Internacional

ENTREVISTA A LULA

Qué dijo Lula en su primera entrevista desde la cárcel

A un año de su detención en el marco del golpe institucional, Lula reveló su visión sobre la actual situación en el vecino país y de la estrategia política del PT.

André Augusto

Natal | @AcierAndy

Viernes 3 de mayo | 00:26

Como uno de los resultados del reaccionario golpe institucional de 2016, Lula fue encarcelado el 7 de abril de 2018, en un proceso absolutamente arbitrario en el que comulgaron la Corte Suprema (STF), el Tribunal Superior Electoral (TSE) y la operación judicial Lava Jato, junto con otras instancias del Poder Judicial, para que no pudiese disputar las elecciones. Como si fuera poco, viendo la posibilidad de que Lula fuese elegido en primera vuelta aun estando preso, las incontables manipulaciones del juez Moro y de la justicia vetaron de manera autoritaria la participación de Lula y facilitaron el camino hacia la victoria de Bolsonaro. La recompensa por los servicios prestados fue inmediata: Bolsonaro puso a Moro como ministro de Justicia y Seguridad Pública.

Desde el principio hacemos explícito el repudio a la prisión de Lula y a todos los movimientos de manipulación verdaderamente tiránicos que le impidieron disputar las elecciones, que fueron ganadas por la extrema derecha. Sin darle cualquier apoyo a la política del PT, exigimos su inmediata libertad.

Lula finalmente pudo dar su primera entrevista desde que fue preso el 4 de abril de 2018, tras ser condenado por un tribunal regional de segunda instancia sureño.

En ella habló sobre la situación en Brasil, su condena arbitraria dirigida por Sérgio Moro, en ese momento juez de primera instancia de la sureña ciudad de Curitiba, y por el procurador de la República Deltan Dallagnol.

Habló también sobre cómo viene siguiendo el desarrollo de las disputas al interior de la coalición de gobierno que involucran al vicepresidente Hamilton Mourão y la familia Bolsonaro.

También habló del centro de gravedad del plan golpista, la reforma previsional, a la que criticó pero no rechazó de plano, a tono con el doble registro que maneja el PT en este punto nodal de la política brasileña.

Críticas a la operación Lava Jato y a Estados Unidos

Uno de los puntos destacados de la entrevista fue la dureza de Lula contra la operación Lava Jato y Estados Unidos. Aun que las críticas a Moro y Dallagnol ya estaban presentes, Lula hizo cuestión de mostrar agresividad contra los agentes de la Lava Jato. La ligazón del Departamento de Justicia y del Departamento de Estado estadounidense con la operación de Moro fue uno de los ingredientes que llevaron a Lula a atacar más directamente a Estados Unidos.

Lula dijo estar obsesionado con desenmascarar a Moro, quien lo condenó por el caso de un departamento en Guarujá, en la costa de San Pablo cuando todavía era juez de primera instancia de la Operación Lava Jato.

La Lava Jato fue uno de los blancos preferidos. De hecho, Lula fue enfático contra el exjuez de Curitiba y su brazo derecho en el Ministerio Público Federal, Deltan Dallagnol. “Quiero demostrar esta farsa armada. Armada acá dentro [en Brasil], armada en el Departamento de Justicia de Estados Unidos, con la declaración de procuradores, con películas grabadas, y ahora agravado más aun con la creación de la fundación Criança Esperança de Dallagnol, tomando 2.500 millones de Petrobras para crear una fundación para él [...] Ese Dallagnol está seguro de que es mentiroso. Él mintió sobre mí. Entonces yo estoy acá, estimado, para buscar justicia, para probar inocencia”, dijo Lula.

También atacó al Tribunal Regional Federal de la 4ª región (TRF-4) que lo condenó en segunda instancia, diciendo que “Estoy seguro de que Dallagnol no duerme, de que Moro no duerme. Aquellos jueces del TRF-4, que ni leyeron la sentencia, hicieron un acuerdo allá [entre ellos]. Era mejor que uno solo lo hubiese leído y dicho ‘mirá, acá todos votan igual’”.

