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DEBATE

¿Reducción de la jornada laboral para aumentar la productividad o para repartir las horas de trabajo?

El proyecto presentado por Camila Vallejo para bajar la jornada laboral a 40 horas semanales abrió un fuerte debate político. La derecha y los empresarios hablan de “populismo”, el PC contesta que sirve para aumentar la productividad. ¿Cuál debe ser el enfoque de los anticapitalistas?

Fabián Puelma

Comité de Redacción La Izquierda Diario Chile

Sábado 8 de abril

La propuesta apoyada por la bancada del Partido Comunista y la Izquierda Ciudadana busca cambiar el Código del Trabajo, bajando la jornada semanal de 45 horas semanales a 40 horas sin rebaja salarial. Este miércoles fue admitida su tramitación en la cámara de diputados, luego de que fuera rechazada por secretaría, dado que la facultad de presentar leyes modificatorias de los sueldos es exclusiva del ejecutivo.

La iniciativa de Camila Vallejo generó simpatía en amplios sectores. Y es que Chile es el segundo país de Latinoamérica en donde más horas se trabajan y se ubica quinto en el ranking de países con jornadas laborales más extensas, según estudios de la OCDE. Si a la larga jornada laboral se suman las horas de traslado, el saldo de horas disponibles para descanso y recreación de los trabajadores es bajísimo.

La reacción de los políticos del régimen y los empresarios no se hizo esperar. Desde el gobierno, el ministro de Hacienda Rodrigo Valdés se pronunció en contra planteando que no se puede “ponerle más carga a la economía en un momento en que requerimos más empleo". A esto se sumaron economistas como Mario Waissbluth de Educación 2020, quien afirmó que la reducción de la jornada sería un “craso error”, planteando además que “Chile se está ‘kirchnerizando’ a pasos acelerados, y el fantasma del populismo está cada día más cercano”.

Fundamentos del proyecto de Camila Vallejo

El debate sobre la jornada laboral recorre el mundo. El fundamento de muchos empresarios para abrirse a la idea de bajar las horas de trabajo dice relación con el problema de la productividad. Una baja productividad significa menos ganancias para los capitalistas. Esto ha motivado diversos estudios y también experimentos como en Suecia o algunas fábricas de Estados Unidos, donde han probado reducir la jornada a seis horas.

Camila Vallejo se ha apoyado en los argumentos esgrimidos por los empresarios para defender su propuesta. La diputada afirmó que en “países como Holanda o Suecia, donde la fuerza laboral es la misma, trabajan 10 horas menos semanales y producen mucho más que nosotros". La ex dirigenta estudiantil agregó que “en términos globales los países que han aplicado eso mejoran sus niveles de productividad”. 

Según Vallejo el foco del proyecto tiene que ver con el “bienestar social, la calidad de vida de la gente y la felicidad de nuestro pueblo”. Pero el centro de sus argumentos tienen que ver con la viabilidad de su proyecto de ley según los estándares capitalistas. Como planteó la diputada “creemos que es viable, no es una propuesta loca. Muchos países lo han hecho y no afecta la economía”.

La histórica lucha por reducir las horas de trabajo

¿Es viable rebajar las horas de trabajo? Por supuesto, pero no porque los capitalistas así lo digan. Han sido los trabajadores quienes han demostrado que es posible gracias a su lucha. La pelea por reducir la jornada laboral tiene una amplia tradición en el movimiento obrero internacional. En el siglo XIX los trabajadores se rebelaron contra las jornadas de 14 horas diarias y conquistaron las 12 horas. Hace ya más de un siglo que los trabajadores conquistaron las 8 horas diarias.

El argumento que siempre han esgrimido los capitalistas es que estas demandas afectan a la economía. Nosotros respondemos, ¡por supuesto que nuestras conquistas afectan sus ganancias! Los capitalistas sólo aceptarán pacíficamente una reducción de la jornada si es que va aparejada de un aumento de la productividad, lo que en su lenguaje significa –especialmente en países semicoloniales como el nuestro– aumentar los ritmos de trabajo, aumentar las metas productivas, reducir los descansos durante la jornada, etc. Y es justamente lo contrario lo que queremos.

