Géneros y Sexualidades

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Quimey sigue luchando contra la transfobia

A poco más de 5 años de sancionarse la Ley de Identidad, se sigue batallando contra la burocracia médica y la transfobia de la sociedad.

Tomás Máscolo

@PibeTiger

Miércoles 25 de octubre | Edición del día

Fue tratada en masculino, la maltrataron y no cumplieron la Ley de Identidad. El desdén que padeció por parte de la Institución médica es inaudito

La comunidad travesti hoy en Argentina tiene un promedio de vida de 35 a 40 años, el 84% no logró llegar a la secundaria y apenas el 64% pudo pasar por la primaria. Entre el 90 y 95% se encuentra en situación de prostitución porque no hay inserción laboral para quienes desafían los mandatos patriarcales, otro dato alarmante.

Los medios se empeñan en mostrar a la comunidad trans siempre desde una perspectiva patologizante y estigmatizadora. Una travesti que llega a una pantalla de televisión en su abrumadora mayoría lo hace a través de los policiales, de algún programa de chimento encasillada en un lugar payasesco o ligada a la prostitución y el delito. Una violencia simbólica que sustenta una violencia material, que día a día enfrentan la mayoría.

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Y aunque los medios no lo digan, esa violencia se sostiene y garantiza desde las propias instituciones del Estado, como la justicia y las fuerzas de seguridad, que nos persiguen y condenan por nuestra identidad de género, como también la vemos hoy que seguimos luchando por la Absolución de Higui o exigiendo justicia por Diana Sacayán.

Distinta fue la historia de Quimey, que supo sobreponerse y sobrevivir a la trasnfovbia, quien de forma valiente enfrentó a los prejuicios y cambió su identidad en su lugar d etrabajo, dando una gran lección a todos sus alumnos, una lección de valentía.

Luego de casi 5 años de Ley de Identidad de Género y un año de Ley de Cupo Laboral se sigue saltando de ministerio en ministerio y de ahí a las secretarias de planificación y más vueltas. Un desgastante trabajo burocrático para las compañeras a las que se les va la vida intentando girar un milímetro las ruedas del engranaje que impide que las personas trans accedan a un derecho elemental como es el trabajo y la salud.

Es necesario avanzar en la organización de miles de personas LGTBI, mujeres y todos los sectores oprimidos, para poner en pie un movimiento amplio y extendido, de lucha, independiente del Estado y de todas las variantes politicas que representan los intereses empresariales y desprecian nuestras vidas. Una fuerza combativa que dé una enorme batalla para enfrentar la violencia machista y trasnfóbica.








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