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Quince cuentos y relatos cortos para leer en vacaciones

En vacaciones te organizamos la quincena y un picado literario mixto. Escritoras, escritores, y textos por doquier para disfrutar desde la playa, la plaza, la montaña o la vereda. Porque lo importante no es donde leer, sino por donde empezar. Acá te proponemos algunos caminos.

Facundo Tisera

@facu.tisera.11

Martes 15 de enero | 19:40

Siempre que se acercan estas fechas se renueva la esperanza de atacar todos esos libros pendientes que durante el año fuimos postergando. Sin embargo, la verdad es que las vacaciones son el momento menos propicio para tal fin. El calor molesta y nos ponemos muy dispersos como para entrarle a Victor Hugo y sus “Miserables”. El “Ulyses” de Joyce también tendrá que esperar. Lo ideal es probar con lecturas cortas que podamos leer en un rato y que no por eso sean menos interesantes o profundas.

Anton Chéjov, célebre escritor ruso, planteaba que lo más importante en un cuento es el lenguaje directo y despojado que permita al lector acceder a la información en forma inmediata. Edgar Poe, por su lado, entendía que la narrativa breve era aquella que insume entre media hora y dos. En ambos casos sobresale la importancia de generar un efecto que no necesite más de un rato para atrapar al lector y movilizarlo de alguna manera. Como decía Julio Cortazar: el cuento debe ganar por K.O.

A continuación, cuentos y relatos que nos van a dejar pegados a la reposera.

-El hombre del traje negro, de Stephen King: Uno de los escritores más prolíficos y reconocidos de nuestro tiempo. El detalle es que -además de ser un éxito de ventas- es un gran escritor y lo demuestra en este cuento del género del terror. Un niño sale de pesca y conoce a… Analizado técnicamente es una clase sobre manejo de tensión en relato corto.

-Ni puedo ni quiero, de Lydia Davis: “Ni puedo ni quiero” es un libro de misceláneas de Davis. Es difícil elegir un texto ya que algunos de ellos son apenas un párrafo. Lydia Davis se caracteriza por romper con las estructuras del cuento y llevarlos más allá de lo establecido. El resultado son escritos frescos, en algunos casos, y tediosos en otros. Es una de las escritoras que más juega con su obra. Por momentos recuerda a Cortázar en su fase más experimental. Volviendo al libro, recomiendo “El pelo del perro”, “En el banco” o “Una historia que me contó una amiga”.

-El amor, de Martín Kohan: Martín Kohan es un escritor argentino que hay que conocer. Novelista, cuentista, ensayista y docente, es uno de los escritores del momento más ricos técnicamente. En “El amor”, un cuento corto del libro “Cuerpo a tierra”, juega proponiendo una reescritura del Martín Fierro, o más bien nos ofrece un desenlace que, como su obra, no escatima en riesgos. Interesante puerta de entrada a su literatura.

-El escalofrío interminable, de Flannery O´Connor: la escritora nacida en Georgia es una de las más importantes de la literatura norteamericana del siglo XX. Este cuento relata los últimos momentos de vida de un joven que vuelve a su casa materna por no tener a donde ir. Fiel a su estilo, la autora aprovecha para criticar el conformismo medio y la falta de aspiraciones de las pequeñas burguesías. A través de los ojos del protagonista vamos viendo cómo la vida se va tornando opaca a la espera de un final que parece retrasarse más de lo deseable. La escena con el párroco no tiene desperdicio.

-Un día perfecto para el pez plátano, de J. D. Salinger: el libro “Nueve cuentos” es citado constantemente por diversos escritores como un modelo de referencia y, la verdad, tiene lógica. “Un día perfecto…” es el cuento que abre la obra y es representativo de la escritura de Salinger. El grado de tensión que se maneja en este relato es altísimo. Hay que decirlo: tiene un nivel de perversión que incomoda. Un adulto joven se mete al mar con una niña a buscar peces plátanos. Imaginen el resto y después lean el cuento. ¿Acertaron?

-Mi nuevo amor, de Hebe Uhart: no podemos dejar de recordar a una excelente escritora argentina que nos dejó recientemente. “Mi nuevo amor” es un cuento muy corto que nos demuestra que no es necesario escribir páginas y páginas para generar un efecto en el lector. Si hay algo que nos enseñó Hebe con su obra es que la literatura se respira, se come, se traga…está ahí para ser tocada, modificada. Este pequeño relato da cuenta de esa lógica: nada es absoluto, todo puede volverse inesperado.

-Mi apología, de Woody Allen: Aunque no sea tan conocida esta faceta, Woody Allen ha explorado otras ramas del arte más allá del cine. Aquí un breve cuento en el cual el director de Manhattan se cuestiona sobre la existencia y el valor de la filosofía sin militancia. Un relato muy divertido, que se lee en un rato, y que a pesar de ello adquiere una profundidad importante.

