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Reforma laboral: semana de rosca con los derechos obreros

Triaca “aprieta” con los plazos. La CGT no aprieta y sigue “rechazando con conversación”. Semana de pasillos, tubazos y rosca, se descartan asambleas. El sindicalismo combativo exige paro y prepara movilización.

Lunes 13 de noviembre | Edición del día

Arrancó la semana y el debate sobre la contrarreforma macrista sumó un nuevo capítulo. Llamarlo round sería darle una belicosidad de la que hoy carece.

Triaca primerió con una apurada y un consenso dudoso. "El proyecto tiene que ir lo antes posible al Congreso y la fecha límite es el lunes 20" (El Cronista), porque además "tiene amplio consenso tanto en el sector empresario como en el sector trabajador".

La CGT respondió, olvidando hasta las enseñanzas de Vandor. En vez de ir a la negociación al menos amenazando golpear, Acuña dijo que “si el Gobierno decide avanzar con esta estrategia de mandar la reforma sin acordar con nosotros, vamos a ir a hablar con los legisladores antes de cualquier paro”.

Pero no nos perdamos en los dardos mediáticos. Los dos hablan más por sus preocupaciones que por sus seguridades.

El gobierno sabe que su declaración de guerra ya genera malestar e inquietud entre miles y miles de trabajadores, que obligó a muchos dirigentes y seccionales sindicales a pronunciarse. Además, sabe que no cuenta hoy con la fuerza política ni parlamentaria para imponerlo en los plazos que quiere.

Las cúpulas sindicales quieren negociar algunos puntos, pero saben que si le ponen gancho tal como viene la reforma sus rostros pasarán a la galería de los traidores más grandes de la clase obrera.

¿Podrán resolver esas contradicciones en “la semana clave”? ¿Cómo seguirá la rosca con los derechos obreros?

Semana de pasillos y despachos

La “semana para seducir a la CGT”, como definió Ámbito Financiero, incluirá una reunión de la mesa chica de la central con el mismo Jorge Triaca. Según pudo saber La Izquierda Diario, está prevista para este martes pero los mismos protagonistas se verán antes en la Conferencia sobre la Erradicación del Trabajo Infantil de la Rural – toda una paradoja – y allí podrían postergarla para ganar tiempo.

Lo que no está en duda es el temario. El gobierno arrancó la semana defendiendo el proyecto completo, un ataque en regla a decenas de derechos y conquistas obreras. Pero quienes tienen acceso a los despachos ministeriales reconocen que “están dispuestos a bajar algunos puntos, otros los mantendrán a toda costa”. Entre los primeros estaría la definición del concepto de "trabajo" como una relación desigual así como algunas modificaciones, no totales, en las propuestas de "banco de horas" y cálculo indemnizatorio. Entre los últimos, insiste en afectar la “irrenunciabilidad” a derechos conquistados, incluir nuevas categorías monotributistas y liberar la tercerización. Muchos de esos puntos son “vitales” para luego continuar con nuevas reformas por sector.

Desde la CGT, según visitantes de los despachos de Azopardo, “hay puntos que no quieren ceder, como el del concepto de trabajo, las nuevas categorías laborales y otros puntos que justamente hoy están en el plan del gobierno”.

Las pasantías, sepa la juventud, ya están abrochadas con moño y todo.

Todos discuten lo mismo: ¿cuánto puede negociar la CGT sin profundizar su crisis, interna y con las bases? ¿Cuánto está dispuesto a negociar el gobierno para no afectar el programa empresario de “bajar los costos laborales”?

Esos mismos conocedores de los despachos cegetistas y ministeriales no arriesgan una definición. “La CGT puede intentar edulcorarla, pero aceptarla así sería un costo político muy alto”. “Hoy el acuerdo está difícil, además abriría una crisis en la CGT”. No descartan otra posibilidad: “que acuerden algunos puntos y siga el debate en el Senado”.

Allí los derechos obreros tendrán como abogado a Miguel Angel Pichetto, negociador por el peronismo de la reforma menemista de 1997. Una garantía el compañero. Otros esperan el ingreso de Cristina Kirchner al Senado, aunque sus referentes políticos y sindicales no se han destacado en la resistencia al ajuste ni han impulsado una respuesta inmediata a la contrarreforma. Y están los que van por el camino de “involucrar al Papa en la negociación por la reforma laboral” (La Nación).

La CTA, la Corriente Federal y el Moyanismo han criticado duramente el proyecto, pero al día de hoy observan las negociaciones sin convocar a ninguna medida.

Una negociación a la baja y con las manos atadas

Entre tantos cálculos y especulaciones, uno puede perder de vista lo que está en juego. La rosca de ministros y sindicalistas por la “reforma laboral” no puede ser otra cosa que una negociación a la baja. Todo un anticipo de lo busca la contrarreforma.

Entonces analizamos cuánto puede ceder la CGT y cuánto puede ceder el Gobierno, cuánto entregan unos y cuánto dejan de exigir los otros, pero en realidad estamos hablando todo el tiempo de la pérdida de más (o menos) derechos y conquistas obreras.

Y se trata de una “negociación”, encima, atada de manos. Porque la propuesta es confiar en sus pasos: primero conversar en el Ministerio, después conversar en el Senado, al final conversar en el Consejo Directivo si hacemos algo.

La semana pasada, se realizó otra clase de reunión en la carpa de los obreros de PepsiCo, donde participaron referentes del sindicalismo combativo y la izquierda. Allí se criticó duramente el proyecto de reforma, y se llamó a enfrentarlo. En primer lugar, exigiendo a la CGT que rompa el pacto con el Gobierno y convoque a asambleas y un plan de lucha serio. Pero además, llamando a todos los sectores que lo critican y quieran enfrentarlo a debatir y movilizarse en los próximos días.

Sin dudas, las próximas serán “semanas claves” para el futuro de la clase obrera.








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