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¿Qué hay detrás la guerra de los másteres?

En estos días, en los que ha renunciado la ya exministra Carmen Montón, Albert Rivera hizo arreciar los enfrentamientos por los falsos másteres, atacando a Pablo Casado y a Pedro Sánchez.

Guillermo Ferrari

Barcelona | @LLegui1968

Viernes 14 de septiembre | 19:46

En estos días dimitió Carmen Montón a su cargo de ministra de sanidad y el gobierno de Pedro Sánchez sumó la segunda dimisión en tan solo 100 días de gobierno. La renuncia de Montón inició la guerra de los másteres. La exministra fue cuestionada por el máster de Estudios Interdisciplinares de género “realizado” en la Universidad Rey Juan Carlos. La misma Universidad que ya tiene varios estudiantes imputados por el mismo máster en el cual habría “participado” Pablo Casado.

Albert Rivera, ni lento ni perezoso, aprovechó para lanzar una exigencia al presidente del Gobierno para que haga pública su tesis doctoral presentada en la Universidad Camilo José Cela. Al mismo tiempo, la Universidad Rey Juan Carlos denunció que “se han borrado” más de 6000 correos electrónicos entre 2009 y 2014 (¿a martillazos?). Justo el período en que habían estudiado el líder del PP, Pablo Casado, y la exministra Carmen Montón.

La Universidad Rey Juan Carlos está señalada en especial, no solo por los másteres de Cifuentes, Casado, Montón y otras personas; sino también por algunos antiguos rectores de la institución. Uno de ellos, Fernando Súarez Bilbao, por haber plagiado más de once publicaciones afectando a 30 profesores. O el caso de Pedro González-Trevijano, quien fuera rector en los tiempos en que Cifuentes “cursaba” el famoso máster, ahora es (¡oh! casualidad) magistrado del Tribunal Constitucional.

Todo esto viene precedido por el “asombroso” caso de Pablo Casado que tardó siete años para hacer la mitad de la licenciatura de derecho. Pero cuando cambió a la Universidad Rey Juan Carlos obtuvo unos resultados de récord: tan solo cuatro meses para acabar la otra mitad. Incluso ha hecho un máster que contó con el 40% de convalidaciones de sus asignaturas por asignaturas del grado. Por su parte, Rivera tiene un currículum “cambiante” de acuerdo con si se publica en la web de su partido, el Parlament o el Congreso.

Esta especie de “guerra de los másteres” dinamizada por Rivera tiene el objetivo de desgastar a Pablo Casado en la competencia por la derecha y a Pedro Sánchez también pensando en un posible adelantamiento de las elecciones generales. La política de Sánchez es tratar de usar La Moncloa para mejorar la imagen del decadente PSOE y a través de unas elecciones ampliar los escaños propios y favorecer a un gobierno suyo sin tener que apoyarse en las fuerzas políticas catalanas o vascas.

Todas estas maniobras políticas demuestran, en estos casos particulares, que la Universidad para los poderosos y los políticos burgueses no es más que una base de maniobras. No es más que la forma que ellos tienen para usar el poder en beneficio de los grandes empresarios que les apoyan y para quienes trabajan verdaderamente.

Mientras que para los trabajadores y los sectores populares que hacen un enorme esfuerzo para que sus hijos estudien una carrera, la Universidad es un intento de progreso social. Estos años de crisis para los sectores más empobrecidos de la sociedad han hecho que muchos estudiantes abandonen los estudios superiores, mientras las tasas subían y los ingresos de muchas familias caían en picado. Nada de esto importa a los poderosos del Ibex 35 y sus agentes políticos.

Los ricos tienen las mejores universidades para estudiar en mejores condiciones para trabajar en las empresas de “papá”. Y, si eso no alcanza, hay universidades que tienen chiringuitos como el Instituto de Derecho Público en el cual hay alumnos que no necesitan ir a cursar, que no presentan los trabajos obligatorios y, aun así aprueban obteniendo excelentes calificaciones.

Lo que se esconde tras el mastergate

Detrás del mastergate hay una pelea política durísima dentro de la derecha. Está muy claro que Albert Rivera está lanzando una OPA hostil sobre el PP de Casado. Ambos líderes “juegan” su baza para ver quién es más anticatalán, quien critica más al gobierno del PSOE, quien defiende al Rey y se opone “de costado” al traslado de los restos de Franco. Es una lucha a muerte para ver quién encabeza el espacio de la derecha y así optar a la presidencia cuando haya las generales.

Y también se esconde una pelea por recuperar el Gobierno. El PP ha pasado de ver dos años tranquilos en esta legislatura para acabar en la calle sin escalas y cambiando el equipo directivo. Ciudadanos fue completamente impotente esa pelea y le dio todo el apoyo a Mariano Rajoy. Ahora, mientras ambas formaciones derechistas se dan “de hostias”, tratan de conseguir recuperar “el reino perdido”.

Todo este teatro y lucha de camarillas por el poder esconde el fondo de la situación: que Pedro Sánchez no ha hecho más que gestos políticos más bien vacíos de cara al pueblo. Gestos como el traslado del cadáver de Franco mientras mantiene a Primo de Rivera y la impunidad de los crímenes del franquismo; el falso diálogo con Catalunya mientras se niega a aceptar un referéndum de autodeterminación; un magro aumento a los pensionistas mientras propone aumentar el impuesto al gasoil, etc.

Lo que se esconde tras toda ésta guerra de másteres falsos es que la realidad de millones de jóvenes, mujeres y trabajadores ha ido empeorando paso a paso con las políticas de Zapatero-Rajoy-Sánchez. El paro aún sigue por encima de los dos dígitos, el empleo generado es precario, temporal y mal pagado. Las externalizaciones y las dos últimas reformas laborales han sido un duro azote a las condiciones de trabajo.

¿A quién le importa si un máster es falso o no? Si el presidente aumentara el salario mínimo, impusiera una política de pleno empleo, aumentara los impuestos a las grandes fortunas y empresas, aumentara las jubilaciones a un nivel digno, permitiera que los diferentes pueblos que habitan actualmente el Estado español se sintieran cómodos y sin la obligación de formar parte del mismo, etc. Pero nada de eso pasa.

Hay motivos para estar indignados. Sin embargo, Podemos, fuerza política que dice retomar esa indignación, nos lleva detrás del PSOE. Los “socio-liberales” de Sánchez y González ya no son casta. Ahora “podemos” formar un gobierno de progreso con ellos, según las palabras de Pablo Iglesias.

Sin embargo, de lo que se trata no es de arañar algún que otro derecho, algún que otro gesto. Se trata de recuperar lo perdido en todos estos años de crisis que los ricos han hecho pagar a los trabajadores y el pueblo pobre, para ir por más. Hay dinero para aumentar salarios, para dar empleo, para acabar con la precariedad. Ese dinero lo tienen las grandes empresas del Ibex 35 que están siendo defendidas por el PSOE-PP-Cs.






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