Géneros y Sexualidades

ORGULLO LGBTI 2018

¡Recuperemos Stonewall! Por un Orgullo LGBTI anticapitalista y antipatriarcal

A 49 años de la revuelta de Stonewall, queremos poner en pie un gran movimiento LGTBI combativo, antipatriarcal y anticapitalista, por la conquista de los derechos LGTBI y la liberación sexual.

Lunes 25 de junio | 18:31

Millones en todo el mundo con la fecha de referencia del 28 de junio volveremos a movilizarnos retomando la bandera de Stonewall, la revuelta de la comunidad LGTBI que mantuvo a raya a la LGBTIfóbica policía neoyorkina durante varias noches y que constituyó su fecha de incio, el 28 de junio, como el Día Internacional del Orgullo LGTBI.

Es este espíritu el que queremos recuperar. Retomar las banderas de Stonewall en el siglo XXI para desde ahí continuar la pelea por las demandas pendientes del colectivo LGTBI como parte de la lucha contra el patriarcado y la opresión sexual que impone la sociedad capitalista.

La lucha contra la violencia machista y LGTBIfóbica debe ser un punto clave en la agenda del movimiento LGTBI. Como parte de esta pelea también debemos combatir violencias como la precariedad, discriminación y exclusión laboral que todavía padecen muchas personas LGTBI o el bullying que se produce dentro de los centros de estudio. Defendemos la formación de comisiones independientes en los centros de estudio y trabajo para combatir toda forma de machismo o LGTBIfobia.

En el Estado español, según el Ministerio de Interior, en 2016 las agresiones por la identidad u orientación sexual en el Estado Español fueron casi la mitad de los 1.324 delitos de odio cometidos ese año, habiendo aumentado un 15% en los últimos tres años. Sólo en Madrid, donde recientemente se desalojaba al grito de “maricones fuera” el Centro Social Okupado Transfeminista La Pluma, suponen una denuncia cada dos días.

Según Movimiento contra la Intolerancia, sólo se denuncian 1 de cada 4 agresiones, siendo algunos de los motivos que se esgrimieron en la encuesta, el 32% la desconfianza en que la policía hiciera algo al respecto y el 19% el miedo a la reacción de los agentes.

El aparato judicial al mismo tiempo que no considera agresión homófoba una paliza al grito de “maricones de mierda” y no considera violación los actos de La Manada, que sale libre del juicio, persigue la protesta y crítica social, reforzando su rol de justicia patriarcal y burguesa.

Este año la OMS eliminó la transexualidad como trastorno mental y ésto ha sucedido en una fecha tan vergonzosamente tardía como es junio de 2018 (la homosexualidad no fue despatologizada hasta 1990). Sin embargo la igualdad ante la ley, todavía no alcanzada, no es igualdad ante la vida.

Las personas trans están especialmente oprimidas dentro del colectivo LGBTI, sin obtener aún un cupo laboral que acabe con el paro del 80% que sufren o el derecho a una sanidad universal gratuita y garantizada por el Estado que cuente con áreas especializadas que atiendan las necesidades de las personas LGTBI y que aseguren de manera pública el acceso al proceso de transición de género, incluyendo hormonación y/o cirugías para las personas trans, que lo deseen, sin ningún tipo de prerrequisito psiquiátrico o de tratamiento hormonal previo.

Estas barreras que se suman a la enorme discriminación que sigue habiendo hacia las personas trans, que son constantemente estigmatizadas y marginalizadas desde pequeñas en la escuela, y posteriormente en el mercado laboral y otros contextos sociales, con una esperanza de vida de la mitad que la media de la población.

Así mismo demandamos una educación sexual que no brille por su ausencia o sea prácticamente testimonial en los centros educativos, ni explicada bajo patrones heteronormativos y religiosos.

