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La izquierda anticapitalista vuelve a presentarse a elecciones después de 25 años

01 . 05 . 2016

Con la fórmula “Anticapitalistas a la Constituyente”, los profesores Sergio Moissen y Sulem Estrada contienden por una diputación para la Asamblea Constituyente de la Ciudad de México.

Solo 8 aspirantes pasaron las enormes trabas del Instituto Nacional Electoral (INE) para competir en la contienda electoral como candidatos independientes el próximo 5 de junio por una diputación a la Constituyente. Como dice el profesor de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, Joel Ortega: “En la primera etapa quienes se registraron como candidatos tenían que conseguir el registro bajo condiciones profundamente complicadas. En unas cuantas semanas tenían que juntar cerca de 74 mil firmas, el equivalente al 1% del padrón electoral de la Ciudad de México, -más de lo que necesitó un diputado local para ganar las elecciones del año pasado (…)-, todo sin ningún recurso o acceso a los medios con el que sí cuentan cotidianamente los partidos políticos”.

Varios de ellos tienen algún vínculo con el poder político o gestionan de manera corporativa los planes del Estado. Solo una de las 8 candidaturas encarna lo mejor de las luchas obreras y juveniles de los últimos años en la capital. Detrás de la candidatura de Sergio Moissen como titular y Sulem Estrada como suplente están los militantes, amigos y simpatizantes del Movimiento de los Trabajadores Socialistas (MTS) – organización hermana del PTS en Argentina e impulsora de la Red Internacional La Izquierda Diario- quienes hicieron una enorme campaña para vencer la proscripción electoral que se cierne sobre la izquierda.

Como plantea el mismo Joel Ortega “La candidatura de los “Anticapitalistas a la Constituyente” de Sergio Moissen es quizás la única auténticamente independiente de la clase política que consiguió la hazaña de romper todas las barreras impuestas para impedir la participación ciudadana” y a continuación agrega “Fueron esos jóvenes -que no son muchos, pero si constituyen un núcleo militante sólido-, trotskistas decididos y convencidos, quienes lograron juntar las firmas. Como nos ha contado Sergio Moissen, fueron decenas de brigadas en el metro, los salones de clases y las plazas las que consiguieron en un trabajo realmente titánico juntar 102 mil firmas. Y finalmente, sobrevivir a la poda burocrática del INE y obtener el registro de la candidatura. Ahora después de ese primer gran filtro la candidatura de Sergio Moissen es prácticamente la única que no responde a uno de los poderes instituidos en la ciudad”.

Y como dicen Sergio y Sulem, quienes este 24 de abril participaron junto a Pan y Rosas en la movilización contra las “violencias machistas” en la Ciudad de México: “queremos llevar a la Constituyente las demandas de la primavera guinda de los estudiantes politécnicos, la feroz resistencia de los maestros contra la Reforma Educativa y la lucha de las mujeres que este 24 de abril se movilizaron en todo el país contra la violencia al grito de #VivasNosQueremos. Nuestra juventud conoce en carne propia los padecimientos del trabajo precario en la ciudad que alimenta las ganancias capitalistas. Queremos darle voz a los sin voz” (Revista Memoria, en prensa).

¿Poder Constituyente o Constituido?

Como acontece en otras latitudes del globo, en México, una buena parte de los trabajadores y la juventud han dejado de sentirse representados por los partidos tradicionales. El Partido Revolucionario Institucional (PRI) del actual presidente Enrique Peña Nieto, volvió al poder en medio de masivas movilizaciones estudiantiles referenciadas en el movimiento #YoSoy132 que tomaron las calles de las capitales al grito de ¡México sin PRI! en el 2012. Logró una rápida alianza con las dos grandes fuerzas políticas del país, el clerical y derechista Partido Acción Nacional (PAN) y el centroizquierdista Partido de la Revolución Democrática (PRD) en el llamado “Pacto por México”.

La desaparición forzada de 43 normalistas rurales en septiembre del 2014, clavó una daga en el corazón del pacto y propició la debacle del PRD quien habría sido el “partido de la contención” y pata izquierda del régimen durante 3 décadas. La asociación con el narcotráfico de todos los partidos, la corrupción rampante y la implementación de un paquete de contra reformas mandatadas por el imperialismo contra los trabajadores y la juventud precipitaron la deslegitimación actual.