Esa postura contrasta con la confianza que Lula y el PT mantienen en el Poder Judicial. La defensa de la institucionalidad y de los instrumentos administrativos del régimen de 1988 son constantes en el discurso de Lula, y esta vez no fue distinto. La Corte Suprema, en la que Lula deposita su libertad –en lugar de apostar a la movilización de las masas– fue el pilar del golpe institucional y de su continuidad en las elecciones, que culminaron en la victoria de Bolsonaro.

Tan es así que el contraste en la evaluación de la Lava Jato con la Corte Suprema surgió con fuerza de entrada en la entrevista. “Las personas se comportarán como jueces supremos, de una Corte [el STF] a la que no podemos recurrir, y que ya tomó decisiones muy importantes. Esa Corte, por ejemplo, votó [liberación de investigaciones con] células-madre contra una buena parte de la Iglesia Católica. Ya votó la cuestión [de la demarcación del área indígena de] Raposa Serra do Sol contra los poderosos del arroz en el estado de Roraima. Esa misma Corte votó la unión civil [de homosexuales] contra todo prejuicio evangélico. Esa corte votó el cupo para que los negros puedan entrar [en las universidades]. Ella ya demostró que tuvo coraje y se portó bien”.

Lula no ignora el papel político golpista del autoritarismo judicial, pero prefiere jugar en sus fisuras para aparecer como el mejor defensor de lo que queda de las instituciones de la Nueva República de 1988. Siempre orgulloso de la forma en que se “fortaleció el MPF y la Policía Federal”, sectores que son la base del bolsonarismo y de la operación Lava Jato hoy, Lula se endilga otro certificado, de que puede ser el mejor administrador de la institucionalidad burguesa que llevó al golpe de 2016.

Un segundo punto de ataque además de la operación Lava Jato fue el propio gobierno de Bolsonaro, al que consideró una “banda de locos”. El “caso Queiroz” [exasesor de Flavio Bolsonaro, legislador carioca e hijo del presidente] y el vínculo del clan bolsonarista con las milicias fue contrastado por Lula ante la celeridad del autoritarismo judicial en su contra. La relación de sumisión servil de Bolsonaro en el altar de Donald Trump fue uno de los blancos del expresidente: “Nunca vi a un presidente hacerle reverencia a la bandera estadounidense [como hizo Bolsonaro]. Nunca vi a un presidente decir “yo amo a Estados Unidos, yo lo amo”. Ama a tu madre, ama a tu país! Que ama a Estados Unidos! Alguien cree que Estados Unidos va a favorecer a Brasil? [...] Y los lacayos brasileños creen que los estadounidenses van a hacer algo por nosotros. Los que tienen que hacer algo por nosotros somos nosotros. La solución de los problemas de Brasil está dentro de Brasil”.

El entreguismo de Bolsonaro a Estados Unidos es patente y patético, no hay dudas que se trata de un siervo de Trump y un punto de apoyo para su actual ofensiva recolonizadora en Latinoamérica y al intento de un golpe de Estado en Venezuela. La política externa del PT, sin embargo, fue negociar en mejores condiciones los términos de la subordinación al imperialismo, buscando las brechas de autonomía relativa ante Estados Unidos y diversificando las sociedades comerciales, pero manteniendo la estructura agroexportadora de Brasil en la división internacional del trabajo.

A pesar de las diferencias, buena parte de la política de sumisión al imperialismo fue compartida por los gobiernos del PT, que pagaron religiosamente la ilegal, ilegítima y fraudulenta deuda pública a los banqueros y especuladores internacionales, como hacen hoy Bolsonaro y Guedes. La deuda pública es un mecanismo de sumisión estructural de las economías dependientes y semicoloniales al capital extranjero. El PT pagó billones de reales en intereses y amortiguaciones de la deuda, permitió el avance de las petroleras estadounidenses y europeas sobre Petrobras, facilitando el camino para que la extrema derecha intente culminar su privatización, como la promesa que hizo Bolsonaro de privatizar 80 terminales, y no rompió los acuerdos de subordinación militar con el imperialismo, comandando la criminal operación MINUSTAH en Haití.