La exigencia de que los asuntos religiosos, incluida su moral conservadora, se mantengan en el ámbito de lo privado es absolutamente necesaria para quienes defendemos la libertad de expresión y el fin de la represión sexual e ideológica. Para ello es indispensable la separación total de la Iglesia de del Estado, ya que cuenta con, entre otros privilegios, más de un tercio de los centros educativos del Estado Español o millonarias subvenciones.

Este año el movimiento de mujeres irrumpió con fuerza y millones de mujeres de 70 países, desde Argentina a Polonia, desde Turquía a Estados Unidos, desde Brasil a Italia pasando por el Estado Español, se han movilizado consiguiendo “pararlo todo” el 8M y denunciar con fuerzas las violencias machistas y las cadenas de opresiones que se duplican para las mujeres y LGBTI trabajadoras y especialmente inmigrantes, a través de sus políticas racistas e imperialistas y sus reaccionarias leyes de extranjería, como ejemplifica el caso de las jornaleras de la fresa en Huelva.

Es por ello por lo que debemos desenmascarar cualquier pinkwashing, o utilización de discursos a favor de los derechos LGBTI para justificar políticas reaccionarias que no revierten en ninguna mejora para estos sectores oprimidos, como es el caso de las políticas imperialistas y racistas de los gobiernos occidentales para criminalizar a la población musulmana —y a otras minorías étnicas— mientras mantienen la complicidad con la inmensa mayoría de regímenes que penalizan la diversidad sexual y niegan refugio a quienes escapan de los mismos por discriminación sexual.

Un caso paradigmático es el del Estado de Israel, presentado como ejemplo a seguir en cuestión de derechos y libertades LGTBI, justificando o minusvalorando la masacre continuada hacia el pueblo palestino, hasta el punto de invitar a Netta Barzilai, la exsoldado israelí recibida por Netanyahu, a actuar al Orgullo en Madrid.

Lo que muestra este hecho es también en parte consecuencia de la deriva de resistencia y conservadurismo en el movimiento LGBTI de las últimas décadas, pasando de predominar una línea de pelea por la transformación de toda la sociedad a la pelea por la creación de espacios reales e institucionales contra la discriminación, cambiando las calles por las oficinas gubernamentales y la crítica a la sociedad patriarcal por las “agendas inclusivas”.

Esta tendencia, profundizada desde los 80 y 90, se conoce bajo el nombre de “capitalismo rosa”, siendo una combinación entre la integración en el estado capitalista de los sectores más conservadores del movimiento LGBTI y la mercantilización de la construcción de identidades LGBTI como una oportunidad de venta, especialmente dirigida hacia hombres, occidentales, blancos, cisgénero y de clase media-alta.

Los gobiernos capitalistas no tienen nada que ofrecer a las mujeres y las personas LGBTI, por mucho que digan que quien no se mueva puede salir en la foto. Los derechos para los sectores oprimidos y la clase trabajadora se han conseguido históricamente combatiendo en las calles a la doble cadena del capital y el cisheteropatriarcado, en alianza con el movimiento obrero y con los movimientos antirracistas, antiimperialistas y de emancipación de la mujer, señalando a la sociedad capitalista como culpable de esas diversas opresiones.

Stonewall se convirtió en la chispa que daría lugar a un movimiento LGTBI que lucharía contra la moral patriarcal y homofóbica, las fuerzas represivas y la legislación reaccionaria del Estado, pero también por la total liberación sexual. Una lucha que incluía una fuerte crítica al capitalismo y al patriarcado, raíz de todas las opresiones que padecemos.

Es necesario poner en pie un amplio movimiento LGTBI independiente de las instituciones del Estado, los gobiernos de turno, los partidos patronales y la Iglesia, que en alianza con los sectores más oprimidos y explotados y buscando la confluencia con la lucha de la clase trabajadora, vuelva a encender la chispa necesaria para conquistar nuestros derechos y reabrir la pelea por la total liberación sexual en la lucha contra la alianza criminal entre el capitalismo y el patriarcado.






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