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Referéndum del 1-O: seis meses después…

A seis meses del 1O la realidad política catalana ha cambiado sustancialmente. La lucha continúa, aunque el frente soberanista hace aguas, los CDRs y JxCat nuevos actores políticos.

Guillermo Ferrari

Barcelona | @LLegui1968

Lunes 2 de abril | Edición del día

FOTO: EFE/Jaume Sellart

Han pasado ya seis meses desde que se hiciera el referéndum del 1-O. Parece una eternidad. Seis meses de una jornada que ha cambiado mucho la realidad política catalana. Ha sido uno de los picos más altos del movimiento democrático catalán por la autodeterminación nacional. Acompañado también por las huelgas y movilizaciones del 3O y el 8N.

Fue una jornada en la que según dijo “M punto Rajoy” “no hubo un referéndum”. Una jornada en la cual no hubo urnas ni papeletas “gracias” al Ministro Zoido y sus agentes “Mortadelo y Filemón”. Una jornada perseguida por jueces, el Supremo y el Constitucional, es decir, “completamente ilegal”. Una jornada muy “pacífica” en la que la Policía Nacional y la Guardia Civil "no reprimieron”.

Fue una histórica jornada en la que más de dos millones de catalanes emitieron su voto. En la que varias decenas de miles se encargaron de proteger las escuelas donde se iba a votar. Muchos de ellas y ellos estaban de pie a las cinco de la mañana esperando las urnas. Muchos de ellos y ellas se pusieron delante de la policía para defender su voto y sus derechos. Y, a pesar de todo 2,3 millones de votos sin contar los que fueron arrancados por esos perros de presa que estuvieron toda la mañana arrancando urnas. Fue una jornada que cambió Catalunya.

El ascenso de nuevos actores políticos

Si bien muchos CDRs se crearon para el referéndum del 1O, acabado éste, no se han acabado los CDRs sino que se potenciaron con fuerza renovada. Se han expandido hacia toda la geografía catalana. Incluso se han formado algunos comités en las Illes Balears, el País Valencià y también en algunas capitales europeas. Impulsados decididamente por la CUP, han llegado a organizar a algunas decenas de miles de activistas.

Los CDRs han mostrado músculo en la huelga del 8N con más de 70 cortes de carreteras y vías férreas por todo el Principado causando un gran disloque en lo que a transporte de mercancías y transporte urbano se refiere. Los CDRs volvieron a mostrar su fuerza cuando Puigdemont fue detenido en Alemania y los días posteriores como se pudo ver cuando neutralizaron las vallas de los peajes.

La completa desaparición de Unió Democràtica junto con el estallido de la antigua Federación que formaba Convergència i Unió, y, por supuesto la “transformación” de Convergència en el PDeCAT es tan solo una parte de la decadencia de los representantes políticos de la burguesía catalana y su estrategia. Es esta decadencia la que ha permitido la aparición de Junts per Catalunya.

La “nueva” marca electoral política elegida por Puigdemont ha evitado los peores presagios que las encuestas daban a la formación del 3%. El golpe del 155 le dio una sobrevida a Carles Puigdemont, puesto que era el President desalojado por el Régimen del 78. La “llista del President” dio sobrevida al PDeCAT aunque con algunos cortocircuitos y peleas internas. Mientras el sector de Marta Pascal buscando el diálogo con los golpistas, el de Puigdemont trata de pactar una República con Rajoy.

También destacó, sobre todo el 21D, el ascenso de Ciudadanos. La sorprendente victoria de Ciudadanos ha dejado la presencia electoral del PP al margen de la realidad política y al PSC marcando el paso en el mismo lugar. Lamentablemente, más de un millón de votos fueron a parar a ésta lista derechista y anticatalana. Una parte importante de sus votos procedieron de barriadas populares que votaron más bien en clave nacionalista y no teniendo en cuenta una expresión de clase, cuestión que era imposible por la falta de una expresión electoral de los trabajadores.

Esta lista derechista se vistió de socialdemócrata para el 21D y se dedicó más bien a hablar de derechos sociales mientras blandía todo su odio contra Catalunya. Fueron los primeros en pedir la aplicación del 155, en hablar de un inexistente adoctrinamiento en las escuelas catalanas y en criticar al PP por haber reprimido poco el 1O tachando de golpistas a los líderes independentistas.

El frente soberanista hace aguas

El frente soberanista nunca ha sido “un camino de rosas”. Siempre ha tenido fuertes divergencias. Incluso algunas han sido públicas como el pressing a la CUP para investir a Mas o el pressing a Esquerra para formar Junts pel Sí. De todas formas, siempre encontraban la forma para continuar el procés y recibir el apoyo de la gente. Cuestión que ahora está en duda.