En este contexto, la próxima Asamblea Constituyente de la Ciudad de México, cuyo objetivo es elaborar una carta magna para el centro neurálgico del país es un terreno en disputa.

Se trata, más que de un poder constituyente, de un poder constituido y amañado de antemano. De los 100 diputados constituyentes, 40 serán elegidos por el ejecutivo y el actual jefe capitalino Miguel Ángel Mancera. Solo el resto, 60 curules, serán sometidos a la elección popular. De ahí que en sus actos de campaña, Sergio y Sulem estén planteando que “lo mínimo elemental es que los 100 constituyentes sean elegidos por votación popular”.

Para Enrique Peña Nieto y el PRI, es una oportunidad de recomponer su hegemonía sobre la capital, perdida desde 1997 cuando Cuauhtémoc Cárdenas del PRD, asumiera su jefatura.

El intento tiene múltiples contradicciones en la medida en que hay una relación de fuerzas conquistada por sectores de la clase media, los trabajadores y el movimiento popular. El otrora Distrito Federal, ha sido el escenario de las principales movilizaciones democráticas de la historia nacional.

Desde las multitudinarias marchas contra el desafuero de Andrés Manuel López Obrador, el movimiento contra el fraude en el 2006, el movimiento contra la militarización encabezado por Javier Sicilia, el Movimiento #YoSoy132, hasta las imponentes movilizaciones de repudio a la desaparición forzada de los 43 normalistas que en su cenit, unificaron a cientos de miles al grito de ¡Fuera Peña! No es casual que la capital del país azteca sea de las pocas en América Latina donde se conquistó el derecho al matrimonio igualitario y la interrupción legal del embarazo.

La alianza de EPN con Miguel Ángel Mancera, quien no ha sido más que un alfil del PRI en este intento de recomposición, juega un rol estratégico en el ajedrez político nacional.

A la izquierda del Morena están los anticapitalistas

Estas profundas aspiraciones democráticas están en la base del indiscutible peso que tiene Andrés Manuel López Obrador (AMLO), líder del Movimiento Regeneración Nacional (Morena), que despierta simpatías entre los trabajadores, los jóvenes, las mujeres y los sectores de clase media y populares de la ciudad. El Morena, surgió de una ruptura del propio PRD en el 2012, después de denunciar fraude en la elección presidencial de aquel año y de la posición oscilante de la mayoría de su dirección.

La denuncia de lo que AMLO llama “la mafia en el poder”, genera simpatía en millones producto del hartazgo con la casta política y la corrupción de los funcionarios públicos de los partidos del “Pacto por México”.

Morena ha denunciado también la imposición por “dedazo” de los 40 constituyentes y ha desechado los recursos que emitirá el INE para las campañas electorales (tomando en cuenta que tiene las finanzas ordinarias de cualquier partido con registro). Sin embargo, durante todo el periplo por el que pasaron los aspirantes a una candidatura independiente avaló los tortuosos requisitos impuestos por la autoridad electoral.

El partido de AMLO nace con profundas contradicciones. Por una parte, su dirección proviene de las entrañas del PRD, como dijimos antes: políticos y funcionarios que durante años coexistieron con las prácticas políticas de un partido crecientemente corrompido.

Como el PRI y el PAN, el PRD reprimió las luchas sociales (el gobierno de Rosario Robles por ejemplo durante la huelga de la UNAM de 1999 o Gabino Cué al magisterio oaxaqueño). Un partido que emuló las prácticas más degradadas de asociación con el narcotráfico, corrupción y corporativismo. Durante el gobierno de López Obrador en el Distrito Federal, se aprobó el artículo 362 al código penal capitalino, un símil del artículo de “disolución social” contra el que luchaban los estudiantes de 1968. Se profundizó el trabajo precario tanto en las empresas como en el gobierno de la ciudad de miles de mujeres y jóvenes en particular y el centro histórico fue paulatinamente privatizado al servicio de Carlos Slim.

AMLO, que en su batalla moral cuestiona los excesos del gobierno y a los empresarios ligados a Peña Nieto, gobernó otorgando concesiones mínimas a las masas capitalinas pero gestionando los negocios capitalistas del entonces Distrito Federal que redundó en jugosas ganancias para los bancos, los hoteles de lujo y las empresas.

