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RB Leipzig: el club-empresa más odiado del fútbol alemán

Es propiedad del multimillonario dueño de Red Bull, marca de bebidas energizantes. Fundado en 2009, representa valores comerciales en el fútbol y por eso genera rechazo. Ayer protagonizó un hito: llegó a semifinales de Champions.

Augusto Dorado

@AugustoDorado

Viernes 14 de agosto | 13:30

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El equipo ayer dio el batacazo eliminando al Atlético de Madrid del Cholo Simeone. Este club que tiene poco más de 10 años de existencia, el Red Bull Leipzig como todo el mundo lo conoce en realidad se llama Rasen Ballsport Leipzig, que significa algo así como “El club pelota al piso” de Leipzig. La “ciudad de la música”, como se la bautizó popularmente en Alemania, se ubica al noreste de Sajonia y tiene mucha historia cultural y política: es la ciudad en la que vivieron próceres de la música clásica como Joan Sebastian Bach, Richard Wagner y Mendelssohn, pero también el filósofo Friedrich Nietzche, y es donde nació el célebre dirigente comunista Karl Liebcknecht.

Pero si hoy hablamos de Leipzig, hablamos de este club que se hizo famoso en poquísimos años, muy odiado por hinchas de diversos clubes de Alemania y que ahora llegó a las semifinales de la Champions League: le ganó 2 a 1 al Aléti español. El RB no se puede llamar abiertamente Red Bull porque las reglas del fútbol alemán todavía no lo permiten.

¿Por qué es un club tan odiado? Básicamente porque es un club empresa, es la aventura de un millonario austríaco en el fútbol alemán. El dueño de la fábrica de bebidas energizantes es Dietrich Mateschitz, uno de los tipos más ricos de Austria y del mundo con una fortuna de 16.000 millones de dólares, según consigna en un muy buen informe sobre la historia del club la revista española Panenka. Red Bull vende 6.000 millones de latas de energizante por año.

Dietrich Mateschitz, multimillonario dueño de Red Bull.
Dietrich Mateschitz, multimillonario dueño de Red Bull.

Parte de la estrategia de márketing de este magnate siempre fue utilizar al deporte como vehículo de publicidad para su empresa: cuando decimos vehículo es literal porque entre las principales disciplinas en las que desembarcó está la Fórmula 1 (una actividad muchísimo más comercializada que el fútbol). También logró quedar muy relacionado con los llamados deportes extremos (como paracaidismo, skate, mountain bike), y con popularísimos eventos culturales como las famosas “riñas de gallos” de raperos y hip-hoperos.

Pero este gran capitalista tenía la obsesión de hacer pie en el fútbol y empezó en su propio país: en 2005 compró el club Austria Salzburgo, le cambió el nombre, le cambió los colores y lo transformó en un club nuevo. Directamente le cambió la identidad, a pesar de la oposición de la hinchada de este club fundado en 1933. Pasó a ser Red Bull Salzburgo y a jugar en el Red Bull Arena y se acabó la discusión. Pero gran parte de sus hinchas sintieron que en ese movimiento de compra se murió el club: en el último partido al que asistieron en aquel 2005 se quedaron en silencio, como en un funeral. Se fueron en pleno partido y no volvieron más. Al tiempo fundaron otro club, con su color violeta tradicional y prefirieron empezar de abajo, jugando en la tercera división. Pero abandonaron el emprendimiento del millonario Mateschitz.

El club austríaco de Red Bull empezó a ganar todo y salir campeón a cada rato, pero sin gente y sin alma. De todas maneras, eso no significó gran problema para Mateschitz: la obsesión de este gran empresario siempre fue ver el nombre de su empresa ligado a la Champions League (lo que está finalmente logrando ahora). Por eso decidió meterse en un fútbol deportivamente más competitivo como el fútbol alemán.

Los punks alemanes Die Toten Hosen, socios y principales aportantes económicos del club Fortuna Düsseldorf.
Los punks alemanes Die Toten Hosen, socios y principales aportantes económicos del club Fortuna Düsseldorf.

En 2009 intentó comprar varios clubes y lo sacaron carpiendo las protestas de las hinchadas: fracasó con el Fortuna Düsseldorf (en el que participan como aportantes y socios los miembros de la banda punk Die Toten Hosen), fracasó con el Sainkt Pauli de Hamburgo (que es un club de tradición de izquierda y antítesis de los valores comerciales que representa Red Bull), también probó sin suerte con el 1860 Munich.

Hinchada del Sainkt Pauli de Hamburgo, de gran tradición de lucha social y de izquierda.
Hinchada del Sainkt Pauli de Hamburgo, de gran tradición de lucha social y de izquierda.

Entonces su amigo Franz Beckenbauer le dijo “¿Por qué no probás en Leipzig, con el fútbol de la vieja Alemania del Este?”. La hipótesis de Beckenbauer era que el empresario iba a encontrar menos resistencia de las hinchadas allí porque a los clubes de la vieja RDA les iba muy mal en la Bundesliga.

Beckenbauer se equivocó en el diagnóstico: los clubes de la Bundesliga y de la segunda que intentó comprar el dueño de Red Bull se opusieron con marchas masivas de sus hinchas por las calles de Leipzig. ¿Qué hizo entonces este magnate? Compró la plaza de un club de la quinta división para fundar su propio club en 2009. Inyectó una fortuna de 100 millones de euros que le permitieron contratar a un DT muy prestigioso, armó una estructura de reclutamiento de juveniles muy buena para consolidar poderosas divisiones inferiores y ascendió en tiempo récord: en 2016 llegó a la Bundesliga. Le demandó un lapso de solamente 7 años pasar de la Oberliga (la 5ta división) a la Bundesliga (Primera División). Al haber logrado ese objetico, en 2017 pagó 70 millones de euros para ser local en el estadio mundialista de Leipzig, en principio hasta el año 2040.

Pese a que en el fútbol alemán las reglas no permiten que una empresa sea dueña de un club, la Federación alemana hizo la vista gorda con el Red Bull. Por ejemplo, la multinacional farmacéutica Bayer tiene acciones en el Bayern Leverkussen, Volkswagen participa en el Wolfsburgo, otra importante automotriz –Audi- tiene relación con el Bayern Munich. Pero no son mayoría en la gerencia de estos clubes, no pueden representar más del 49 %. Evidentemente la excepción con RB Leipzig se fundamenta en que es un club que directamente nació de la iniciativa de una empresa. Y justamente por eso es tan odiado por todas las demás hinchadas (no sólo de Alemania, de prácticamente toda Europa): le dicen “Red bullshit” (insulto anglosajón que significa al parecido a mierda).

La realidad es que, al revés que lo que pregona su publicidad, a la esencia del fútbol (que es la gente que le da vida a los clubes, la hinchada) Red Bull no le da alas; más bien se las corta con su lógica capitalista y comercial.







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