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APUNTES MILITANTES

Rebelión en Chile: ¿por qué se necesita un partido para vencer?

¿Por qué Piñera sigue gobernando pese a ser odiado por millones? Si el Frente Amplio y el Partido Comunista son más de lo mismo, ¿qué partido necesitamos construir? ¿Hay que construir partido alguno? Si no queremos que nos pasen por encima, necesitamos un nuevo partido revolucionario de la clase trabajadora y una juventud revolucionaria.

Fabián Puelma

Santiago de Chile

Lunes 9 de diciembre de 2019 | 21:00

Publicamos un artículo de Fabián Puelma, dirigente del Partido de Trabajadores Revolucionario de Chile y editor de La Izquierda Diario de ese país, que aborda los principales debates abiertos a casi dos meses del inicio de la rebelión sobre la necesidad de construir un partido revolucionario para triunfar.

Estamos a pocos días de cumplir dos meses desde que explotó una de las rebeliones populares más importantes de la historia de Chile. Como pocas veces, millones de jóvenes, estudiantes, trabajadores, pobladores en todo el país nos hemos volcado a las calles a cuestionar estos 30 años de herencia de la dictadura.

La juventud fue la chispa que hizo despertar a un país entero. Todo comenzó por los secundarios que acumularon rabia por la represión y criminalización del gobierno. Piñera no esperaba que esos mismos estudiantes que vivieron meses sitiados por Fuerzas Especiales en sus liceos, respondieran iniciando una rebelión que lo dejó entre las cuerdas. Es la juventud que se ha educado en la calle durante todos estos años y que le ha perdido el miedo a la represión; esa juventud que en las poblaciones sabe que este sistema no tiene nada que ofrecer; que homenajeó a Camilo Catrillanca transformando la bandera mapuche en emblema de la movilización; y que se ha rebelado contra la moral de la Iglesia, la que hizo despertar al país y que ha estado en primera línea.

Durante estas semanas hemos impulsado cacerolazos, cortes de calle, multitudinarias movilizaciones, paros y huelgas, barricadas y asambleas. Miles de mujeres se han organizado para denunciar la violencia de género del Estado, las policías, los jueces y el gobierno. Hemos mostrado que emergió una enorme fuerza desde las entrañas de un país saqueado por los grandes empresarios, sus partidos y sus fuerzas represivas. Nos han querido aplastar con represión, pero ni los militares ni Fuerzas Especiales nos han logrado sacar de las calles.

Han sido semanas de lucha, rabia, alegrías, incertidumbres y aprendizajes. Pero si algo nos ha quedado claro, es que los dueños de este país no están dispuestos a tocar sus ganancias, sus privilegios ni mucho menos los pilares de este régimen putrefacto. Despertamos por nuestros abuelos, que trabajan hasta la muerte por las pensiones de hambre. Pedimos pensiones dignas y fin a las AFP, y nos responden con un humillante y mísero reajuste debajo de la línea de pobreza. Pedimos una salud pública digna y de calidad para que los nuestros no se sigan muriendo en las listas de espera, y Mañalich se ríe en nuestra cara al decirnos que nuestro sistema de salud es de los mejores del mundo. Pedimos salarios dignos, y nos responden con bonos miserables.

Hemos dicho fuerte y claro, ¡basta de represión! Y mientras nos siguen pegando, sacando los ojos y torturando, aprueban la maldita ley anti-protesta, una de las leyes represivas más aberrantes de las últimas décadas, que refuerza a Carabineros, esa institución asesina y corrupta que millones odiamos. Hemos dicho que queremos poder decidir y discutir todo, y nos responden con una Convención Constituyente trucha, llena de trampas y vetos a favor de los mismos que defienden este sistema y que nos han negado nuestras demandas durante décadas. Y es que los capitalistas quieren evitar a toda costa que sea el pueblo trabajador el que pueda decidir, porque saben que lo primero que tocaremos serán los privilegios de los grandes empresarios y sus políticos.

Primeras lecciones de la rebelión

Por todo esto es que hoy somos millones los que odiamos a los partidos de este régimen heredado de la dictadura. El grito por dignidad ha sido respondido con prepotencia, indiferencia y brutalidad. Y esto no es casual. Tiene responsables políticos con nombre y apellido. La derecha y la ex Concertación son los responsables de los 30 años contra los que nos rebelamos. Partidos como el PS, la DC, el PPD, son los que sostienen a este gobierno criminal y se han unido para defender su sagrado orden. Estos partidos no son más que los funcionarios de los grandes empresarios, de ese puñado de familias que viven a costa nuestro, que se han enriquecido con el sudor, sufrimiento y humillaciones a nuestras familias.

¿Por qué si este gobierno y estos partidos son odiados por la mayoría, Piñera sigue en el poder? ¿Por qué si hemos mostrado día a día nuestra fuerza en las calles, ahora incluso quieren dejarnos peor de lo que estábamos, con represión y despidos?

