Internacional

EL GIRO HISTÓRICO DE WASHINGTON

Quiénes se benefician con las nuevas relaciones EEUU-Cuba

A la noticia que conmocionó ayer al mundo sobre el acuerdo para restablecer relaciones oficiales entre EEUU y Cuba, ayer se siguieron sumando novedades en el mismo sentido de una “distención” y “normalización”. ¿Cuál es el verdadero sentido de estos acuerdos y a quiénes favorecen?.

Viernes 19 de diciembre de 2014 | Edición del día

Tras el discurso del presidente Obama, el Secretario de Estado John Kerry anunció que viajará próximamente a La Habana. Se supo también que Obama pidió al Congreso que discuta una “suspensión” del bloqueo económico que el imperialismo aplica sobre la isla desde 1961 y que es rechazado casi unánimemente por la llamada “comunidad internacional”. Mientras tanto, avanzará en medidas parciales para relajar las sanciones comerciales y financieras: las empresas yanquis podrán abrir cuentas en bancos cubanos y reunirse con cubanos en terceros países, mientras que a los turistas se les permitirá usar tarjetas de crédito y traer desde Cuba unos 400 dólares en productos.

El supuesto “progresismo” latinoamericano, kirchnerismo, evomoralismo, chavismo, lulismo, que viene ajustando por distintas vías a los trabajadores y los pobres frente a los primeros vientos de crisis económica en la región, quiere pintar el acuerdo como un triunfo para Cuba y un paso para empezar a “mejorar las condiciones de vida del pueblo cubano”. Es un hecho innegable que la nueva política hacia Cuba significa un cambio monumental en la política exterior norteamericana. Pero esto los lleva a decir incluso, como declaró Evo Morales, que Cuba “doblegó a EE.UU.”, cayendo en un exitismo alocado que no ve los riesgos evidentes que acarrea este giro histórico de Washington. En la misma línea, consideran el rol jugado por la Iglesia Católica y en particular el Papa Francisco como un intento de “ayudar al fin del aislamiento de Cuba”.

Esta postura se plasmó claramente en decenas de artículos aparecidos miércoles y jueves suscritos por los intelectuales al servicio del oficialismo, así como en la Cumbre del Mercosur reunida en Paraná (Argentina), donde todos los jefes de estado coincidieron en saludar el acuerdo y pedir por el levantamiento del criminal bloqueo económico.

Este derecho soberano elemental de comerciar libremente que la principal potencia imperialista le niega al pueblo cubano desde hace medio siglo, es una reivindicación histórica de todos los luchadores sociales, y de la izquierda en particular, no sólo de Latinoamérica sino de todo el mundo.

La liberación de los 3 presos del grupo de los cinco que permanecían injustamente encarcelados en EE.UU. es otra importante reivindicación. Pero quienes queremos defender las conquistas sociales que quedan de la Revolución del ’59, quienes enfrentamos cotidianamente el dominio imperialista y a sus empresas buitres en nuestras tierras, debemos preguntarnos seriamente, ¿Es realmente beneficioso para el pueblo cubano el acuerdo anunciado? ¿Crea mejores condiciones para su lucha así como para la lucha de sus hermanos latinoamericanos?.

Los intereses imperialistas

Obama reconoció ayer que “Una política de compromiso con la isla puede ser mucho más eficaz que el aislamiento. No sirve a los intereses de Estados Unidos tratar de empujar a Cuba hacia el colapso.” El “progresismo” latinoamericano, que saluda eufóricamente el acuerdo, debería preguntarse cuál es el contenido de “servir a los intereses de EE.UU.”. Evidentemente, nada favorable a los trabajadores y el pueblo cubanos. Los “intereses de EE.UU.” son los intereses de sus empresarios explotadores, muy en especial de sus grandes multinacionales. Como explicamos en notas anteriores, de la mano de la apertura económica que viene impulsando Raúl Castro, se abren grandes oportunidades de negocios en distintas áreas como turismo (hotelería, campos de golf, etc.), producción agropecuaria, biotecnología, y en perspectiva también en transporte o construcción y otros rubros de alta necesidad en la isla.

Muchas empresas europeas y canadienses tienen inversiones acumuladas desde mediados de los ’90 sobre todo con la modalidad de empresas mixtas en asociación con el estado (léase con los jerarcas directores de grandes empresas como el Grupo Gaviota dedicado al turismo).

El caso de Canadá, anfitrión junto al Vaticano de las negociaciones que llevaron al acuerdo, es clarísimo. Cuba es el socio número 1 de Canadá en el Caribe. Un millón de turistas canadienses visitan la isla cada año, casi el 40% del total. El comercio bilateral supera los 1.000 millones de dólares, una cifra enorme para Cuba, y el país del norte tiene inversiones en los sectores estratégicos de producción de petróleo, minería y turismo entre otros. Estos son los verdaderos intereses que están detrás del acuerdo.

