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LA FANB ACTORES POLÍTICOS Y ECONÓMICOS EN EL GOBIERNO DE MADURO

¿Qué pasa en los cuarteles?

Los militares son el sostén de Maduro ante la profunda crisis económica y política que se vive. Oficialistas y opositores apuran una definición de las FFAA que puede decidir la suerte del gobierno.

Milton D'León

Caracas @MiltonDLeon

Martes 24 de mayo de 2016 | Edición del día

Fotografia: EFE

Los militares han estado en el centro del tapete político en el país, y más que todo por la profunda crisis económica, social y política que se vive. Se considera que constituye uno de los pilares fundamentales en el sostén del gobierno de Maduro, más aún luego que el chavismo perdiera las elecciones parlamentarias obteniendo la oposición la mayoría absoluta en la Asamblea Nacional, y sobre todo en la pugna abierta de poderes existente en el país. El sábado pasado, como buscando mostrar control completo sobre las Fuerzas Armadas, Maduro estuvo activamente presente en unos ejercicios militares a nivel nacional, ejercicios organizados con el argumento de posibles amenazas externas al país.

Los militares siempre ocuparon un papel central en el chavismo, adquiriendo altos niveles de politización e involucramiento en la vida pública, política y económica del país. Esto fue una marca sello del chavismo, por la característica del gobierno de Chávez al tener fuertes rasgos de un gobierno bonapartista sui generis de izquierda, y él mismo ser oriundo del mundo militar. Pero ese papel de los militares siempre estuvo bajo el equilibrio del propio Chávez, el hombre fuerte del país, en su papel de árbitro de la nación y sobre las clases.

Pero tras el fallecimiento de Chávez y el surgimiento de un debilitado gobierno de Maduro, que rápidamente entró en un espiral de crisis económica, política y una agobiante situación para el pueblo, a la par de una oposición de derecha que decidió acelerar los pasos en sus planes destituyentes, parecieran haber movimientos o presiones desde diversos sectores y del interior mismo de los militares para que, ahora, ese papel de árbitro lo jueguen más abiertamente las Fuerzas Armadas.

De allí, en la actual situación política del país, signada por la pugna en torno a la habilitación del referéndum revocatorio, parecieran transformarse en el fiel de la balanza hacia cualquier tipo de salida política que se dé en el país. Si Maduro redobla sus apelaciones a la unidad y lealtad de las FANB, también la MUD multiplica sus llamados a los militares, como ha hecho Capriles, en recientes declaraciones.

Es que para un régimen de gobierno como el del chavismo, donde las Fuerzas Armadas han tenido a lo largo de más de una década y media una ubicación clave en la vida política del país, además de una importante incursión en actividades económicas y comerciales, desarrollando intereses materiales y beneficios "del modelo", las FF.AA vienen a ser una variante fundamental a la hora de cualquier transición, y más aún de una situación tan caótica.

El peso de las Fuerzas Armadas

Adentrarse en el mundo militar es de alta complejidad por los niveles cerrados pero sobre todo en sus eventuales divisiones, pero hay muchos datos relevantes de acceso público que nos ofrecen un panorama de la fuerte presencia militar en el gobierno así como su entramado de influencia. No es ningún secreto para nadie que con Maduro la presencia de los militares sobre el tren ejecutivo alcanzó su porcentaje más elevado en la historia del chavismo.

Por ejemplo, de una treintena de ministros, actualmente diez son integrantes de las Fuerzas Armadas Nacional Bolivariana (FANB): seis activos y cuatro retirados, ocupando los cargos de mayor impacto, por lo que tienen más preponderancia en términos cualitativos. Manejan algunas de las carteras de mayor relevancia como Relaciones Interiores, Justicia y Paz, con el general Gustavo González López; Defensa, con el general Vladimir Padrino López, Energía Eléctrica con el general Luis Motta Domínguez. Además, manejan carteras prioritarias como el Ministerio de Alimentación, Agricultura y Tierras, y Pesca y Acuicultura, para mencionar algunos. Además de ocupar posiciones ministeriales, oficiales de la FANB también dirigen empresas públicas, viceministerios, otras instituciones típicamente civiles, y están al frente de varias gobernaciones.