Nuestra lucha tuvo su punto más álgido en huelga general del 12 de noviembre. Quieren que olvidemos lo que pasó ese día, cuando el país amaneció con barricadas en las principales rutas, los puertos de todo Chile pararon, el transporte y el comercio tuvieron que dejar de funcionar, y cientos de miles de trabajadoras y trabajadores, jóvenes y pobladores se sumaron a las masivas movilizaciones de la tarde. No olvidamos que ese día Piñera quedó en el aire, los empresarios y sus políticos pusieron el grito en el cielo y en tiempo récord negociaron en la cocina el “Acuerdo de la paz y la nueva Constitución” para desviar la movilización.

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Si esa primera muestra de fuerzas se profundizaba, sumándose más sectores estratégicos como los mineros y trabajadores del transporte, y se daba continuidad a la huelga, Piñera no podría haberse mantenido en el poder. Y así se hubiese abierto la puerta para una salida favorable a la clase trabajadora y el pueblo, imponiendo con la movilización una Asamblea Constituyente verdaderamente libre y soberana para acabar con toda la herencia de la dictadura.

Pero aunque el Partido Comunista y la CUT rechazaron la cocina constituyente, sólo fueron frases para la galería, porque terminaron decidiendo darle una tregua al gobierno y no profundizar el camino que mostró el 12N. Pese a que muchas organizaciones pedían una nueva huelga general más contundente y con continuidad, la conducción de Mesa de Unidad Social decidió iniciar conversaciones con el gobierno y presionar para mejorar el acuerdo Constituyente, convocando a pequeñas acciones sin perspectiva, sin preparación ni organización, que lo único que hacen es desgastar nuestras fuerzas.

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Por eso una de las cosas que hemos aprendido en esta rebelión es que para triunfar no basta con estar en la calle, sino que se necesitan acciones contundentes que golpeen a los dueños del país donde más les duele. La fuerza de los grandes empresarios descansa sobre la clase trabajadora, que es la gran mayoría del país y es la clase que hace funcionar el transporte, las minas, los puertos, los hospitales, los colegios, universidades, la industria y el comercio. Sin la clase trabajadora ellos no son nada y si se pone en movimiento esa fuerza junto a la energía y combatividad de la juventud trabajadora y estudiantil, las y los pobladores, el pueblo mapuche y todo el pueblo trabajador, somos imparables.

Tampoco se nos olvida que a Piñera lo salvaron. Y no sólo fue la ex Concertación. Junto con esto fueron también partidos que decían estar junto al pueblo, que hablaban contra el duopolio y que hoy muestran su verdadera cara. Los principales partidos del Frente Amplio fueron partícipes y artífices de la “cocina” que salvó a Piñera luego de la gran huelga general del 12 de Noviembre. Y si eso no fuera suficiente, ahora desde Revolución Democrática de Giorgio Jackson, hasta Convergencia Social de Gabriel Boric y Gael Yeomans se subordinaron a la agenda criminalizadora del gobierno y votaron a favor de sus leyes de seguridad. El Partido Comunista, que se jactaba de no firmar la cocina constituyente, también muestra su cara, con la mayoría de sus parlamentarios absteniéndose en una votación crucial que no admitía medias tintas. Los que eran los llamados a “reformar” el régimen, terminaron votando o absteniéndose a favor de mantener en pie a un régimen asesino.

¿Por qué construir un nuevo partido?

En este nuevo momento de la lucha muchos se preguntan ¿qué hacer ahora? Lo que queda claro es que como decía León Trotsky, “la victoria es una tarea estratégica”. Y ese combate supone enfrentar enemigos poderosos como los grandes empresarios y sus partidos de la derecha y la ex Concertación, y superar obstáculos importantes como el Partido Comunista y los partidos del Frente Amplio, que pasaron de ser “jóvenes promesas” a no sólo ser parte del paisaje de los palacios y sus negociaciones a espaldas del pueblo, sino que se ganaron un lugar en la historia como cómplices de la política represiva del gobierno.

Para nosotros la conclusión es clara: necesitamos un nuevo partido, un partido revolucionario de la clase trabajadora, que no tenga ningún compromiso con los empresarios y sus políticos. Un partido que se proponga no reformar este sistema, sino acabarlo de raíz.

¿Pero por qué partido? Como vimos, los dueños del país gobiernan a través de sus organizaciones. Se organizan en partidos, tienen los medios de comunicación a su servicio; tienen su Estado, su parlamento, su justicia; son los que controlan a las fuerzas represivas. Así discuten y conspiran todos los días contra la clase trabajadora y el pueblo.