La cuestión "Hamilton Mourão"

Mención aparte merece el tratamiento que Lula le dio a la crisis entre Bolsonaro y Hamilton Mourão, su vicepresidente. Lula no escatimó gestos positivos hacia el vice. Le hizo guiños como forma de defender el legado diplomático y de las relaciones externas de lulismo, que en el marco de la subordinación a la división internacional del trabajo y al papel estructural de Brasil como proveedor de materias primas, buscó cierto grado de autonomía ante Estados Unidos para negociar en mejores condiciones los términos de su subordinación, y relaciones diplomáticas multilaterales en la relación “Sur-Sur”, especialmente con China, las que Mourão defiende profundizar.

Más allá de esta sintonía, Lula nombró directamente a Mourão en dos ocasiones, resaltando el contrapunto con el presidente. Primero, hizo cuestión de señalar que el enemigo central de Bolsonaro, después del PT, es su vice. "El enemigo central de Bolsonaro (el primero es el PT) ¡el segundo es el vice!". El segundo fue al ser cuestionado sobre si había seguido los movimientos del general Mourão, Lula dijo que "Sí, no puedo hablar porque tampoco lo conozco. Soy agradecido, por ejemplo, por un gesto suyo en la muerte de mi nieto. Fue un tipo que dijo que era una cuestión humanitaria visitar [ir al velatorio] de mi nieto. Distinto que el hijo de Bolsonaro, que posteó una serie de pavadas en Twitter [dijo que la muerte del niño victimizaría al expresidente]".

No dejó de mencionar, como evocando la cizaña entre Dilma Rousseff y Michel Temer, que "Estoy viendo la pelea [entre Mourão y la familia de Bolsonaro]. La voy siguiendo. Nadie nunca ás va a tener en este país un dúo harmónico como Lula y [el exvicepresidente] José Alencar". Una especie de premonición sobre la continuidad de las crisis en la fórmula presidencial, dentro de la cual Lula parece hacer ciertos gestos a una de las partes.

El periodista Reinaldo Azevedo escribió recientemente que el conservadurismo de Mourão, al revés que el de Bolsonaro (o de Sérgio Moro) "reserva un lugar a las instituciones". Ese pensamiento no debe estar lejos de los cálculos del PT, ni de partidos que orbitan a su alrededor, como el PCdoB, cuya diputada Perpétua Almeida defendió al vice contra Bolsonaro. Mourão estuvo abierto a negociar con la CUT, tiene un canal de diálogo con los gobernadores del PT en el noreste del país (como Wellington Dias, del estado de Piauí) y ya afirmó que es "malo para el país" la prisión de expresidentes. Tiene una relación con el PT distinta de la que pregona el bolsonarismo, y eso entra en los cálculos políticos del petismo.

El diálogo con la base política del bolsonarismo fue más allá de Mourão y del autoritarismo judicial, y se extendió a las Fuerzas Armadas. Lula recordó las mejoras que promovió la situación de las armas brasileñas, y dijo que "Cuando salga de aquí quiero conversar con los militares. Tengo ganas de preguntarle al jefe de la Marina, de la Aeronáutica, del Ejército, qué presidente hizo más cosas para ellos que yo. Quiero preguntarles cuál es la razón del odio que tienen por el PT. Cuando llegué a la Presidencia en 2003, el soldado brasileño salía [del trabajo] a las 11 porque no había dinero para el almuerzo. El recluta no ganaba un salario mínimo. Además de pagarles el salario mínimo, darles almuerzo, creé el [proyecto del Ministerio de Defensa] Soldado Ciudadano para darles cursos de formación".

Esa voluntad de recomponer los lazos con la base militar del bolsonarismo está fundada, para Lula, en el papel político que los militares pueden tener, circunscriptos a la Constitución. "Es importante recordar que la política en Brasil empezó con el Mariscal Deodoro da Fonseca. Ellos hacen política en Brasil, no solo tuvieron participación en el poder decisivo en el gobierno de Fernando Henrique, en el mío y en el de Dilma [Rousseff]. Estuvieron en el resto [de los gobiernos brasileños] [...] No estoy en contra de que ellos participen del gobierno, no. Pero militar tiene que saber que tienen un papel a cumplir por Constitución". La señal positiva enviada a Mourão está vinculada con el objetivo del PT (y de Lula) de recomponer las relaciones con sectores de la alta oficialidad de las Fuerzas Armadas, donde pululan las simpatías por la operación Lava Jato, el golpismo y el bolsonarismo.