El “experimento sueco” no sólo demuestra los beneficios de la reducción de la jornada laboral para la salud de los trabajadores, sino también que difícilmente puede haber un acuerdo win-win entre trabajadores y empresarios. Y es que a dos años de iniciarse el experimento, el proyecto ha sido cancelado. "La decisión está asociada absolutamente con los mayores costes", explica Daniel Bernmar, responsable del proyecto aplicado en Gotemburgo. "Es excesivamente caro realizar una reducción de la jornada de manera general en un horizonte temporal razonable", sentencia.

Nuestro enfoque: reducir la jornada para repartir las horas de trabajo

Mucho se ha fantaseado en torno al “fin del trabajo” producto del avance de la automatización y las nuevas teconologías. Pero lo cierto es que el aumento de la productividad gracias a los avances de la industria y la tecnología no se ha traducido en una disminución del trabajo asalariado ni las condiciones de explotación. Chile, pese a ser un país atrasado, ha incorporado las nuevas tecnologías y la automatización a la producción, ¿entonces por qué no se ha reducido la jornada de trabajo?

Es un hecho que en el sistema capitalista la tecnología está al servicio de las ganancias privadas y no de las necesidades de la inmensa mayoría de la población. La automatización del trabajo en vez de permitir trabajar menos, reducir los ritmos laborales y acabar con el desempleo, ha mantenido una masa de desocupados permanente, mecanismo fundamental del capitalismo para presionar a la baja de salarios y el aumento de la explotación.

Respondiendo a esta realidad, el Partido de Trabajadores Socialistas, parte del Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT) de Argentina, ha lanzado una campaña para reducir la jornada laboral a 6 horas, 5 días a la semana, sin rebaja de sueldo y estableciendo como sueldo mínimo la canasta familiar. Según Nicolás del Caño, ex candidato a presidente por el FIT y actual pre candidato a diputado por la Provincia de Buenos Aires, “el planteo de reducción de la jornada laboral es para que todos trabajen seis horas, cinco días a la semana y, de esa manera, poder incorporar a cientos de miles de trabajadoras y trabajadores desocupados y precarios”.

El referente de la izquierda trotskista profundizó en la propuesta, explicando que “en muchas empresas se incorpora tecnología de avanzada no es para que se reduzca la jornada laboral, es decir, que trabajen menos, que tengan más tiempo para disfrutar los fines de semana con su familia, sino que es para despedir trabajadores y a los que queden explotarlos aún más. Es decir, siempre está por delante sus ganancias y no la vida del pueblo trabajador”.

En una columna en La Izquierda Diario de Argentina, el economista Pablo Anino planteó el fundamento de esta campaña: “más aún cuando en la arena internacional gran cantidad de especialistas discute como afectarán las nuevas tecnologías al trabajo, planteando que su aplicación necesariamente genera una reducción de tareas. Entonces hay que poner la tecnología al servicio de las mayorías y no de los míseros intereses de un puñado de dueños del capital. Si desde fines de siglo XIX el reclamo era: 8 horas para descansar, 8 horas para la recreación y 8 horas para trabajar, ahora el avance tecnológico se puede y debe poner al servicio de que el tiempo de recreación -estudio, juego, creación, alimentación de la lazos personales, etc.- crezca en detrimento del tiempo trabajado asalariado. Como afirmó Del Caño: ‘Hay que afectar la ganancia capitalista, otra no queda’”.

Resulta fundamental que los revolucionarios y quienes luchamos por levantar una alternativa anticapitalista de los trabajadores respondamos al debate nacional abierto, tomando el ejemplo del PTS en Argentina. La discusión sigue hoy por hoy dentro del marco argumentativo de los capitalistas. Figuras del Frente Amplio como Giorgio Jackson y Gabriel Boric se han limitado a celebrar la propuesta de Camila Vallejo. Hace falta romper estos límites y abordar el debate desde la perspectiva de la lucha por acabar con el capitalismo.






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