Cultura

OPINIÓN

Rafaella Carrá: la diva que trascendió los prejuicios

Este 18 de junio cumple 77 años la cantante popular que apoya a los obreros, vota a la izquierda y militó la libertad sexual en los años 70

Mariela Pozzi

Trabajadora telefónica // Agrupación Violeta

Jueves 18 de junio | 20:11

Aunque muchos tildan sus canciones de frívolas y superficiales, las composiciones de "La Carrá" junto a su marido de entonces, Gianni Boncompagni, cuestionaban muchos prejuicios de época y hablaban de temas vedados: la homosexualidad, la masturbación femenina o el gusto por el sadomasoquismo, entre otros.

Raffaella Maria Roberta Pelloni nació el 18 de junio de 1943 en Bolonia, norte de Italia. Su padre era dueño de un bar, su madre ama de casa. A los 9 años debutó gracias a un amigo de la familia en la película Tormento del passato, y por la buena aceptación en los sets y las cualidades histriónicas de la niña, su madre la inscribió en la escuela de danzas y de actuación.

Ya viviendo en Roma, contará luego que su intención era ser coreógrafa pero que por esas cosse della vita, cuando tuvo tres minutos en un programa de entretenimientos en la RAI, bailó tan desenfrenadamente que ya nunca volvió a ser la que era: estaba naciendo la diva Rafaella. Sí, esa que Lady Gaga y Madonna tomaron como referente.

Por su breve paso en el cine, quedan alrededor de 10 películas y dejó unas cuantas anécdotas. Lo plantó a Frank Sinatra porque dijo que la trataba mejor que al resto del set, hizo una producción con Steve Mc Queen, actuó junto a Bill Cosby en una serie y se cansó de Hollywood por falta de profesionalismo (sic). En Italia personificó a Bianca en la película I Compagni (1963), donde adhería a las ideas socialistas, junto a Marcello Mastroianni, quien personifica al profesor que ayuda a organizar una huelga textil.

Rafaela Carrá, en la piel de Bianca en el film Los Camaradas de Mario Monicelli, 1963.

Cuando se cansó de la actuación, la pegó con un par de temas movedizos sumados a su desparpajo. Siempre resaltando su silueta con catsuits de lycra, acompañada de un grupete de bailarines varones, súbditos ajustadísimos, que no paraban de revolearla por los aires. El chicotazo cervical fue su sello, millones de niñas y adolescentes intentaron reproducirlo al escuchar sus canciones, incluída esta cronista.

Como no podía ser de otra manera, el vaticano la censuró por mostrar el ombligo. Años más tarde, al ser una cantante tan popular, no solo en su país, sino en el resto del mundo, levantó la censura sin mucha explicación. Rafaella triunfó en América Latina, Canadá y varios países de Europa.

En Argentina, en plena dictadura militar se hizo de masas con sus canciones “Fiesta”, y la censurada “Hay que venir al sur”. Los milicos le cambiaron la letra por “para enamorarse bien", cuando la blonda reclamaba “hacer bien el amor” y a los amantes se los trocaron por amores, así de naif la conocimos. El álbum “Fiesta” fue el noveno de la cantante lanzado en 1977 por el sello CGD.

Pero lo cierto es que sus canciones hablaban solapadamente de temas tabú para la época. La homosexualidad en Lucas. Era un muchacho que a ella la tenía completamente enamorada pero la dejaba por un viejo amigo al cual abraza y “desde ese día yo jamás lo he vuelto a ver”. En 03 03 456 le propone a su amante por teléfono que le responda, pero ante la negativa de él, le dice que ya no lo necesita, ”mi dedo está enrojecido de tanto marcar, se mueve solo sobre mi cuerpo y marca sin parar”. O el “El santo me engañó…, dónde está el sadismo, dónde el masoquismo, lo que él me prometió?”.

La diva popular se empoderó y en esos años dijo que no quería tener hijos y que no se haría ninguna cirugía estética, reivindicaba la libertad sexual de las mujeres y le escapaba a los mandatos sociales. Incluso se plantó ante los productores de su programa y exigió el mismo sueldo que los presentadores masculinos, cuando condujo Rafaella Carrá Show, donde 14 millones de italianos la miraban en cada emisión.

Raffaella no solo era seguida y amada por la audiencia también logró ser respetada por todas y todos. "Cuando ella entraba por la puerta, todo el mundo se callaba para escucharla. No era solo una rubia con ropa ajustada y brillante. Era una mujer muy potente. Con mucha fuerza. Y eso se notaba estuviera donde estuviera", contó una de las personas que trabajó con ella.

Aún hoy reivindica las luchas de las mujeres y vemos su envejecimiento natural con una belleza inusual para una diva.

Ya en los 90 se destacó como presentadora de televisión y realizó numerosas entrevistas a diversas personalidades de la política, la farándula y deportistas. Se dice en Italia: "más conocido que el papa, Maradona y La Carrá". Fue ahí donde Maradona quedó flasheado por la rubia y cuenta la leyenda que intentó seducirla. Su marido de entonces, su coreógrafo Enrique A dijo que en una fiesta con el futbolista y su representante Coppola le dijo a éste: ’Guillermo, déjalos estar (a Diego y Raffaella NdeR) así después no me rompe a mí’. ¡Nosotros jugábamos y él ya estaba adelantado!". En varias oportunidades, la pareja dejó entrever que adherían al amor libre.

Raffaella ha declarado que siempre ha votado a la izquierda y que en un conflicto entre obreros y patrones se pone incondicionalmente del lado de los trabajadores. Será por eso que en muchas casas de trabajadores y trabajadoras se escuchó sin descanso y aún hoy, hay quien se anima a bailotear, moviendo la cabeza, un “me explota...explota, me exploooooo, me explota mi corazón!!!”







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