Reforma previsional: discurso lulista y "realpolitik" de los gobernadores del PT

Otro foco de los comentarios políticos de Lula fue la reforma previsional. Lula dirige el discurso, contrario a la reforma previsional, de las figuras parlamentarias del PT, como Gleisi Hoffmann, presidenta del PT y diputada federal; el líder del PT en el Senado, Humberto Costa; y el líder del PT en la Cámara, Paulo Pimenta.

En la entrevista a la Folha, Lula dijo que "El país está desgobernado. Él [Bolsonaro] no sabe hasta ahora qué hacer, y quien dicta las reglas es [el ministro de Economía] Paulo Guedes. El hombre del billón de reales [lo que el ministro dice que ahorrará con la reforma previsional]. Lo único que el pueblo sabe es del billón. [...] Hizo la reforma previsional, se le terminó el problema. Se terminó el problema de Brasil. Todos van a estar maravillosamente bien. Creo que todos se van a perjudicar si se aprueba el sistema previsional tal como él [Guedes] quiere. Si el sistema previsional necesita una reforma, sentá a los trabajadores con los empresarios, con los jubilados, los políticos y encontrá una solución para arreglar lo que haya que arreglar".

A pesar de las frases contemplativas de la dirección petista, los gobernadores del PT ya dijeron que son favorables a la reforma previsional, mediante negociación de una ayuda financiera de la Unión a la situación fiscal de sus Estados, y la quita de algunos de los puntos impopulares.

En realidad, el PT viene actuando "por arriba" restringiéndose a criticar puntos impopulares de la reforma, y "por abajo" a través de las centrales sindicales que controla (la CUT y la CTB, dirigida por el PCdoB), que impide la organización de un serio plan de lucha contra la reforma bolsonarista, dividiendo y fragmentando a los trabajadores, descomprimiendo la bronca popular en movilizaciones minoritarias como la del 22M, muy lejos del objetivo de hacer contundentes demostraciones de fuerza.

Cuando le preguntaron qué haría para resolver la crisis económica, fue sintomático ver la apelación a su "legado" de protección de los capitalistas, mediante concesiones sociales permitidas por el último ciclo de crecimiento económico internacional. "No hay magia: el 50% de los problemas económicos de un país se resuelven cuando el que está gobernando tiene credibilidad interna y externa. [...] Cuando asumí en 2003, gasté parte del capital político que tenía para hacer cosas que el PT no quería que hiciera. Aumenté el superávit primario a 3.45. Eso en la izquierda del PT era para matarme. En 2004 la economía creció 5,8%. [...] ¿Querés ver una cosa que creo que fue un error del gobierno de Dilma y que o no haría? En 2009, cuando vino la crisis [internacional], yo creé una política de descargos fiscales, de 4 y de 7 millones de reales entre 2009 y 2010. Los descargos para mí siempre funcionaban como si fuesen una compuerta: yo la abro cuando quiero producir más energía, y después la cierro. De 2011 a 2014, entre descargos y exención fiscal ellos [el equipo de Dilma] hicieron [descargos por] 540 mil millones de reales. Ahí Dilma se dio cuenta que no daba más para descargar, porque vos mandabas al Congreso [una propuesta para] descargar a las fábricas de manzana y el [entonces presidente de la Cámara de Diputados] Eduardo Cunha ponía manzana, pera, sandía, zapallo, venían 500 cosas de vuelta".

