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PRONTUARIO

¿Quién es César Melazo, el exjuez de garantías detenido este viernes?

Con cuarenta años en el Poder Judicial (los últimos veinte como juez de garantías) protagonizó episodios mediáticos y cosechó denuncias por corrupción y crimen organizado. Acá sus propias y polémicas definiciones.

Daniel Satur

@saturnetroc

Viernes 24 de agosto de 2018 | 17:36

Este viernes fue detenido en su casona de Gonnet el exjuez de garantías César Melazo, acusado de liderar una banda de criminales integrada, entre otros, por policías y barrabravas de Estudiantes y Gimnasia. Entre otros hechos, se les imputa la autoría del asesinato de Juan Roberto Farías en 2010, hecho que destapó el funcionamiento de “la banda del Comisario”, dedicada al robo de autos y casas.

A Melazo se le encontró en la casa un verdadero arsenal, con armas de diversos calibres y gran cantidad de municiones. Más que el catálogo de un coleccionista, parecía que estuviera pertrechado para defender o atacar con todo en algún momento. Tal vez estuviera preparado para resistir el embate de sus excómplices del Poder Judicial platense, quienes aparentan haberle soltado la mano.

¿Pero quién es César Ricardo Melazo?

Fue funcionario judicial por unos cuarenta años, siempre en los tribunales de La Plata. Luego de ser ordenanza y prosecretario, en 1992 ascendió a fiscal y tres años después asumió como titular del Juzgado Criminal y Correccional Nº 16 de la capital bonaerense. Finalmente en 1998 fue nombrado juez de garantías, cargo que desempeñó hasta junio de 2017, cuando decidió renunciar acosado por juicios políticos y denuncias en su contra.

Entre sus tristemente célebres actos de injusticia se cuenta uno muy especial. Fue él quien, a pedido de la empresa Mafissa de La Plata, envió el jueves 17 de abril de 2008 un operativo de más de 400 policías bonaerenses a desalojar la planta (ubicada en Lisandro Olmos) y detener a la veintena de hombres que hacían guardia, en el marco de la ocupación protagonizada por los obreros en respuesta a despidos masivos ejecutados por la patronal.

Durante cuatro décadas Melazo fue, indudablemente, un fiel exponente de la casta judicial, compuesta por jueces y fiscales que el pueblo no eligió, cobran fortunas, gozan de privilegios exclusivos y detentan un poder propio de dioses terrenales. Pero quizás se pasó de mambo y hay quienes prefirieron, en algún momento, sacárselo de encima para preservar a la casta. Y así está ahora.

Hincha de Gimnasia y autodefinido “peronista”, siempre solía fotografiarse en su despacho junto a cuadros de Perón y Evita. Sin embargo, en pasillos tribunalicios, en ágapes políticos y en sets de televisión era un secreto a voces que su histrionismo nac&pop escondía a un sin escrúpulos lleno de recovecos oscuros y secretos de alta criminalidad.

En una entrevista realizada por el periodista Gastón Rodríguez para el diario Tiempo Argentino el 3 de octubre de 2010, César Melazo lanzaba una serie de definiciones que hoy se pueden interpretar, al menos en su mayor parte, como un autorretrato.

Los cabarets, la droga, las coimas, los tiros, la cana, la cárcel, el poder. Con ustedes, el señor juez de garantías.