Pero las Fuerzas Armadas tienen un gran peso en el sector empresarial del Estado, que se ha incrementado con la llegada de Maduro al gobierno. Así, por ejemplo, el 19 de abril de 2013, seis días después de asumir la presidencia, Maduro asomó desde la base aérea Rafael Urdaneta en Maracaibo la instauración de una “poderosa” zona económica militar con el fin de “satisfacer la demanda de la FANB”. Tres meses después, el 9 de julio de ese año, Maduro formalizó la Zona Económica Militar Socialista con la apertura de unas primeras seis empresas que abarcan disímiles sectores, desde transporte, agricultura y comunicaciones hasta finanzas, bebidas y construcción.

Así, desde julio de 2013 hasta febrero de 2016, el Ministerio de Defensa ha creado 11 empresas para el “desarrollo económico de la FANB” que abarcan los sectores económicos que antes detallamos. La más reciente empresa que se incorpora a la zona económica militar es Camimpeg, que tiene una amplia gama de atribuciones, desde servicios petroleros de gas y explotación minera, mantenimiento de pozos petroleros, reparación de taladros, importación de productos y equipos, transporte, obras civiles, descontaminación ambiental, entre otros. Para enero de 2016, tres semanas antes de la creación de Camimpeg, el ministro Vladimir Padrino López llamó a impulsar el Motor de Industria Militar para “contribuir con el desarrollo nacional”, uno de los tantos motores de la nueva Agenda Económica Bolivariana.

Como escribimos en el momento de la creación de Camimpeg, con la creación de esta empresa se ruborizan las grandes concesiones políticas de Chávez hacia las FANB (aumento vertiginoso del gasto en armamento, creación de escuelas y universidades militares, mayor presencia en las decisiones políticas, altos salarios para la oficialidad, prebendas de todo tipo, etc.), y la mayor de todas que quizá fue la consolidación de las FF.AA., después de derrotado el golpe de 2002, que fueron depurada y cuyo prestigio ha sido recompuesto.

Hoy Maduro busca mantener esa influencia, que por su ascendencia y por su origen militar supo tener Chávez, pero al no tener Maduro las facultades de éste, debe concederle grandes negociados para su creciente enriquecimiento e influencia. Es que el futuro del chavismo en el actual gobierno, con una oposición cada vez más amenazante por destituirlo, depende fundamentalmente del comportamiento de las FFAA, y busca garantizarse de mil maneras la fidelidad del estamento militar.

A todo esto se le suman los últimos movimientos que ha hecho Maduro de la mano del Ministro de la Defensa hacia el interior del mundo castrense, pero sobre todo hacia apuntar al mayor control, con militares de mayor confianza en las zonas de mayor concentración de armamento. Desde el punto de vista estrictamente militar, Venezuela es dividida en 24 Zonas de Defensa Integral (ZODI, una por cada estado) y 7 Regiones Estratégicas de Defensa Integral (REDI).

Pues bien, el gobierno acaba de movilizar ciertas piezas claves, siendo recientemente designado el general de Brigada (Ejército) Carlos Alberto Martínez Stapulionis como jefe de la Zona de Defensa Integral Capital, desde donde se controla las armas en la capital de la República. Martínez Stapulionis estuvo al frente del estado de excepción y el cierre de la frontera como autoridad única en Táchira entre agosto de 2015 y mayo de 2016. Otra gran pieza clave para Maduro, es el mayor general Carlos Osorio Zambrano, hasta no hace poco Ministro de Alimentación, y desde hace varios meses es el nuevo comandante de la Región Estratégica de Defensa Integral de la región central, la zona con mayor armamento en Venezuela, que comprende el control militar de Aragua (con la base aérea Libertador), Carabobo (con la Brigada Blindada), Miranda y Distrito Capital (en Fuerte Tiuna, Palacio Blanco y ZODI-Caracas).

A estos movimientos para asegurarse el control de las FANB, la derecha contestó con apelaciones y hasta videos dirigidos a los oficiales, llamándolos a apoyar la viabilización del referéndum.

