera de esa limitada forma.

La “democracia” de Cambiemos no incluye al “demos”. Éste no se puede manifestar sin ser reprimido ni tiene derecho alguno a opinar.

A fuerza de represión y militarización del Congreso, el oficialismo pudo lograr pasar parte de su plan de “reformismo permanente”. Lo hizo con el aval explícito de parte del peronismo y de la CGT, que comulga en el mismo movimiento político.

Sin embargo, el gobierno pagó un costo político muy alto. Como señalamos hace pocas horas, la decisión de impulsar este ataque con represión incluida implicó un choque abierto con parte no menor de su base social. Millones de votantes PRO se encontraron, se golpe y sin aviso, frente a una gestión que atacaba a los más débiles de la sociedad en aras de una cerrar una negociación fiscal en el terreno federal.

En el Congreso aún se discutía en maratónica sesión cuando los cacerolazos brotaron en la Ciudad de Buenos Aires. Fueron múltiples y, en muchos casos, llegaron hasta el Congreso. Cerca de la 1 de la madrugada miles de personas pululaban en las orillas del vallado policial. La bronca contra la represión que garantizó el ajuste volvió a hacerse sentir.

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Si algo le faltaba a la jornada para tener cierto aroma al 2001, eso era el ruido de las cacerolas. Y se escuchó.







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