Nosotros también necesitamos un partido porque la clase trabajadora y el pueblo han peleado y pelea en el mundo. Han existido procesos revolucionarios de los cuales sacar conclusiones, empezando por la lucha revolucionaria de los años setenta en nuestro país que terminó en un baño de sangre. Los que luchamos ahora, no tenemos que empezar de cero, podemos aprender de los aciertos y de los errores de las generaciones pasadas y de la lucha de clases internacional y transformar esas lecciones en programa, en una estrategia para vencer, en tácticas para lograr mayor peso y en organización para disputar la dirección del movimiento de masas a las organizaciones reformistas. Si hoy tuviéramos un gran partido revolucionario, de miles de militantes, podríamos pelear mucho mejor contra las burocracias y por poner a la fuerza de la clase trabajadora en la primera línea. Esta tarea, no surgirá espontáneamente de las luchas mismas que damos, sino que es algo que tenemos que construir de forma consciente. Si no lo hacemos, nadie lo hará por nosotros.

Sobre todo ahora, que vivimos un tiempo de convulsión social a nivel internacional. La rebelión en Chile es parte de una oleada de protestas que sacuden a Latinoamérica y el mundo. Su ejemplo nos ha inspirado y hemos aprendido de sus métodos. Hoy la clase trabajadora en Francia está mostrando su enorme fuerza, con la mayor huelga nacional en décadas, paralizando el país para frenar la reforma jubilatoria de Macron. Necesitamos un partido que saque lecciones de esas experiencias y busque transformarlas en una estrategia para vencer.

Si no construimos un nuevo partido, serán los viejos los que mantengan el orden existente y quienes pasen encima nuestro.

¿Por qué un partido revolucionario?

Viendo el triste devenir del Frente Amplio, hay compañeras y compañeros que llegan a la conclusión que ningún partido sirve. Pero la verdad es que no todos los partidos son iguales, y nosotros luchamos por construir un partido distinto. ¿Por qué los partidos del Frente Amplio y el Partido Comunista, que dicen estar junto al pueblo, terminan vendiéndose e integrándose al régimen? Porque buscan reformar este sistema, no terminarlo de raíz. Por eso sus partidos son terreno fértil para arribistas y “figurines” que ante la primera oferta terminan entregando nuestras luchas.

Como confían en que sus negociaciones con la derecha y la ex Concertación pueden llegar a buen puerto, evitan que las movilizaciones los desborden. No confían en la fuerza liberadora de la movilización de trabajadores, jóvenes y mujeres. Por eso buscan encauzarla en los estrechos márgenes de un Estado que nada tiene que ver con los intereses del pueblo trabajador. Cuando la democracia para ricos está en peligro fruto de la movilización popular, prefieren acudir a su rescate, en vez de acabar con el viejo orden.

A diferencia del FA, nuestro objetivo es acabar con el Chile gobernado por un puñado de familias y conquistar un Chile de las y los trabajadores, sin AFP y con sistema de reparto administrado por trabajadores y jubilados; con salud pública digna y para todas y todos; educación pública y gratuita, salarios mínimos acorde a la canasta familiar y reajustables según la inflación; que ponga la ciencia y la tecnología a disposición del trabajo de todos y no de un puñado de parásitos, reduciendo la jornada laboral y repartiendo las horas de trabajo para que todos puedan trabajar. Un país donde se ponga fin a la opresión a la mujer. Donde el pueblo mapuche tenga derecho a la autodeterminación. Un Chile donde las riquezas del país estén en manos de las y los trabajadores en beneficio de toda la población.

Con estos objetivos se puede construir un partido que no le deba nada a este régimen, a este Estado, a los empresarios y sus políticos. Nos proponemos construir un partido que tenga como objetivo la completa liberación, material y espiritual, de los trabajadores y de los explotados por medio de la revolución socialista. Que se proponga acabar con este sistema capitalista depredador, que se roba nuestras vidas, nuestro futuro y el planeta. Que luche por una nueva sociedad y por reorganizar la economía y la sociedad toda sobre nuevas bases sociales, para dejar atrás la historia de explotación y opresión. Luchamos por un Estado en donde no sean los funcionarios ricos y de ricas familias quienes gobiernen, sino que sean las trabajadoras y los trabajadores, junto a todo el pueblo trabajador quienes tengan el poder. Es decir, la inmensa mayoría del país.

¿Por qué un partido de la clase trabajadora?

Porque el ejemplo del 12N y la huelga general en Francia muestran la potencialidad de esta fuerza. Son los trabajadores y trabajadoras las que tienen la fuerza para darlo vuelta todo si logran aliarse con los más pobres, con el movimiento de mujeres en lucha, con los estudiantes y los sectores medios arruinados. Nosotros no vamos a esperar en nuestras casas que esa fuerza se exprese. En un momento donde millones de trabajadores han despertado y muchos ya no están dispuestos a aceptar los abusos de sus jefes y las precarias condiciones de trabajo y de vida, una de las principales tareas planteadas en este momento es buscar organizar esas luchas por mejores salarios, mejores condiciones de trabajo y enfrentar los despidos.

