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DESDE DENTRO DE LA FÁBRICA

Reflexiones de un obrero de Sidor

Crónica de un trabajador de la siderúrgica Sidor, la más grande de Venezuela.

Sábado 14 de mayo de 2016 | Edición del día

Pasearse actualmente por las instalaciones de Sidor, la Siderúrgica más grande de Venezuela, es como encontrarse con una gran ciudad abandonada por el tiempo, dejándola en ruinas, desolada con la tristeza dejada en sus trabajadores, sus máquinas apagadas, dejando un silencio funeral, sus hornos fríos.

El histórico Portón 3, escenario de los grandes debates obreros siderúrgicos y cuartel proletario donde se han planificado las grandes luchas libradas por este gran movimiento de trabajadores, punta de lanza del proletariado venezolano, que le ha marcado en muchas ocasiones la pauta a las luchas por las más sentidas reivindicaciones económicas y de libertades democráticas de los otros sectores del país, hasta poner en guardia al estado burgués y sus diferentes gobiernos de varias tendencias representando a las clases dominantes, luce desolado.

Con 24 años de fábrica que tengo en esta empresa siderúrgica, hoy veo a Sidor abandonada, con el mínimo de autobuses de su gran flota del transporte y los pocos trabajadores que asisten a la planta, con escepticismo, desesperanza sobre el futuro de sus vidas por el estado en que ha llegado el gigante complejo siderúrgico.

En este sentido, sin pretensión de hacer un análisis acabado del desarrollo del movimiento siderúrgico, este escrito se trata de un humilde resumen de sus más importantes luchas contra el estado burgués y las trasnacionales, para asimilar la experiencia del mismo para avanzar en la discusión con los elementos más clarificados y conscientes de su papel como los núcleos embrionario de un nuevo sindicalismo combativo y clasistas, que sean capaces de unir a la gran masa de trabajadores, para luchar con más unidad, organizados no solo por nuestras más sentidas reivindicaciones económicas y democráticas de participación, sino que nos vayamos planteando las tareas histórica de organizar y dirigir a la sociedad, es menester entonces para enfrentar esta tarea dotarnos de un programa de lucha propia que nos dote de una estrategia con los métodos de lucha propia de la clase trabajadora.

El plan de la creación de una Siderúrgica nacional fue diseñado por el gobierno militar del general Marcos Pérez Jiménez a mediados de la década de los años 50, como parte de su proyecto nacionalista burgués de industrialización en el marco de la nueva división del trabajo del capitalismo mundial. Pero luego de la caída de este gobierno toma la construcción el gobierno de Rómulo Betancourt en 1958 y su posterior puesta en desarrollo en 1962, es decir el movimiento siderúrgico nace conjuntamente con el llamado Pacto de Punto Fijo o el nacimiento de la “democracia burguesa”.

Un repaso a las luchas de los obreros siderúrgicos

En estas condiciones comienzan las grandes luchas de este sector del movimiento obrero por las salvajes condiciones de trabajo y seguridad industrial que tenían que enfrentar. En diciembre de 1969, bajo el gobierno de Rafael Caldera, arranca la primera gran huelga que duro hasta 1971, con la represión y el despido de los famosos 514, número significativo para la proporción de población de la fábraica para la época.

Con el boom petrolero, en el primer gobierno de Carlos Andrés Pérez, en el año 1974 se comienza ampliar y modernizar la Siderúrgica con la puesta en marcha de ampliación del área de Productos Planos y el llamado Plan IV de Sidor. Se comienzan a dar nuevas luchas animadas por la experiencia de los trabajadores más viejos y la entrada de nuevos contingentes de jóvenes obreros que fueron a engrosar las filas del movimiento siderúrgico. El motivo de sus luchas fueron principalmente para mejorar las condiciones de trabajos, reivindicaciones económicas, hasta a llegar a plantear luchas por demandas democráticas en la organización sindical.

En los años 80, con la ofensiva neoliberal, se comienza aplicar la reconversión industrial, cuyo fin era preparar las condiciones para entregar la Siderúrgica a las trasnacionales. Este proceso terminó con un resultado catastrófico para el movimiento obrero con más de 3000 trabajadores despedidos, desmantelamiento de plantas, hasta de intervenciones sindicales. Es que las condiciones exigidas por las transnacionales requerían de entregar la Siderúrgica con la mínima cantidad de trabajadores y el descabezamiento de los líderes más claro de la vanguardia obrera.

En 1995 entra en vigencia la Ley de privatización, y en 1997 la Siderúrgica es entregada a un consorcio internacional encabezada por la empresa Techint por un irrisorio precio de 1.500.000 dólares, de los cuales al final solo pagaron 1.050.000 por ajustes contables y pasivos laborables, de los que mucho no honraron. Se desincorporaron más de 5000 trabajadores, poniéndose en práctica la tercerización llegando a existir 131 contratistas con más 9000 trabajadores en condiciones infrahumanas de trabajo, eliminando muchas de las conquistas logradas con grandes luchas.

