Juventud

SEGUNDA PARTE

Rappis y furioses (II)

En la nota anterior describimos condiciones de trabajo y experiencias cotidianas comunes que construyen un colectivo entre los trabajadores de aplicaciones de Córdoba. En esta segunda parte indagaremos las formas de organización, movilización e incorporación del gran universo de trabajadores precarizados.

Susana Roitman

Docente de la Universidad de Villa María

Vanesa Villarreal

Docente de la Universidad de Villa María

Domingo 17 de mayo | 13:01

Del relato de los entrevistados en la nota anterior les trabajadores de aplicaciones conforman un grupo heterogéneo y entre compañeros se cuidan, se escuchan y se ayudan.

Hay pues un cúmulo de experiencias comunes que habilitan la “disposición a actuar como clase” de la que hablaba Edward Thompson (1).

La represión policial es parte de esa experiencia. Es habitual la prepotencia de las “fuerzas de seguridad” hacia los repartidores, pero el maltrato llegó a su límite el 7 de mayo, cuando se llevaron dos pibes presos, después de una asamblea que duró apenas diez minutos.

Al respecto, Rodrigo relata: “Al momento de mi detención ya había terminado la manifestación. Y estaba a 100 metros del lugar y en un semáforo como cualquiera, ya tenía un auto atrás y bicicletas al costado, circulando normal. Estaba yendo a Quebrada de Las Rosas por un pedido particular, se me para el policía a delante de la moto y me dice, bajate de la moto y … le digo que no. Entonces me saca la llave de mi moto y cuando intento agarrar las llaves ahí me gira el manubrio y me tira junto con la moto y es ahí cuando me agarra del cuello, me pegan y después me quieren subir al móvil -como muestra el vídeo- y me resisto. Eh…, cuando me llevan a la comisaría, este mismo policía que me tiró, llamado Sergio, le estaba dando órdenes al resto de los policías para que todos tengan que decir lo mismo. (Sergio el policía) Vamos a decir que él (Rodrigo) se bajó de la moto para discutir y que lo aprendimos en la vereda, pero una de las policías le responde a Sergio que ya estaba circulando un vídeo en las redes sociales y… ahí cambiaron de opinión. Lo peor es que me llevan detenido por violar la cuarentena, yo tenía permiso y estaba en horario de trabajo. Eh… fue muy feo. Les pedí que me aflojaran las esposas y me las ajustaron más y les pedí un baño durante media hora y no había papel a lo que me responde: y bueno macho sacrifica una media. Fue horrible el trato de la policía muy, muy feo”.

Lucha y organización

El rechazo a la represión no se hizo esperar y el lunes 11 de mayo una importante caravana de bicis y motos partió desde la esquina tradicional del Patio Olmos en protesta por la represión y con la exigencia de duplicar la tarifa del pedido.

Con rapidez y logística adquirida en el oficio, coordinaron en un santiamén para salir a pedalear en varios lugares del país el jueves 13, con vistas a fortalecer la Red Nacional de Precarizados. Otras notas de este medio reflejan la movida. Nosotras, docentes, también abrumadas con el teletrabajo, la licuación salarial y el ninguneo de la conducción gremial, acompañamos la caravana y aplaudimos a les pibes. La combinación de astucia para eludir la densa presión policial, responsabilidad para mantener el distanciamiento social y la contundencia y colorido de la acción resultaron un ballet. Las varias decenas de bicis y motos con mochilas rojas, verdes y amarillas; portando banderas y carteles arrancaron los saludos de los transeúntes de una ciudad, tan familiar y tan extraña hoy. Quizá lo más relevante es que el abigarrado sector de aplicaciones no estaba solo: estudiantes, mozxs, trabajadores de hotel, asalariades formales acompañamos el reclamo.