Ahora tienen el descaro de echarnos la culpa a nosotros del mayor desempleo, del aumento de los precios y del bajo crecimiento económico. Quieren que volvamos a estar de rodillas. Cada lucha es fundamental, cada triunfo que obtenga la clase trabajadora, como el fin al subcontrato en la USACH, debe ser un ejemplo que inspire a todas las y los trabajadores. ¡La clase trabajadora debe pasar a la primera línea!

Un partido revolucionario de la clase trabajadora tiene que pelear para que los y las trabajadoras se auto organicen y por forjar la alianza obrera y popular. Por más fuerte que sea el partido, tenemos que impulsar la organización democrática de millones porque como decía Marx, “la emancipación de la clase trabajadora debe ser obra de los trabajadores mismos”. A eso es lo que apostamos cuando en lugares como Antofagasta, nos jugamos por impulsar y fortalecer instancias como el Comité de Emergencia y Resguardo, que se ha transformado en la principal herramienta de organización de la lucha en la región, logrando coordinar a sindicatos, organizaciones de las principales poblaciones, estudiantes, organizaciones de Derechos Humanos y profesionales. Una fuerza que se mostró en la huelga del 12N, organizando la jornada desde lugares de trabajo y poblaciones, junto a las principales organizaciones sindicales y sociales de la región, como son los portuarios. Ahora el Comité impulsa el Boletín “El despertar de los trabajadores y la juventud”, para llegar a las y los trabajadores de los principales lugares para mostrar que es posible pelear y ganar. Porque la fuerza que vimos en las calles, ya está llegando a los lugares de trabajo y debemos proponernos terminar con la herencia de la dictadura allí también.

En Santiago hemos estado codo a codo con las y los trabajadores del Hospital Barros Luco, quienes han destacado por decir claramente que Piñera se debe ir con la huelga general e impulsar un histórico paro, con marchas, asambleas e instancias de coordinación con otros trabajadores de la salud, estudiantes secundarios y pobladores.

Una vez que abrimos los ojos, no los volveremos a cerrar

Esta es la pelea que damos desde el Partido de Trabajadores Revolucionarios. Nosotros somos un grupo de trabajadores, estudiantes, mujeres, intelectuales que militamos día a día por esta perspectiva. Sabemos que un verdadero partido revolucionario no surgirá sólo del crecimiento de nuestra corriente, sino que será fruto de la confluencia entre quienes militamos conscientemente desde el marxismo revolucionario, con nuevos sectores de la clase trabajadora y la juventud que despiertan a la vida política y la fusión con grupos que se acerquen a las ideas revolucionarias.

Luchamos por un gran partido revolucionario de la clase trabajadora con miles de trabajadoras y trabajadores, estudiantes, intelectuales, agrupadas en corrientes revolucionarias en los principales sectores de la economía y en cientos de lugares de estudio y trabajo a nivel nacional. Un partido que impulse una gran juventud revolucionaria y anti-capitalista, que se apoye en el pasado, que aprenda del presente y que mire el futuro, porque ese futuro le pertenece a la juventud.

En este camino, es que nos organizamos y participamos de la lucha con un programa para que la lucha triunfe e impulsamos el medio La Izquierda Diario, que desde que inició la rebelión ha tenido cerca de 4 millones de visitas. Participamos de las luchas sindicales, pero combatiendo la burocracia sindical. Participamos de las elecciones sin ser parlamentaristas, porque sabemos que no será con maniobras en los palacios del parlamento que conquistaremos nuestras demandas.

Somos una organización internacionalista, y en lugares como en Argentina, donde nuestros compañeros como Nicolás del Caño tienen cargos parlamentarios, rechazamos toda jubilación de privilegio, nuestros parlamentarios reciben un sueldo igual al de una profesora y el resto de su dieta la donan a las luchas populares y en cada lucha y manifestación, están en la calle, poniéndose al frente para enfrentar la represión. Luchamos por construir un partido internacional de la revolución socialista, por eso impulsamos la Fracción Trotskista por la Cuarta Internacional y levantamos la red internacional La Izquierda Diario con 13 diarios en 7 idiomas.

Hoy día estamos impulsando comités abiertos del PTR y La Izquierda diario, y también comités de juventud y nuestra invitación es a hacer una experiencia común en estos comités con todos quienes hemos compartido la lucha por sacar a Piñera a través de la huelga general; por impulsar la auto-organización a través de coordinadoras, comités y cordones para articular a la clase trabajadora, estudiantes, probladores y profesionales; y la pelea por una Asamblea Constituyente realmente libre y soberana, para discutir la necesidad de construir un partido revolucionario de la clase trabajadora.







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