Sociedad

OPINIÓN

Ramona y la pelea por el pan

Ser mujer, comunicadora, militante, madre, esencial y morir por la desidia del Estado. Vivir en la Villa 31, que es una gran casa donde habitan miles, donde reciclar hasta el agua de los fideos, enfrentarse a la gorra y al hambre es una lucha cotidiana.

Erica Sechi

Trabajadora Hospital El Dique

Jueves 21 de mayo de 2020 | 12:40

Foto: Página 12

El domingo nos levantamos con una triste noticia que nos invadió de bronca, de odio, de ese odio que llena de ganas de prender fuego todo, que sostiene firmemente la idea de que esto no da para más, la idea que siempre nos recuerda que el cuerpo y la vida ante cada crisis de este sistema lo ponemos las y los de siempre.

Ramona como cientos de mujeres enfrentaba el hambre desde siempre en la primera línea de la villa 31, lugar donde la crisis es una constante y la pelea por el pan la base de todas las peleas cotidianas.

Las diferentes estrategias de organización comunitaria para frenar el hambre tienen rostro de mujer, son ellas las que organizan comedores y merenderos, recorren el barrio preocupándose por la salud de los vecinos, se juntan y se plantan para hacerle frente a todo, son las primeras en denunciar el gatillo fácil de la policía que se lleva la vida de cientos de pibes todos los años, con el coraje más grande del mundo exponen a las redes de trata que operan con la complicidad del poder político y de la policía.

A Ramona la mató la negligencia y desidia del Estado; Ramona no contrajo Covid viajando a Europa de vacaciones ni siendo negligente pasando la cuarentena en la Costa, Ramona murió de Covid por que para ella igual que para miles el “quédate en casa” no era opción viable.

Porque la 31 es una gran casa que alberga a miles de personas, porque en la 31 la distancia social no es posible cuando compartís tu vivienda con 7 personas más, porque en la 31 igual que en tantas villas y asentamientos de todo el país quedarse en casa no es posible cuando tus hijos te dicen que tienen hambre, cuando tus viejos no tienen plata para los medicamentos, cuando el IFE de 10 mil míseros pesos no la pudiste cobrar por algún tecnicismo, falla del sistema o cuestión burocrática, o porque simplemente no aguantas ver como los chicos del barrio están cada día más delgados, entonces te organizas, te agrupas y armas la olla, entonces el riesgo del contacto tienen que quedar necesariamente en segundo plano, porque el hambre es más urgente, porque Ramona sabía que si los pibes no comen no tienen defensas para enfrentar ni una gripe común, y Ramona sabía también, como venía denunciando, que no te podés lavar las manos si no tenes agua, si tenés que reciclar hasta el agua de los fideos porque no tenés un mango para comprar un bidón, y sabes que están dadas todas las condiciones para enfermarte.

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Ramona era comunicadora de la Garganta poderosa, una organización social que desde hace décadas denuncia las condiciones de vida a las que se ven expuestas miles de personas en las villas y asentamientos de este país. Ramona era una luchadora. Ramona era esencial.

Ramona era insulinodependiente, vivía junto a 7 miembros de su familia hacinada en un departamento de la Villa 31 donde,según informan "en el último análisis oficial de los barrios en la Villa 31-31bis realizado por la DGEyC GCBA (2017), viven 30.500 personas. Según el RENABAP (Registro Nacional de Barrios Populares, realizado por organizaciones sociales, hacia el 2020, definen que viven un poco más de 40.000. Y según los propios vecinos y vecinas, estiman que son 60. 000”.

En la villa 31-31bis, el 20% de los hogares son monoparentales. En esos hogares, el 90% son mujeres, solas; 4 de cada 10 mujeres (34 %) que viven en barrios populares cuentan que su ocupación más relevante son las tareas fijas en el hogar y sin sueldo.

Ramona estaba sola a cargo de sus hijas, una de ellas con una discapacidad que no le permite el autovalimiento. Ramona no vivía así desde que empezó la cuarentena, Ramona no vivía así desde los gobiernos de Fernández, de Larreta o de los K, la gente de la Villa 31 vive así desde que la villa existe cuando otra crisis sacudió a este mundo poniendo en jaque a este sistema allá por 1930, claro, las condiciones se fueron agravando con el paso de las décadas, con el paso de los gobiernos de los diferentes colores, con la desidia y negligencia del Estado.

