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Rajoy: triste, solitario y final

A raíz del 1O, el Gobierno de Rajoy está afrontando un momento de aislamiento político que podría ser letal. Tal como le pasó a Aznar en 2003.

Guillermo Ferrari

Barcelona | @LLegui1968

Viernes 22 de septiembre | Edición del día

El Gobierno de Rajoy está promediando su legislatura en un momento de tensión más que palpable en las calles de Catalunya y de varias ciudades del Estado como hemos visto en la Plaza del Sol de Madrid. Esta tensión se traslada también al Congreso y la alianza entre los partidos políticos. Está en juego la territorialidad actual del Estado español, la misma existencia del Estado.

Rajoy acabó siendo investido luego de casi un año sin ejecutivo y en el marco de un gran debilitamiento del Régimen bipartidista. Tan debilitado está, que el rey Juan Carlos adelantó su “muerte” política y abdicó a favor de su hijo para evitar posibles problemas si el bipartidismo caía. No cayó pero sí está herido de muerte, está agonizando muy lentamente.

La investidura de Rajoy, quizás haya sido el gran último (o penúltimo) servicio que el PSOE brinda a la derecha y al Régimen del 78. El PSOE, con el apoyo del PCE, le dio un gran espaldarazo a la derecha del búnker aceptando al Rey, creando una Constitución reaccionaria que no contemplaba la “España plurinacional”, y durante años se dedicó a gestionar los negocios de los capitalistas. Y, ante la convocatoria del 1O, le sigue apoyando aunque con críticas.

Lo cierto es que el PSOE de Pedro Sánchez se está debatiendo entre la vida y la muerte. Ha apoyado a Rajoy en la defensa y aplicación de la ley, pero ¡Ay!, no le gusta la aplicación que hace la derecha. No se puede estar en misa y repicando. Por ello mismo, los cimientos del PSOE vuelven a tremolar y que a nadie extrañe que se acabe destruyendo. Y, con el PSOE también caerá el bipartidismo.

¿Cómo se aprobarán los presupuestos?

El aislamiento político de Rajoy también se manifiesta en otro punto que hasta hace unos meses ya tenía cerrado: los presupuestos 2018. Para los de 2017 funcionaron los acuerdos celebrados con Ciudadanos, PNV y los diputados canarios. Sin embargo, no parece que los de éste año salgan de las misma manera.

El portavoz del PNV en el Parlamento Vasco, Joseba Egibar, ha dejado claro que “no hay ninguna razón para apoyar los presupuestos del Estado de 2018”. Lo cual, sumado al PSOE que debe tratar de separarse de los populares, hace que tremole la aprobación. Hasta que el Gobierno de Rajoy no mejore la relación con Catalunya, no aprobarían los presupuestos.

Iñaki Urkullu, el Lehendakari, en un pleno del Parlamento Vasco, planteó que “la salida del laberinto político territorial se encuentra en el horizonte del estado confederal” y que era necesario permitir “un reparto de competencias y también de soberanía”. Asimismo, ha reclamado que se avance en el reconocimiento jurídico-político, social y cultural "de las realidades nacionales vasca, catalana y gallega, además de la española".

El Lehendakari declaró “…Propongo promover un proceso de diálogo político e institucional que permita conciliar democráticamente las aspiraciones mayoritarias de las sociedades española, catalana y vasca…”. Y remató con que el “derecho de la ciudadanía a ser consultada sobre su futuro de manera legal y pactada conjugando el principio democrático y el de legalidad”

El PNV, el partido de la burguesía vasca, siempre ha estado dispuesto a negociar ya sea con el PSOE o con el PP. Es un partido que busca la “centralidad” para gobernar Euskadi, “su cortijo” y para dirigir mejor sus negocios. Por ello, no es descartable que las palabras de Urkullu y Egibar sean una presión para negociar en mejores condiciones con Rajoy. Aunque tampoco hay que descartar que con el “proceso catalán”, Bildu le esté ganando parte del electorado y que en las últimas elecciones vascas, el PNV ganó por un estrecho margen.

La gran prueba del Gobierno de Rajoy

El enfrentamiento político en Catalunya va en aumento. Las detenciones de 14 miembros de la Generalitat y la incautación de las cartas para formar las mesas el 1O, junto con la “invasión” de la Guardia Civil han demostrado que va a mayor. El pueblo catalán, en particular los estudiantes universitarios, lo ha entendido rápidamente y ha salido a las calles para enfrentarlos.

En éste enfrentamiento el PP se está desgastando rápidamente. Rajoy es quien lleva adelante la ofensiva con el apoyo de los jueces y el TC. Apoyado por Rivera que se escuda en un segundo plano para ver si luego de la tormenta arremete contra su “jefe”. Apoyado por el “nuevo” PSOE de Pedro Sánchez que se queja de “los malos tratos” y del poco “diálogo” por parte del Gobierno central.

Esta alianza PP-PSOE-Ciudadanos coincide en la unidad de España, en la defensa de la Constitución y del reaccionario Régimen del 78, el respeto de la ley; pero al mismo tiempo se están debatiendo entre sí porque luchan por el mismo espacio político que se está estrechando. Es una unidad con codazos, con patadas y empujones.

La cuestión catalana es la gran prueba del Gobierno de Rajoy, de la transición, del Régimen del 78 y sus instituciones. Está por verse como saldrán de ésta. No se sabe bien qué pasará el 1O pero esto no acaba ahí. Los trabajadores y el pueblo catalanes pueden ser la cabeza de un nuevo movimiento democrático en todo el estado español que arrase con el Gobierno de Rajoy. Se están acabando los años de recortes y pasividad social. Se está por abrir una nueva etapa con las masas sociales dentro de la escena política.






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