Juventud

UBA: Clase de Sociología en Donnelley

“Queremos contrarrestar la distancia entre la Universidad y la realidad”

La Izquierda Diario entrevistó a Paula Varela, titular de la materia “Los trabajadores en la Argentina postdevaluación” de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA. El sábado 13 de septiembre, las docentes del Seminario junto con cerca de 40 estudiantes realizaron una clase en la fábrica gráfica Donnelley -gestionada por sus propios trabajadores- y recorrieron la planta junto a los obreros. Entrevista: Celeste O`Higgins

Sábado 20 de septiembre de 2014 | Edición del día

Izquierda Diario (ID): ¿Cómo surgió la iniciativa?

Paula Varela (PV): En el seminario nosotros estudiamos y realizamos una práctica de investigación sobre la actual situación de organización y de lucha de los trabajadores en Argentina. Este año decidimos concentrarnos en la zona norte de la Provincia de Buenos Aires por ser el epicentro del surgimiento de comisiones internas combativas a nivel fabril, y de los ataques a estas organizaciones, como el SMATA de Pignanelli en Lear.
Ni bien comenzó el cuatrimestre, los obreros de Donnelley tomaron la planta ante el cierre abrupto de la empresa. Por esto decidimos contactar a la comisión interna y consultarles la posibilidad de hacer una clase en la planta, con la particularidad de que sean los propios obreros los que la den.

ID: ¿Por qué consideraste pertinente realizar esta clase en la fábrica Donnelley?

PV: Por dos motivos. El primero, porque pese a que en los últimos años se ha puesto un poco de moda volver a estudiar a los trabajadores, hay un desconocimiento enorme de lo que pasa en "el mundo obrero". Eso facilita que ciertos dogmas se impongan por sobre el conocimiento empírico de los actuales procesos de organización sindical de base o de lucha laboral. En el seminario, nosotros hacemos un intento de contrarrestar esa "distancia" basándonos en trabajo de campo con entrevistas, visitas a las fábricas, visitas a los barrios donde viven los obreros, entrevistas colectivas, donde la propia herramienta de investigación sirva para despertar un diálogo entre los obreros (y con los estudiantes) que muchas veces, si ese espacio no existiera, no podría darse. ¿Qué mejor que hablar con un grupo de obreros que vienen organizándose desde 2005, que enfrentaron a su propia dirección sindical, que ejercen una puja cotidiana con la empresa por las condiciones de trabajo y también por la "dignidad", y que cuando la empresa decide irse con una quiebra fraudulenta (que por otra parte es un modus operandi de Donnelley a nivel mundial), deciden entrar a hacer cumplir la conciliación obligatoria y sacar los pedidos adelante sin patrones? ¿Con quién mejor que con ellos para discutir qué pasa en el mundo obrero? ¿Qué mejor que ese ámbito para entender las contradicciones que tiene el nuevo protagonismo sindical que fue impulsado desde el gobierno peronista, pero que se le escurre en "consecuencias no deseadas de la acción" en las que influye la izquierda clasista?

El segundo motivo es por la convicción que tenemos las que formamos la cátedra (que somos todas mujeres), de que el conocimiento no puede y no debe ser neutral; sino que hay que discutir abiertamente la forma en que el conocimiento que se produce en las facultades, puede ser herramienta de reflexión y de acción de los sectores oprimidos, de las clases subalternas. En la visita, nos reíamos, porque cuando estábamos recorriendo la planta, alguien hizo una pregunta sobre cómo se encastraba el papel en los rodillos de la máquina. Los que éramos de sociología nos dimos vuelta y dijimos "ahí llegó la gente de la UTN, a la que estaban esperando...". Y salieron los chistes sobre la "inutilidad" del conocimiento sociológico. Yo creo que más allá del chiste, los docentes, investigadores y estudiantes de Ciencias Sociales tenemos muchísimo que aportar si adoptamos el punto de vista de los explotados. Para ello no alcanza con tener contacto con la teoría crítica y con Marx, lo cual es necesario; tenés que tener algún contacto con los explotados.

ID: ¿Es común este tipo de iniciativas en la Facultad de Sociales?

PV: No, para nada. Para la mayoría de los estudiantes (que son del último año de la Carrera) fue la primera vez que salían de Sociales en una actividad curricular. Ni hablar que era la primera vez que pisaban una planta fabril. Y aunque parezca contradictorio, en la última década, esa distancia entre la universidad y el mundo de los oprimidos, explotados, marginados, se amplió muchísimo. Porque el proceso pasivización y de "restauración de las instituciones del régimen" que intentó (con cierto éxito y con cierta derrota) el kirchnerismo, impactó en la universidad en un doble sentido. Por una parte, profesionalizó más la academia (que no tiene nada que ver con mejorar su calidad, sino con someterla las reglas de juego del academicismo); por otra parte, la aisló de los procesos de organización y lucha que excedieron los marcos de la institucionalización (por ejemplo, el sindicalismo de base). Entonces, si en 2001 era un discurso común del progresismo en la facultad el de "meter las patitas en el barro"; hoy es más común meter la firma en algún acuerdo institucional. Un poco para negar que hay "barro", un poco porque la comodidad es cómoda.
Así que estar allí, en MadyGraf, el nombre que votaron los trabajadores, con Eduardo, Alcira, Luis, Martín, Germán, los obreros que nos recibieron; escucharlos, compartir con ellos el relato de su propia transformación, intercambiar con ellos nuestras inquietudes, fue sin lugar a dudas, la mejor clase del año.







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