Sociedad

Violencia sexual y psicoanálisis

“Recobrar lo más subversivo del psicoanálisis frente a su hegemónica tendencia a la domesticación”

Tomás Máscolo

@PibeTiger

Lunes 12 de septiembre | 09:48

El trabajo con mujeres víctimas de violencia de género es un tema que demanda tratarlo en toda su complejidad, más aun si se pretende dar una opinión pública como psicoanalista, ya que se corre el riesgo de caer en una suerte de psicoanalismo (Robert Castel), es decir, dar opiniones embebidas de las ideologías dominantes, pero maquilladas de psicoanálisis.
Muchxs psicoanalistas han puesto de relieve que nunca hay neutralidad en psicoanálisis, siempre tenemos una posición. Algunxs autorxs se escudan en la “neutralidad” para deslizar propias posiciones ideológicas y políticas. Lo mismo ocurre en una situación de vulneración de derechos, sea que el psicoanalista en cuestión decida trabajar sobre la “complicidad” (sic) del sujeto o que ponga en marcha un proceso en el que con el consentimiento de la mujer víctima de esa violencia se procure su empoderamiento legal, social y subjetivo a través de un trabajo interdisciplinario e intersectorial. Ambas praxis estarán bañadas de ideología. La primera invisibiliza que los vínculos heterosexuales están impregnados por siglos de prácticas de dominio masculino y subordinación femenina. La segunda ubica a las mujeres consultantes como sujetos de derecho. Si no está garantizada la integridad física y psíquica, no hay trabajo psicoanalítico posible.

En cuanto al texto remitido por La Izquierda Diario destacamos que toma como punto de partida, estereotipos milenarios de cómo deberían ser las relaciones entre los sexos, qué es la “feminidad” y qué son los “emblemas de virilidad”; que se postulan como invariantes históricas. Estas postulaciones coinciden palmo a palmo con las que dominan el orden patriarcal, cisnormativo y heterosexista instituido y permiten seguir legitimando la dominación masculina. Llegando al borde de justificar la violencia de género con el “componente destructivo inherente a un acto sexual” consensuado.
El autor cierra filas sobre las formas estipuladas de relación entre varones y mujeres desde un sistema machista y cisnormativo; en vez de abrir el debate sobre cuáles serían las nuevas formas posibles de relación entre varones, mujeres y quienes no se consideran ni varones, ni mujeres.
Ese debate redundaría en más praxis psicoanalíticas abiertas a planteos críticos, esto es, recobrar lo más subversivo del psicoanálisis –como vienen haciéndolo numerosxs autorxs– frente a su hegemónica tendencia a la domesticación.




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