Política Internacional

OPINIÓN

Reflexión sobre el cincuentenario, 1968 no envejeció: es más joven que nunca

¿Cuándo comenzó 1968?

Sergio Abraham Méndez Moissen

México @SergioMoissens

Jueves 1ro de febrero

Hace varios años en una marcha del 2 de octubre le pregunté a mi amigo Manuel Aguilar Mora que recordaba más de 1968. Sus mirada brilló como aquel que recuerda en un instante un soplo de la vida humana: dicen que los ojos son el espejo del alma. Me respondió “es difícil explicarlo pero nunca había experimentado una sensación tan intensa de libertad: de 1968 lo que más recuerdo es la libertad”.

Desde el punto de vista de la historia de México cuando pensamos en 1968 recordamos la masacre del 2 de octubre. Pero 1968 fue algo más que una masacre repudiable, condenable y de la que debemos seguir exigiendo juicio y castigo a los responsables Luis Echeverría y una comisión de la verdad.

1968 es el acontecimiento libertario más trascendental de la segunda mitad del siglo XX: un año de revolución en todo el mundo. Así es como debemos recordarlo.

En medio del intenso frío urbano, de la gélida temporada neoliberal en el que prima el individualismo, la frivolidad, la sed de la ganancia capitalista, la competencia, la privatización de los bienes comunes de la naturaleza, en el que priman las guerras, las crisis, la xenofobia y hasta en ciertos momentos la desesperanza es urgente recordar el espíritu libertario, radical, combativo, internacionalista, lúdico, terco, alegre y festivo de aquella gesta esencialmente anticapitalista.

1968 fue un año que duró más de 365 días. 1968 fue una transgresión del tiempo y el espacio. 1968 es sinónimo de revolución. Es el único año que duró casi una década y al mismo tiempo es el único año que se vivió planetariamente al igual de 1848. 1968 comenzó una década antes: con la revolución cubana, la revolución boliviana y la revolución china.

Tuvo su explosión intempestiva en mayo en París con las barricadas del barrio latino, la ofensiva del Tet de los milicianos de Vietnam, las protestas Chicanas en L.A California, el 2 de octubre en Tlatelolco, en el Cordobazo en Argentina, el otoño caliente en Italia, el movimiento estudiantil de los sengakuren de Japón, en la Primavera de Praga, a la Comuna de Sanghai en China. Terminó con los golpes de estado de 1970: primero en Chile, le siguió Argentina, Uruguay, Bolivia.

Tuvo su soundtrack con A sacerfull of secrets, Pink Floyd, The satanic majestic rescuest, Rolling Stones, que salió en diciembre de 1967, The white album, The Beatles, el Cheap Thrills, Janis Joplin, el Electric Layland, Jimi Hendrix y el Wating for the sun The Doors. Su diagnóstico lo efectuó el movimiento antipsiquiátrico de La Borde y la terapia una dosis de la medicina descubierta por Habbie Hoffman. Su documental lo filmó la nueva ola, también mundial, con Jean Luc Godard, Jorge Sanjinez, Glauber Rocha y Oscar Menéndez.

De aquella juventud queda recuperar el espíritu anticapitalista, de rechazo e impugnación a las normas establecidas, a la moral tradicional, de la búsqueda más completa de la libertad y la emancipación. De aquella juventud queda recuperar la unidad obrera estudiantil: lo mismo como suceso en Francia y en Argentina, los estudiantes unieron sus reclamos a los de los obreros. De aquella juventud queda recuperar el espíritu internacionalista: cada lucha y combatiente y militante se sabía rodeado de una aldea global en efervescencia, el París por los Vietnamitas, en México por Cuba.

1968 no está viejo, está más joven que nunca. En el tiempo del invierno en el que nos han arrebatado toda conquista como el derecho al trabajo, a la salud y a la jubilación, en el que la deshumanización del individuo con las nuevas tecnologías imponen patrones de conducta, en el que se destruye la naturaleza a pasos ininterrumpidos y peligrosos es urgente recordar el espíritu romántico, subversivo y utópico de aquel año por antonomasia anticapitalista. Para salir del invierno debemos recordar la primavera.






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