  •  Yo vivo de lo que hago. Pude haber sido camarista, pero no me interesa compartir con dos personas más un horario y resolver lejos de la realidad. Es muy gratificante que te quede la sensación de haber hecho justicia, algo que no sucede siempre y que a veces no sucede, aunque apliques la ley.
  •  Hoy los cabarets ya no viven de las putas sino de la venta de droga.
  •  Cuando apenas te sentás acá -señala su sillón- te empiezan a sondear para ver si entraste con el pie derecho o el izquierdo, si te gusta hacer pis parado o sentado, o si te gustan los hombres, las mujeres, las drogas o las putas. Algunos les alcanza con un chancho a fin de año y a otros con un auto alemán.
  •  Hay que mirar los ascensos en el corto plazo. El primero siempre es provisorio, pero el segundo es el más importante porque te ponen a donde les vas a servir. Es ahí cuando te convertís en un mercenario.
  •  Te juro que no sentí presión porque uno es el hacedor de lo que después se va a decir en los medios, y no al revés. De todas formas no es igual el caso de un NN al de uno donde el gobernador o un ministro sale a decir que los detenidos se tienen que pudrir en la cárcel, y vos después los tenés que largar porque no hay elementos en su contra.
  •  Creo que llegó el momento de crear, no te digo una Secretaría de Inteligencia por el sentido que se le da acá, de persecución ideológica y política, pero sí un organismo de control de lo que no funciona. Yo no te digo perseguir a la gente que sale de prisión, pero sí controlarla. Ayudar de alguna manera a su inserción porque sino vamos a poner otra vez en la calle a un nuevo agente de violencia.
  •  Si controlás a la policía funciona mejor, porque si la dejás trabajar sola pueden pasar dos cosas: o irregularidades en el proceso que dan lugar al planteo de nulidad, que es de lo que después se agarran los abogados, o directamente coimas.
  •  En la ciudad de La Plata hubo sospechas de participación de policías en los grandes “escruches”, es decir, cuando roban la casa de alguien con mucha plata o con los boqueteros. Ahí vos podés pensar que te liberaron la zona, pero la realidad es que en la mayoría de las veces no todas las cuadrículas funcionan, no siempre los patrulleros tienen nafta, entonces no hace falta que te liberen una zona porque ya se liberó sola. Alguien que tenga el conocimiento se aprovecha de la situación. Obviamente, también una información se puede comprar porque el “cana” vive en el mismo barrio que el delincuente, y a veces ni hace falta pagar por el dato porque está fácil robar y matar. Hoy la calle está tomada.
  •  Denuncias sobre complicidad policial en los reclutamientos de jóvenes siempre hubo, pero también de chorros que reclutan pibes a cambio de droga. Si lo hace un particular, ¿por qué no lo puede hacer un policía? De todas formas no creo que exista en forma organizada.
  •  Hay que sincerarse un poco porque existe mucha corrupción en el medio. Si los funcionarios públicos quieren plata, que vendan agua mineral. Tienen que invertir el presupuesto en luchar contra la inseguridad, no sólo en represión, sino por ejemplo en que la plata que hay para que los presos coman carne llegue a donde tiene que llegar. Que no se paguen más millones a las comisiones para hacer estadísticas sobre el mapa del delito. Basta de mentirle a la gente.
  •  Los vigilantes de los bancos no sirven para nada. Los tienen para que ordenen las filas. ¿Entraste a una garita alguna vez? Sirve sólo para guardar la yerba, el grabador, las medias y los calzoncillos.
  •  Hay muchos que son consumidores o adictos y pueden llegar a “ablandar una zona a cambio de droga. En el propio poder judicial hay muchas familias que tienen hijos adictos, pero si no lo sinceramos no vamos a llegar a ningún lado. Para mí el delito no es por la falta de inclusión o la pobreza. Para mí es por culpa de la droga. Los punteros que hoy manejan los barrios son los dealers.
  •  La droga es plata. Hoy los cabarets ya no viven de las putas sino de la venta de droga. Entran a una casa por un celular y terminan violando o matando porque están descontrolados.
  •  La mayor víctima de los delitos es la gente pobre, que se la tiene que arreglar sola. Siempre digo que el pobre se las arregla y el rico se rehabilita.
  •  En la puerta de mi casa me golpeó un tipo por la espalda y entonces me caí. Pensé que era un robo y entonces le estiro mi brazo izquierdo para que se lleve el reloj porque tenía un Rolex. Pero después de sacármelo siento que me gatilla en la cabeza y el tiro no salió. Ahí pensé: este me quiere matar. Entonces me levanté y busqué mi pistola, porque siempre ando armado. Eran tres, los seguí pero se escaparon.
  •  Después de tantas cosas lo único que pido es que me maten de contado.

    Por estas y otras tantas definiciones más, evidentemente Melazo es todo un emblema. Pero, dentro de su casta, claramente no es el único.







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