Por un lado, resurge con fuerza un sector dialoguista. Es decir, que quiere sentarse a negociar con Rajoy qué hacer. Este sector nunca fue minoritario. Tan solo basta ver cuántas veces Artur Mas o Carles Puigdemont trataron de negociar con el Gobierno mientras Rajoy y los jueces estaban. Este sector está capitaneado por el PDeCAT de Marta Pascal y Artur Mas y por Esquerra Republicana que buscan por todos los medios aceptar los estrechos límites del Régimen del 78.

En estos días hemos podido leer declaraciones de Artur Mas cuestionando la investidura de Carles Puigdemont puesto que "comportaría abrir más procesos penales contra más personas". El nuevo hombre fuerte de ERC, Pere Aragonès insiste en el diálogo con Rajoy: “Hay que dialogar, como han insistido tanto Puigdemont como Junqueras durante la pasada legislatura”. ¿Serán capaces de llamar al orden a Puigdemont?

El grave problema que tiene el sector “dialoguista” es que el PP está en el medio de una feroz competición con Ciudadanos por el electorado de derecha. En este marco, “M punto Rajoy” no solo que no favorecerá negociación alguna sino que continuará con el mismo camino de los últimos años: represión judicial y policial en los casos más complejos. Las encuestas pronostican malos resultados para la formación de la gaviota. Rajoy necesita una victoria, y para ello piensa en cómo encarcelar a Puigdemont.

Después hay otro sector, el de izquierda, cuya fuerza central es la CUP. Los dirigentes de la CUP, luego de años de mano tendida a Convergència y Esquerra, rechazan el giro autonomista de estas formaciones y pretenden que estas sean fieles a la República votada el 1-O. Lamentablemente, aún no se han dado cuenta que tanto Puigdemont como Junqueras han ido mucho más allá de donde querían ir. Y, que ahora no están por la “acción republicana”.

Por último apareció un “nuevo” sector que es el de Puigdemont/Junts per Catalunya. El gran problema de Puigdemont es que el Gobierno de Rajoy busca su “muerte política”. Pero incluso, algunos exsocios buscan algo así como su “jubilación política”. Digamos que Esquerra y el PDeCAT quieren pagar el “coste” de la pérdida del President para iniciar más libremente el camino autonomista. Coste que Carles Puigdemont no parece dispuesto a pagar.

No está muerto quien pelea

En las semanas y meses posteriores al 1O el Gobierno de Rajoy junto con el Constitucional y el Supremo lanzaron una feroz ofensiva represiva contra el pueblo catalán. Para ello contaron con el apoyo eficaz del PSOE (idéntico al PP) y de Ciudadanos (aún más cavernícolas que el búnker). Una ofensiva centrada en la acción judicial del Supremo y la Audiencia Nacional y también apoyada por la Guardia Civil realizando informes sobre una rebelión.

Esta ofensiva apenas si fue contestada por el pueblo catalán. Responsabilidad central es que las organizaciones como la ANC y Òmnium se han negado a hacer una amplia campaña de movilización y organización centrada en los lugares de trabajo, de estudios y los barrios. Y, ellas fueron apoyadas por Esquerra Republicana, el PDeCAT y JxCat. En síntesis, ningunos de los líderes independentistas está a la altura del golpe del 155.

Esta situación dio la impresión de que el Régimen podía avanzar rápidamente y asestar un durísimo golpe para derrotar al pueblo catalán. Sin embargo, no está muerto quien pelea. Cuando el juez Lamela aumentó su listado de imputados y presos y luego la policía alemana detuvo a Puigdemont se desató una serie de movilizaciones y acciones de los CDRs, la ANC y Òmnium. De todas formas, está claro que estas van con el freno de mano puesto.

Aún continúa de pie el pueblo catalán, dando batalla. Esa es una primera constatación. También continúa al frente de este movimiento la misma dirección que se “ausentó” de la república declarada el 27O, esto es, ANC, Òmnium, ERC, PDeCAT y JxCat, cuestión que limita mucho su acción. Aunque en estos días es posible que comience a destacarse un nuevo sector, que es el dirigido por los CDRs-CUP quienes más defienden la lucha por la libertad de los presos políticos. Y, también continúa un fuerte enfrentamiento entre el Régimen del 78 y los partidos políticos catalanes independentistas.

A seis meses del 1O aún continúa pendiente hacer efectiva la república votada el 1O y es imprescindible que los trabajadores y el pueblo catalanes enfrenten activamente la ofensiva política de Rajoy y el Régimen del 78. Para ello es clave desalojar de la dirección independentista a aquellos que se han bajado del mandato del 1O y el 3O. La CUP y los CDRs pueden jugar un rol central en ello extendiéndose a las universidades, institutos, lugares de trabajo y todos los barrios.

La República es imposible de la mano de Esquerra, el PDeCAT y JxCat. Solo será posible tendiendo la mano a los trabajadores y el pueblo, si ésta República levanta audazmente un programa que resuelva el paro, la precariedad y medidas anticapitalistas contra las grandes empresas que boicoteen la naciente república, Catalunya será la cabecera de playa que acabe con el Régimen blindado del 78 e instaurar una Federación de Repúblicas Socialistas libre y voluntaria.








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