¿Disensos militares?, escenarios impredecibles

Sobre las posibles divisiones dentro de las Fuerzas Armadas está plagado de rumores, de igual manera sobre las que seguramente existen en el propio gobierno de Maduro, incluso entre los más comentado, qué militares están bajo la influencia mayor de Diosdado Cabello o de Maduro. Se puede llenar de muchísimas especulaciones un escrito al no contarse con informaciones más precisas, de las que por los movimientos políticos se puede dilucidar. Pero que hay movimientos hacia el interior de las Fuerzas Armadas, eso no se puede negar.

Es que, al verse obligadas a dirimir en la actual crisis política y tomar posición, las contradicciones que recorren la política nacional pueden también colarse con más fuerza en ellas, abriendo una mayor deliberación interna. Potencialmente, un ala más cercana a Maduro, otros sectores que estarían detrás de Disodado Cabello, otra ala más “bolivariana pero no madurista”, y posiblemente, entre oficiales de media y baja graduación que no forman parte de las camadas que se moldearon con Chávez y que ocupan hoy los altos mandos, haya sectores que simpatizan con la oposición.

Si al momento no hay expresiones públicas, se sobreentiende por estricto orden cerrado, comando y disciplina que existen en cualquier unidad castrense, lo que sí hay son militares que hasta no hace muy poco tiempo ocupaban cargos relevantes tanto en las propias FANB como en importantes cargos ministeriales, y han salido a la luz pública con voces disonantes. Difícil creer que estos militares hayan generado estas opiniones una vez fuera del cargo, sino que lo más seguro ya las mantenían cuando estaban en funciones, y por tanto expresan voces o movimientos subterráneos dentro de las FANB.

Como escribimos en un reciente artículo, el caso más notorio de estas voces en disenso, es la de Mayor General (R) Clíver Alcalá Cordones, exjefe de una de las Regiones Estratégicas de Defensa (Redi) del sureste del país, y que pasó a retiró poco después de la muerte de Chávez. No hace pocos días, el martes 17, expresaba su descontento contra el Gobierno de Maduro afirmando que "Lo que vimos el 4 de febrero (1992) lo estamos viendo en este momento”, refiriéndose a la fecha que llevó a Chávez a dirigir un intento de golpe de Estado.

Estas declaraciones suman a las que hace poco tiempo diera el también Mayor General del Ejército en retiro Miguel Eduardo Rodríguez Torres, y que fue Ministro del Interior hasta octubre de 2014, sosteniendo que “Hay que entender que el comandante Chávez no está y que tiene que haber cambios”. Estos militares tienen el elemento en común que, utilizando un lenguaje del “legado de Chávez”, están haciendo manifiestas las discusiones que pueden estarse viviendo entre la oficialidad.

Pero el papel que pueda venir a jugar las Fuerzas Armadas aún está por verse, tanto para ejercer su peso por una transición más acelerada en el país como para venir a ejercer un rol que puede abrir escenarios de mayores convulsiones políticas. No hay quienes no hablen de autogolpes, o incluso de forzar la salida de Maduro, incluso no puede descartarse un “pronunciamiento” en la tradición de los ejércitos latinoamericanos, esto es, que sin tomar directamente el poder, emitan una posición institucional que condicionen la resolución de la crisis. Por ejemplo, a favor o en contra de la realización del referéndum en determinado plazo. Pero lo que sí es seguro en la actual situación es que los tiempos políticos se aceleran donde el papel de las fuerzas armadas no constituyen un simple catalizador.

Y lo que es seguro también es que, contra lo que esperan algunos comentaristas, una intervención mayor de las FANB en el terreno político, e incluso un “pronunciamiento militar” o un autogolpe, no serán favorables a “profundizar el proceso”, cumplir el “legado de Chávez para avanzar hacia el socialismo del siglo XXI”, ni ninguna otra ilusión de que sirvan a la causa obrera y popular. Por el contrario, como muestra el cariz más represivo que tiene la injerencia militar en zonas populares, o en prevención de estallidos sociales (como los que insinuaron los saqueos localizados), el despliegue militar para “mantener el orden” irá principalmente dirigido, tarde o temprano, contra los trabajadores y el pueblo, su libertad de movilizarse e intervenir en la crisis.

Esta es una de las razones para rechazar el “estado de excepción” y alertar al pueblo trabajador sobre el peligro que representa el creciente papel de los militares, sea apoyando a Maduro, sea volcándose a apoyar una “transición” pactando con la derecha, con el imperialismo y el Papa por detrás.








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