Muchas otras empresas, chinas, brasileras y rusas, han entrado a jugar fuerte en los últimos años. Esos negocios, podrían potenciarse de la mano de la nueva Ley de Inversiones Extranjeras que rige desde mediados de año y EE.UU., por el tamaño de su economía, la cercanía geográfica y albergando la mayor comunidad cubana residente en el exterior, podría ser el principal inversor y beneficiario. Sin embargo, por el bloqueo, sus empresas no pueden aprovechar la oportunidad y vienen quedando rezagadas. Ya decenas de empresarios norteamericanos han viajado a Cuba para interiorizarse de las posibilidades de negocios y están presionando a su gobierno para que levante las trabas para comerciar e invertir.

Y el Diablo metió la cola

No es ninguna novedad la intensión de la Iglesia Católica de ser parte de una “transición” al capitalismo en Cuba. Tomada en términos históricos, la intervención directa del Papa Francisco en el acuerdo anunciado el miércoles, es continuidad de las gestiones llevadas adelante por el Vaticano ya desde 1996 cuando Fidel visitó la Santa Sede y en 1998 cuando visitó la isla el Papa Juan Pablo II hechos que significaron un parteaguas en la historia cubana reciente. Aquella visita permitió la “rehabilitación” de la Iglesia Católica en Cuba y demostró la intensión del castrismo de “reintegrarse” al mercado mundial y a la “comunidad internacional”. Posteriormente, este proceso se vio interrumpido por grandes acontecimientos geopolíticos como la llegada de Bush y la derecha neoconservadora a la Casa Blanca en 2001, los atentados a las Torres Gemelas y la posterior “Guerra contra el Terrorismo” donde Washington terminó incluyendo a Cuba en la lista de países “promotores del terrorismo” junto a Irán y Corea del Norte. En el mismo período, la burocracia castrista encontró un nuevo gran socio en el líder venezolano Hugo Chávez cuyos petrodólares se convirtieron en un salvavidas para la golpeada economía cubana y, junto a Evo, Kirchner y Lula, le permitió romper el aislamiento internacional patrocinado por EE.UU.

Tras la desaparición de Fidel de la escena política en 2006, y especialmente desde 2008 con la asunción formal de Raúl Castro al frente del Estado, se abrió un nuevo proceso político en Cuba tendiente a generar las condiciones políticas y económicas para la restauración capitalista. Parte trascendental de este proceso fue la reconstrucción de los lazos políticos con la Iglesia local sellada en 2010 con las fructíferas gestiones del Cardenal Jaime Ortega que lograron la liberación de los 52 presos políticos de la oposición de derecha, que permanecían detenidos desde las redadas de 2003. Desde entonces la Iglesia es uno de los principales actores políticos en la isla, jugando el rol clave de terciar y servir de patrocinador de las relaciones (hasta ayer secretas) entre Washington y La Habana. De manera constante la Iglesia viene acompañando y promoviendo las reformas pro mercado del gobierno y presiona por acelerarlas y profundizarlas.

El aval de el Vaticano a esta política componedora de la Iglesia local tuvo su máxima expresión en la visita del Papa Ratzinger en marzo de 2012 donde incluso se saludó con Fidel.

Para el Papa Francisco, haber jugado un rol clave en el acuerdo EE.UU.-Cuba, es un hito importante para la línea “reformadora” que viene llevando adelante con el objetivo de lavarle la cara a la institución más reaccionaria del planeta, atiborrada de casos de corrupción, curas pedófilos, antiabortista, lesbofóbica y un largo etc. Bergoglio quiere presentar la imagen de una Iglesia (uno de los mayores jugadores en el comercio de armas mundial) que promueve la paz mundial y la concertación ante los conflictos. Es también por eso que este acuerdo no tiene nada de progresivo. Porque no solo da un salto en la restauración capitalista, sino que trata de represtigiar a la archireaccionaria Iglesia Católica.

El “progresismo”, que en todos estos años garantizó la continuidad de los negocios capitalistas (nacionales y extranjeros) en Argentina, Bolivia, Venezuela o Brasil, ahora sigue la línea de la burocracia restauracionista de los castro y adhiere contento a este acuerdo que le abre las puertas de Cuba al imperialismo norteamericano.

La maniobra política de resaltar la oposición de la ultraderecha republicana y del lobby anticubano dentro de EE.UU. para presentar como más audaz el giro de Obama, no tiene ningún asidero. Esos sectores ultra conservadores que siguen pidiendo por una política dura e intransigente con La Habana, están cada vez más en minoría y en una postura completamente “anacrónica” y que durante más de 50 años demostró su impotencia para doblegar al heroico pueblo cubano. Este hecho lo reflejan las propias encuestas dentro de la comunidad cubana residente en EE.UU. que en su mayor parte está por levantar el bloqueo y restablecer relaciones con la isla.







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