-Tanta mansedumbre, de Clarice Lispector: breve lucubración donde Lispector reflexiona sobre el ser. La escritora brasileña nos acostumbra a la prosa despojada, libre de toda solemnidad y certera: las palabras de Lispector hacen sangrar. Son de esas escritoras que con leer una sola página ya podríamos dar el día como ganado. Es, también, una escritora inexplicable que simplemente hay que leer. Tal y como escribe en este texto: “Sólo eso: llueve y estoy mirando la lluvia. Qué simplicidad”.

-Últimos atardeceres en la tierra, de Roberto Bolaño: el escritor chileno nos ofrece un cuento intrigante que, a pesar de no ser necesariamente corto, nos va a atrapar y vamos a llegar hasta el final sin darnos cuenta. Un padre y un hijo con un vínculo poco común hacen un viaje juntos hacia tierras paradisíacas. Una vez allí empiezan a sucederse escenas confusas que nos van a dejar tan perdidos como a sus personajes. ¿Qué esconde el padre? ¿Qué ve su propio hijo de él mismo? ¿Qué esperamos nosotros, lectores, que suceda en cada escena donde siempre parece asomarse el fin del mundo? Habrá que averiguarlo.

-El patio del vecino, de Mariana Enríquez: gran escritora argentina del momento. Mariana Enríquez es una de las exponentes actuales del género del terror nacional. Su escritura es directa, precisa y viene a responder de alguna forma algo que tanto inquieta en el género: ¿Cómo provocar terror en el siglo XXI con la literatura? La autora lo resuelve construyendo ambientes reales y trabajando con temáticas actuales donde los personajes parecen salidos de la boca del subte. No podría definir qué es el terror salvo por lo que genera en el cuerpo la lectura, y leer a Enríquez te hace pararte y chequear que la puerta esté bien cerrada.

-Solo vine a hablar por teléfono, de Gabriel García Márquez: a esta altura diríamos que García Márquez no necesita presentación. Más allá de eso, está bueno señalar que hay otras puertas de acceso al escritor colombiano más allá de “Cien años de soledad” o “El amor en los tiempos del cólera”. Acá tenemos un ejemplo: una mujer llega a un lugar y solicita usar el teléfono por un problema que tuvo en la ruta. El cuento –muy original por otra parte- nos va a plantear la pregunta por el concepto de locura y la construcción social que la envuelve, todo eso, en el marco de un relato desesperante y entretenido. Ideal para leerlo, esperar a marzo, y analizarlo bajo la lupa de Foucault.

-Emp, Mont, Aum, Cont, Rep, de Amy Hempel: posiblemente sea la escritora menos conocida de la lista. La trama de “Emp, Mont…” es, en apariencia, simple: una joven ayuda a un matrimonio en los quehaceres de la casa. La escritura está en primera persona, narrada por la joven asistente. Lo particular de Hempel es el modo en que lleva adelante los escritos. Leerla es como admirar una pintura de Picasso. El cuento está estructurado como un gran collage de imágenes y escenas que en apariencia son inconexas, pero generan un efecto de síntesis admirable. No hay mucho más que decir. Hay que leerla y sacar conclusiones.

-Come rain or come shine, de Kazuo Ishiguro: divertido relato de Ishiguro. Escrito en primera persona, el protagonista es invitado a pasar unos días en la casa de una pareja amiga, viejos conocidos de la universidad. Conforme avanza la trama descubrimos que la invitación esconde una intencionalidad más allá de la mera camaradería y que la visita termina siendo un tanto más incómoda de lo deseado. Interesante para cuestionarnos el modo en que creemos que somos vistos por los que nos rodean.

-Lunes o martes, de Virginia Woolf: breve escrito de Woolf. A medio camino entre el relato y la miscelánea es una interesante lectura de iniciación para descubrir un universo literario único. La escritora británica tiene una prosa singular y novedosa (si tenemos en cuenta que es de principios de siglo XX) que pareciera remitir a sí misma y a nadie más. En “Lunes o martes” es difícil definir una trama. Lo que sí podemos decir es que tiene una musicalidad preciosa y adictiva. Leer a Woolf es una experiencia. Sus cuentos reunidos son un gran primer paso antes de llegar a sus novelas más conocidas.

-Asiático, de Federico Falco: Un joven sale de viaje hacia el interior en busca de un amigo que se fue sin dejar más que una carta y pocos datos de cómo encontrarlo. Federico Falco se caracteriza por una escritura amena y muy personal en la cual el efecto es un sentimiento de familiaridad increíble. Si hay algo que uno siente cuando lee a Falco es que los personajes son amigos entrañables de toda la vida. Volviendo al relato, la trama empieza a complicarse cuando el protagonista llega a un pueblo desconocido y empieza a preguntar. La tensión del cuento llega a niveles de incomodar al lector, y eso, en literatura, es oro en polvo.







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