Política

JUSTICIA A LA CARTA

Recuerdos del futuro: la Corte Suprema y su agudo juicio de los tiempos políticos

Hasta hace poco, el máximo tribunal era fantástico para Macri y nefasto para Cristina. Ahora parece que es al revés. Usos políticos del Poder Judicial y usos judiciales del poder político.

Daniel Satur

@saturnetroc

Miércoles 15 de mayo | 22:04

En política es muy común usar la metáfora de las hienas que “huelen sangre” para hablar de aquellos sectores que, intuyendo que determinado ciclo o proceso político está malherido, y previendo su final, empiezan a tomar distancia de quienes hasta entonces eran aliados.

Incluso esas mismas “hienas” no dudan en dar alguna que otra ayuda para acelerar el desenlace, enviando así señales amistosas a quienes asoman como sucesores de los caídos en desgracia.

Tal vez eso es lo que por estos días esté pensando la mayoría de los miembros de la Corte Suprema de Justicia de la Nación. Tal vez eso es lo que haya conducido a esos mamíferos de dientes filosos y pocos escrúpulos a tomar ciertas decisiones que terminaron desatando el odio de altos funcionarios de Cambiemos, empezando por el propio Mauricio Macri.

No podría entenderse de otra manera la resolución firmada el martes por los supremos Ricardo Lorenzetti, Elena Highton de Nolasco, Juan Carlos Maqueda y Horacio Rosatti, que en los hechos produjo la postergación del inicio de lo que iba a ser el primer juicio oral y público contra Cristina Fernández de Kirchner.

Así, lo que prometía convertir al martes 21 de mayo en una “fiesta judicial” para el antikirchnerismo gorila, con su enemiga pública número uno sentada en el banquillo, terminó siendo una frustración por el accionar de una Corte que hasta no hace mucho contaba con el apoyo de macristas, radicales, cívicos y demás oficialistas.

Reacciones políticas

Frente a la contundencia del mensaje dado por la Corte con su resolución, que esta no haya sido firmada por su presidente Carlos Rosenkrantz a esta altura es casi un detalle.

Y que la decisión de los supremos tiene un altísimo nivel de tiempismo político lo confirmó nada menos que el abogado de Cristina, Caros Beraldi. “Esto no es sorpresivo porque hace seis meses que están planteados los recursos”, dijo el letrado este miércoles en Radio Diez.

Si esos pedidos de revisión de la causa fueron presentados a la Corte en noviembre, ¿por qué el máximo tribunal frena el juicio apenas una semana antes de que comience? Es más, el juicio iba a empezar en febrero pero se suspendió para el 21 de mayo tras el pedido de licencia de uno de los jueces del TOF 2, Jorge Tassara (quien finalmente falleció). Entonces vale preguntarse qué hubiera sucedido si el juicio finalmente se hacía en su fecha original y sin una resolución de la Corte como la que emitió esta semana.

Por eso desde el Gobierno y sus laderos saltaron con furia a cuestionar directamente a la Corte. En un acto en Corrientes, Macri dijo “queremos que no haya impunidad”, mientras en Buenos Aires Marcos Peña aseguraba que la decisión genera una “sensación de impunidad”. Iguales consideraciones tuvieron Elisa Carrió y el ministro de Justicia Germán Garavano.

La ultramacrista Laura Alonso, querellante en el juicio en calidad de titular de la Oficina Anticorrupción, le presentó al TOF 2 un escrito en que reclama “que no se suspenda el inicio del juicio contra Cristina Fernández de Kirchner”. Y pidió que “se adopten los recaudos necesarios para que la remisión al máximo tribunal no comprometa el inicio del debate oral y público”.

Y el procurador general de la Nación Eduardo Casal le pidió a la Corte que no obligue a suspender el juicio con su decisión.

Pero pese al ataque coordinado y polifónico del oficialismo, ya es un hecho que el juicio no comenzará el martes 21. Un juicio que, dicho sea de paso, iba a tener más de 130 testigos y se especula que duraría más de un año.

Yo te lo dije

El 1º de marzo de 2015, en su último discurso de inauguración de las sesiones ordinarias del Congreso como jefa de Estado, Cristina Fernández de Kirchner dijo que “el Partido Judicial se ha independizado de la Constitución Nacional, de las leyes, de los códigos y de todo el sistema normativo vigente”. Atónito, a metros suyos, la miraba Ricardo Lorenzetti.

Tras dejar la Casa Rosada, Cristina no pararía de cosechar procesamientos en causas por corrupción, malversación de fondos y hasta asociación ilícita. Tanto hizo el Poder Judicial por congraciarse con el antikirchnerismo gorila que no dejó de recibir elogios de su parte.

El 5 de diciembre de 2018, en un acto junto a decenas de jueces y fiscales (incluyendo a Rosenkrantz), Macri llegó a afirmar que “ahora hay mayor independencia judicial”. Y agregó que, como “los argentinos necesitamos una Justicia en la que todos podamos confiar”, su gobierno apoyaba “a todos los jueces en el país” y se “congratulaba” de que “por primera vez se está condenando por corrupción a altos funcionarios”.

Pocos días después vendría el procesamiento de Cristina como presunta jefa de una “asociación ilícita” en la causa de las fotocopias de Oscar Centeno. Enojada, ella tuitearía: “¿Dónde se escribirán las sentencias? Todo a pedido y a medida de Macri, Cambiemos, Clarín y sobre todo: el desastre de la economía. Partido Judicial a la carta”.

Si, como se dice, el archivo no perdona, los acontecimientos de esta semana a más de uno terminaron dejándolo en off side. El “simple” pedido del expediente por parte de la Corte, para “estudiar” sus 51 cuerpos y determinar si, como cree la defensa de la imputada, la instrucción de la causa tuvo serias irregularidades y no se hicieron pericias claves, terminó de desatar una tormenta con final abierto.

El precio justo

Hoy el crecimiento de la ira oficialista es proporcional a la explosión de alegría kirchnerista. Mientras para unos la Corte se transformó en una manga de traidores a la patria y encubridores de chorros y mercenarios, para otros esa misma Corte comprendió que quedarse tan pegada al oficialismo era correr casi con su misma suerte. Y a las palabras de ayer nomás, parece, se las va llevando el viento.

Pero los hechos son los hechos. El kirchnerismo, que hoy se entusiasma con la aparente “dignidad” de la Corte, es el mismo que durante doce años convivió con ese mismo Poder Judicial “a la carta”, beneficiándose de los cálculos políticos de jueces y fiscales y hasta convirtiendo a exponentes tan nefastos como Norberto Oyarbide en aliados invalorables del “proyecto nacional y popular”.

Pese a los tiempismos y las maniobras acomodaticias, hay algo que en Rosenkrantz, Lorenzetti, Highton de Nolasco, Maqueda y Rosatti se mantiene firme. Siguen siendo la máxima expresión de una casta judicial (y, obviamente, política) totalmente alejada de los intereses de las mayorías populares, forrada de enormes privilegios, con mandatos vitalicios y con la potestad de emitir fallos que afectan la vida de millones de personas sin pagar ningún costo por ello.







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