Juventud

ISLAMOFOBIA EN LAS AULAS

¿Qué supone el protocolo PRODERAI en las aulas catalanas?

Aunque el PRODERAI existe desde 2015, la novedad saltó en septiembre de este año cuando la Generalitat anunciaba que el protocolo se extendiera a todo el profesorado de centros públicos y concertados.

Verónica Landa

Barcelona | @lierolaliero

Miércoles 11 de octubre | 16:16

El PRODERAI (Protocolo de prevención, detección e intervención de radicalización islamista) es un protocolo elaborado en Catalunya por Ensenyament en colaboración con los Mossos d’Esquadra. Se comenzó a trabajar tras los atentados de Francia y Bélgica, pero no fue hasta el curso pasado que empezó a difundirse entre los equipos directivos.

Este protocolo cuenta con algunos “indicadores” que aunque no se han hecho públicos de manera oficial, si que ha habido algunas filtraciones que nos permiten hacernos una idea de lo simplista y estigmatizador del protocolo. Algunos de los que han salido a la luz son no beber Coca-Cola o Pepsi, no escuchar música occidental, pintarse las manos con henna o no celebrar navidades.

El PRODERAI tiene dos antecedentes. Uno en el ‘Protocolo para detectar jóvenes susceptibles de formar parte del Nuevos Grupos de Jóvenes Organizados y Violentos’, de 2011. El otro, en el primer PRODERAI para aplicar en las cárceles, haciendo que al educativo se le añada un CE (Centros Educativos).

A nivel europeo, existen protocolos similares, como el ‘Prevent’ del Reino Unido, que recibió fuertes críticas al demostrar que los parámetros que usaba solamente fomentaban un clima de desconfianza en los centros.

¿Cómo y quién gestiona el PRODERAI?

En la página dos del documento, se explica que la Junta Territorial de Evaluación y Seguimiento es el órgano ejecutivo del protocolo. Está Junta estará formada por policías y funcionarios de enseñanza, sobre todo inspectores.

En el momento de su creación, el PRODERAI se limitaba a los equipos directivos de los colegios. Tras los atentados de Barcelona, la Conselleria pretende que la formación sobre el protocolo, así como la obligación de aplicarlo, se extienda a todo el profesorado. Como señala Marta Minguella, delegada de CGT Ensenyament Tarragona, “se espera que los y las docentes y las personas que se dedican a la atención educativa, hagan de policía, estigmaticen, y contribuyan a convertir los espacios escolares en espacios de vigilancia y de institucionalización del racismo.”

Son muchas las voces que critican la supuesta prevención del protocolo, respecto a la estigmatización sobre la persona sobre la que se pone el foco.

Ibrahim Miguel Ángel Pérez de la plataforma plataforma ‘Musulmanes contra la Islamofobia’, considera que "este tipo de medidas que sirven teóricamente para mantener la seguridad lo que hacen es señalar desde las instituciones a los jóvenes musulmanes como potencialmente peligrosos". Algo a lo que también contribuye el hecho de que la asignatura optativa de religión islámica incluya el extremismo en su currículo.

También asegura que procedimientos como el PRODERAI son peligrosos porque "Hay personas –y también profesores– racistas, que con este dispositivo de denuncia tienen una herramienta más para ejercer la discriminación, pueden denunciar a un alumno por radicalización, activando un protocolo que a saber cuando se desactiva y vincula esta persona con el terrorismo en un procedimiento administrativo".

Como señala Ainhoa Nadia Douhaibi Arrazola, educadora social que trabaja con menores migrantes, “a lo largo del texto encontramos abundantes referencias que relacionan marginalidad, exclusión, vulnerabilidad, etc. con “debilidad hacia el radicalismo”.

A los que hay que vigilar son pobres.” Y lo hace desde un lenguaje de la corrección social, permitiendo así una mayor “permeabilidad y expansión a las narrativas racistas que criminalizan a esta juventud, así como una mayor dificultad para legitimar las resistencias necesarias para acabar con ellas”, señala Douhaibi.

El PRODERAI no es ni más ni menos que un protocolo que marginaliza a la juventud musulmana. En palabras de Douhaibi, “lejos de prevenir los hipotéticos procesos de radicalización de la juventud, refuerza la institucionalización del racismo y la islamofobia en el ámbito escolar”.

Por otra parte, la implantación del PRODERAI ha sacado a la luz otros debates. Como por ejemplo, la crítica por parte de la comunidad educativa de la presencia policial en los centros escolares. O la gran marginación y exclusión de personas migrantes en la educación superior.






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