No fue magia

De las experiencias comunes, el sociólogo John Kelly sostiene que es el sentimiento de injusticia el que puede germinar en movilización. De esos sentimientos el más violento en el mundo del trabajo –sostiene Francois Dubet, sociólogo francés– es la de la explotación “que resulta de profundo sentimiento de desequilibrio entre la contribución que realiza el trabajador y la recompensa, y, aún más, tal desequilibrio se presenta como un despojo”. Claro que esta explotación no remite a la conocida expresión marxiana de diferencia entre el valor producido por el trabajador y el valor de la fuerza de trabajo en bienes salariales, sino a una inquietud del orden de lo afectivo, que se forja en el espacio del trabajo. Dubet sostiene que “un gran número de injusticias son atribuidas a los individuos antes que al sistema”. Es aquí donde la agitación, el liderazgo, la persuasión y la pasión militante pueden desafiar esta construcción de sentido común permeada de individualismo por el avance discursivo neoconservador. Esa labor paciente se desarrolla desde hace un año y medio entre les trabajadores de aplicaciones.

Al respecto, Romina sostiene: “Nosotros nos venimos organizando por asamblea, que consideramos es el mejor método para organizarse donde todos podemos hablar, dónde podemos votar, donde se demuestra en última instancia lo que somos: compañeros, que nadie es más que nadie. Actualmente estamos con una asamblea en donde estamos haciendo un fondo común para juntar y repartir herramientas de higiene, barbijos y demás, para compañeras y compañeros que no pueden comprarse esas cosas. Hay compañeros que se comparten barbijos, lo que es muy insalubre y terrible la posibilidad de contagio, pero no les alcanza comprarse otro barbijo. Entonces estamos viendo de repartir herramientas de higiene así como un aumento de la base del pedido porque estamos expuestos al contagio y consideramos que es necesario ese aumento”.

No es casual que 2018, año de la marea verde y de la lucha estudiantil que desafió la “forma gremial” fetichizada tanto entre les docentes como entre les estudiantes, haya sido el de la emergencia de estos modos horizontales y desenfadados de organizarse.
“Todo comenzó hace un año y medio, o un poco más, cuando hicimos los primeros bicicletazos, pasábamos por las distintas facultades de la UNC invitando a los estudiantes a participar e informar de la situación laboral. Hubo varios estudiantes de la UNC que participaron”.

Volver a las fuentes

Mariana Mastrángelo, en su libro Rojos en la Córdoba obrera (2011), estudia la intensa vida política y la incidencia de comunistas, anarquistas y otros grupos de izquierda en las relaciones sociales de San Francisco y Río Cuarto, dos ciudades importantes del interior de Córdoba, en las décadas entre 1930 y 1943 (2).

En su investigación, descubre las huellas de una intensa conflictividad y se pregunta cómo es que llegan ideas revolucionarias a ciudades del interior, que nuestro imaginario asocia a conservadurismo y docilidad. Encuentra una militancia insistente, muy bien formada, pero capaz de un lenguaje sencillo que conmovió y entusiasmó a los trabajadores rurales, de la construcción y de las industrias del interior. Como señala la historiadora citando a Osvaldo Bayer, el Pacto de Solidaridad refrendado por la FORA en 1904, establecía “las sociedades (los sindicatos) serán absolutamente autónomas en su vida interior y de relación y sus individuos no ejercerán autoridad alguna”.

Si consideramos que en el Gran Córdoba, según la EPH, los trabajadores asalariados sin descuento jubilatorio (eufemismo por no decir “en negro”) representan el 34% de los laburantes en relación de dependencia, a lo que hay que sumar un 32% de la PEA cuentapropista (incluyendo monotributistas como los trabajadores de aplicaciones), vemos la enorme base social de trabajadoras y trabajadores que desenvuelven su vida su vida entre trabajos mal pagos, sin protección jurídica, changas, ayudas estatales y redes familiares y barriales para esta Red Nacional de Trabajadores Precarizados. Hay un mundo para ganar y muy poco que perder.

(1) E. P. Thompson (2012) Formación de la clase obrera en Inglaterra. Editorial: Capitán Swing.

(2) M. Mastrángelo (2011) Rojos en la Córdoba obrera 1930-1943. Imago Mundi.







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