Ramona al igual que miles de mujeres tenía que rebuscarse el mango, de empleo en empleo, de casa en casa; limpiando, cuidando… y al llegar al hogar todo esto otra vez. Las horas de trabajo son incontables cuando se vive trabajando, el cuerpo se cansa, se enferma y empieza a pasar factura; la mala alimentación, porque comer sano cuesta caro y requiere tiempo ¿tiempo? Eso que tenemos apenas para comer, dormir, si tenemos agua bañarnos también, el resto de este se lo queda el empleador, lo chupa el capital, a cambio se nos ofrece una módica suma, lo suficiente (a veces) para poder comer (nosotras y nuestros hijes), dormir y si tenemos agua bañarnos también… siendo mujer el tiempo parece aún más, la jornada de trabajo se multiplica, pero la mitad de esa jornada, la que se desarrolla en casa no se ve, es invisibilizada a la par que nos envuelven desde que nacemos desde los medios de comunicación masivos, a través de las instituciones, con versitos y frases hechas sobre el “amor y el calor del hogar” (calor si es verano, o si el dinero alcanza para recargar la garrafa) para que cumplamos “nuestro rol” sin chistar, para que no parezca ser eso que es en realidad: más trabajo!

Y el cuerpo se cansa, se enferma, nos pide que paremos, que bajemos un cambio, pero no se puede, hay que pagar el alquiler, los chicos tienen que comer, necesitan ropa, el padre se fue, no pasa cuota alimentaria, la asignación no alcanza, y no queda otra más que seguir y seguir trabajando, hasta cuando el cuerpo dice basta, pese a que pida más y más remedios… y llega el coronavirus y todo empeora aún más. La vida en el barrio, para las familias trabajadoras y en especial para las mujeres, se complejiza, los recursos como el agua potable que falta cada dos por tres se hacen más necesarios que nunca, siendo esta esencial para la desinfección y el aseo personal que se promueve desde las publicidades estatales que parecen tomarle el pelo a miles de vecinos; el coronavirus, la cuarentena y el aislamiento social obligatorio, sin políticas sociales reales que atiendan a las genuinas necesidades de las personas, que garanticen principalmente viviendas no precarias para las miles de familias de las villas y asentamientos populares, que cuenten los servicios básicos; es ilógico que existiendo en las ciudades cientos de hoteles vacíos o inmuebles reñidos por la especulación inmobiliaria personas se encuentren expuestas al contagio del virus por habitar en condiciones precarias.

Los vecinos se vienen organizando en asambleas en los que las exigencias que se expresan son continuidad del Operativo Detectar de testeos masivos en el barrio; no al abandono y desidia en los hospitales; ambulancia en el barrio las 24 horas; asistencia y alimentos para familias en aislamiento preventivo por contactos estrechos; asistencia alimentaria y kits de bioseguridad y limpieza para los comedores y merenderos del barrio, aislamiento seguro (afuera del barrio) a los vecinos de contactos estrechos…. ¡Y gritan fuerte que el Estado es responsable, que la muerte de Ramona era evitable!

El IFE de 10 mil pesos no es suficiente, un impuesto a las grandes fortunas, como argumento Nicolas del caño diputado del Frente de izquierda en declaraciones a la prensa: "un impuesto extraordinario a los bancos y grandes fortunas como el que presentó el Frente de Izquierda no puede dilatarse más: es necesario para que todos aquellos que lo necesiten puedan tener un salario de cuarentena de $30.000, sin exclusiones, además de conseguir recursos para paliar las necesidades del sistema de salud frente a la pandemia y construir 100.000 viviendas en un año. Eso es lo que queremos poner a discusión y se siguen con excusas para dilatar la sesión"(vale aclarar que el gobierno de Fernández amago y amago, pero el proyecto nunca se trató).

Necesitamos medidas que nos permitan enfrentar esta coyuntura, pero a sabiendas que es necesario poner fin a este sistema de opresión y explotación capitalista que perpetúa las condiciones de precariedad de la vida de las enormes mayorías que conformamos la clase trabajadora. ¡el sistema capitalista es responsable! ¡Nuestras vidas valen más que sus ganancias!

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