Actualmente, mucho descontento ha despertado el hecho de que Morena está encumbrando a puestos de elección popular a connotados ex priístas como José Luis Pech en Quintana Roo y al ex panista y empresario Javier Félix en Chihuahua por nombrar solo dos ejemplos.

Como plantea Sergio Moissen “El problema de la “mafia en el poder” no es, como de algún modo opina AMLO una cuestión de “honradez”. Los funcionarios ganan salarios millonarios porque desempeñan un rol crucial en el capitalismo contemporáneo: administrar sus negocios. Así se convierten en una “casta política” ajena a los padecimientos de los trabajadores y la juventud” (Revista Memoria, en prensa).

El límite estratégico del Morena es que, para poder acceder a la presidencia en el 2018, tiene que demostrarse capaz de “gestionar” los negocios de aquellos que tienen el verdadero poder en este país: los Slim, los Azcárraga, los Salinas Pliego, las grandes trasnacionales y pactar con los representantes del régimen responsable de Ayotzinapa. Esto más allá de que la clase dominante en México, racista, clasista y reaccionaria, ve en AMLO “un peligro para México” porque a su manera y de forma distorsionada, encarna las ilusiones de los trabajadores del campo y la ciudad, una y otra vez postergadas en sus reivindicaciones, sometidas a la explotación y la opresión.

Anticapitalistas a la Constituyente

Esta vez, a la izquierda del Morena, hay una candidatura de la izquierda independiente después de 25 años. El voto útil se sustenta permanentemente en los últimos años en la idea de que los llamados movimientos sociales, de querer tener expresión política, no tienen alternativa salvo apoyar electoralmente antes al PRD, ahora a Morena, como de hecho está haciendo un sector de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), resignando la independencia de clase.

La fórmula “Anticapitalistas a la Constituyente” encarna estas aspiraciones democráticas sin provenir de la propia “clase política” repudiada por amplios sectores.

Para quienes opinamos que no hay reforma posible del régimen actual, asociado al narco y especialista en desaparición forzada, la participación en un terreno adverso como el electoral tiene el objetivo de que nuestras ideas lleguen a millones. Y también de disputar la hegemonía que las variantes reformistas como la de Morena mantienen sobre los asalariados y la juventud, arrogándose la lucha por la democracia.

La lucha por los derechos democráticos desde nuestra perspectiva, está engarzada indisolublemente con la lucha por el socialismo. Tomamos el ejemplo de los comuneros de París de 1871 que sancionaron la revocabilidad de los funcionarios y que ganaran como un obrero calificado. Sin ceder un pedacito de calle, pelearemos en la Constituyente por arrebatar todos los derechos para los trabajadores, la juventud, las mujeres y la comunidad LGTB.

Al mismo tiempo de una creativa campaña electoral que está proponiendo la ilegalización de la subcontratación, el trabajo precario y el acceso irrestricto a la educación pública hablándole a los miles de jóvenes trabajadores y estudiantes que pueblan la capital, el MTS está participando activamente en las luchas actuales y Sergio y Sulem han puesto la candidatura a su servicio.

En la lucha de los estudiantes politécnicos en defensa de la educación pública, bregando porque surja la auto-organización estudiantil y la unidad con el magisterio a través de la intervención de nuestra juventud y de la consejería estudiantil de Ricardo Nieto, participando de asambleas, paros y movilizaciones. Y poniendo las páginas de La izquierda Diario al servicio de la difusión de su lucha, callada o minimizada por los grandes medios de comunicación. También siendo parte de la feroz resistencia docente contra los despidos, la evaluación punitiva y la represión, de la cual Sulem es y ha sido parte durante los últimos años.

Como plantea el Académico de la UNAM Masimo Modonessi, quien apoya nuestra candidatura “Los portavoces son un profesor precario-estudiante de doctorado de la UNAM y una maestra de secundaria de la SEP, defensores de espacios de educación pública, de nuestra “mejor juventud”, aquella generación militante y combativa que se forjó al calor del ciclo 2011-2014, en medio de una secuencia de experiencias de luchas y de antagonismo: desde los indignados, el acompañamiento al movimiento de víctimas, el 132 y finalmente Ayotzinapa”.

Con la candidatura y La Izquierda Diario como su portavoz, nuestra ambición es que las ideas anticapitalistas y socialistas se conviertan en fuerza material, lleguen a millones y se hagan carne en sectores bien amplios de la juventud y los trabajadores.

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