En el año 2005, Techint se hace el socio mayoritario comprando las acciones de Hylemax y el Grupo Alfa, formando con el gobierno nacional la empresa Ternium_Sidor, con el 60 por ciento de las acciones. En el año 2007 comienza la discusión del contrato colectivo, dándose casi 80 paralizaciones intempestivas durante muchos meses, en el año 2008 se arrecia la lucha de calle y paralizaciones espontaneas pasándole por encima a la dirigencia sindical. En marzo de ese año, en una manifestación el gobierno reprime a los trabajadores destrozando una gran cantidad de vehículos de los trabajadores y el saldo de un gran número de trabajadores heridos y 53 trabajadores detenidos y llevados a tribunales. Después de 15 meses de luchas, resistencia y discusiones con la empresa, el gobierno de Chávez el 08 de abril de aquel 2008 se ve obligado a anunciar su nacionalización producto de la gran presión obrera, y se firma el contrato colectivo con el proyecto introducido por los trabajadores.

Una discusión del contrato colectivo traicionada

Pero luego, la mala administración, falta de planificación, y la corrupción hicieron que la empresa fuera bajando sus niveles de producción, aumentando las malas condiciones de trabajo, violándose muchas de las cláusulas del contrato colectivo, escamoteando el salario con trampas en la hoja del cálculo del mismo, la negativa de las clínicas a la atención de los trabajadores por falta de pagos. Se violan también los más mínimos derechos democráticos como son las elecciones sindicales, detenciones de trabajadores de base, agresiones a trabajadores por parte de las bandas armadas dirigida por la burocracia sindical, el retraso de la discusión de la nueva convención colectiva.

Todos estos ataques al movimiento siderúrgico obligaron a sus trabajadores a hacer paralizaciones de planta y tomas de calles. Con esta presión obrera se obliga al presidente Chávez, en el año 2012, a dar la orden para comenzar la discusión de la convención colectiva. Pero la discusión del contrato colectivo nunca se lleva a cabo.

Para agosto del año 2014, una fracción del comité ejecutivo del Sindicato da la espalda a los trabajadores, y sin decisión de la asamblea general como lo reza los estatutos del sindicato, firma un supuesto acuerdo de convención colectiva, donde hasta la fecha los trabajadores no hemos visto aun los términos del mismo y ni siquiera han impreso el mismo. A partir de esta nueva traición los trabajadores se han quedado desmoralizados, sintiéndose indefensos por esta entrega de la lucha al gobierno y la administración de la empresa, y lo sienten como una ofensiva reaccionaria de la burocracia sindical apoyada con toda la fuerza del Estado.

Hay que pelearla, pero sacando lecciones, reflexionando

Hasta la elaboración de este artículo, los trabajadores hemos quedado por debajo del salario mínimo nacional y donde ninguna de las 11 planchas (listas sindicales) aspirantes a disputarse el control del Sindicato dan ninguna señal de lucha para recuperar todas nuestras conquistas arrancadas con un alto costo de sacrificio de las masas trabajadoras. Es que no podemos esperar nada de esta burocracia sindical que solo buscan mantenerse en su estado parasitario mendigando las migajas que dejan caer los que manejan la empresa.

Pero la experiencia de la lucha de clases nos enseña que las condiciones cambian y que vendrán más motivos de que un movimiento, después de haber tenidos pequeñas derrotas, vuelva con nuevos bríos. De allí la importancia de estudiar el desarrollo histórico de las luchas particulares del movimiento siderúrgico, debiendo asimilar también todas las luchas del movimiento en su contexto mundial y la historia de las grandes luchas históricas de los trabajadores a través del tiempo.
Todo esto para dilucidar los obstáculos y las condiciones de la lucha contra la clase económicamente dominante, el Estado, los partidos patronales y sus agentes, la burocracia sindical.

El análisis de estos movimientos nos permitirá pues unir a las fuerzas de los trabajadores, fragmentadas producto de la competencia de los trabajadores generada por las condiciones que nos impone las relaciones de producciones y las tácticas ofensivas de la burguesía, pero también por la burocracia sindical.

Reflexionando en cómo luchar contra esas direcciones burocráticas, estableciendo la más plena democracia directa, permitiendo el control desde las bases de las masas trabajadoras, con los métodos de participación como las asambleas permanentes, revocando a los compañeros de dirección que negocian o entreguen nuestros beneficios al patrón. Igualmente debemos ampliar nuestras fuerzas, uniéndonos con los trabajadores de vanguardia de otras fábricas para ir conformando uniones clasistas, primero a nivel regional y luego nacional e internacional, donde se discutan los problemas comunes de nuestra clase que nos permita golpear unidos y con más fuerza para lograr la hegemonía como clase en la sociedad capitalista y disputarle el poder a la burguesía.

Que sirva pues este pequeño esfuerzo para la reflexión y enriquecimiento del conocimiento sobre las luchas de nuestra clase para poner en práctica un plan de lucha verdaderamente obrero, independiente del Estado burgués en todas sus variantes, bonapartista, semibonapartista, abiertamente militarista o democrático burgues clásico.

Este es un primer artículo general sobre las luchas de Sidor, vendrán continuamente más notas, concretas, sobre las luchas cotidianas de la misma.








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