Lula no hizo cualquier mención crítica hacia los especuladores externos. Al contrario, de busca la "credibilidad". Eso significa pagar el fraude de la deuda pública. Para los empresarios millonarios, se reservan los descargos y exenciones, y ninguna exigencia de que paguen los 450 mil millones de reales que le deben al sistema previsional. Si en los períodos de vacas gordas del lulismo el PT no grabó con impuestos a los grandes capitalistas -al contrario, les dio subsidios fiscales-, ¿por qué en tiempos de vacas flacas la continuidad de esos mecanismos sería una posible salida a la crisis?

En síntesis, Lula mantuvo el discurso duro que vino desarrollando en los últimos meses, criticando la operación judicial Lava Jato y en defensa de su legado, preocupado por mostrarse como la mejor salida para la administración del capitalismo neoliberal decadente en Brasil. En la dureza de las palabras, que se dirigen correctamente contra el autoritarismo judicial, se siente al mismo tiempo la voluntad del PT de restablecer las relaciones políticas con los mismos actores autoritarios que son la base del bolsonarismo. "Nada olvidado, nada aprendido", según el viejo canciller de Napoleón. Pero en este caso, se trata del modus operandi tradicional del PT, que fue durante décadas uno de los principales pilares de la institucionalidad del Estado capitalista. Hoy busca serlo, en medio del drama de la prisión de su principal líder, en la batalla por reconquistar el favor de los capitalistas, y no por enfrentarlos y hacer que paguen la crisis.

Exigimos la libertad inmediata de Lula, sin cualquier apoyo a la política del PT

Repudiamos la prisión arbitraria de Lula y las condiciones en las que tiene que pronunciarse. Es más que evidente que, en medio de la disputa entre sectores de la Corte Suprema y de la Lava Jato, para saber quién será el primer violín del autoritarismo judicial, no hay nada de progresista para las masas con el fortalecimiento de las arbitrariedades de la toga, pilar del golpe institucional. Hay que atacar los privilegios de jueces, procuradores y magistrados, con un programa que imponga que los capitalistas paguen la crisis.

El Movimiento Revolucionario de Trabajadores, grupo de la Fracción Trotskista que impulsa Esquerda Diario de Brasil, que lucha contra el golpe y su profundización, así como contra el autoritarismo judicial y el avance de la extrema derecha, exige la libertad inmediata de Lula. Sin darle apoyo político a Lula ni al PT, hay que rechazar todos los ataques del Poder Judicial contra derechos democráticos de la población, que poseen un objetivo central de fragilizar las posiciones de los trabajadores al interior de un régimen político más endurecido y autoritario, dificultando la organización sindical y las huelgas para descargar la crisis capitalista sobre los trabajadores, empezando por la reforma previsional.

Contra el autoritarismo judicial, defendemos la libertad inmediata de Lula, sin dar ningún apoyo político al PT, que hasta ahora se arrodilló ante el autoritarismo judicial, y prepara una estrategia de derrota ante la reforma previsional, fragmentando y desmoralizando al os trabajadores a través de la CUT y la CTB (dirigida por el PCdoB).

El autoritarismo judicial solo puede ser combatido con un programa anticapitalista. Contra esta democracia manipulada por jueces políticamente interesados, hay que luchar para que los jueces sean elegidos por el pueblo, revocables a cualquier momento y reciban el mismo sueldo que una docente, aboliendo sus partidas presupuestarias auxiliares como el grotesco auxilio vivienda. Para terminar con la fiesta de empresarios y políticos corruptos, que alcanza a todos los partidos dominantes, todos los juicios por corrupción deben ser realizados por jurados populares, aboliendo los tribunales superiores.

Esto debe estar ligado al no pago de la deuda pública y la nacionalización de los bancos, del comercio exterior y de los recursos estratégicos de la economía bajo control de los trabajadores, y la estatización bajo gestión de los trabajadores de todas las grandes empresas de infraestructura, para que la crisis la paguen los capitalistas.

La entrevista a Lula fue autorizada a los diarios Folha de São Paulo de Brasil y El País del Estado español por el juez de la Corte Suprema, Ricardo Lewandowski. Se supo luego de la decisión unánime del Tribunal Superior de Justicia (TSJ) de mantener preso a Lula con una reducción de pena de 10 a 8 meses. De acuerdo con la Ley de Ejecución Penal, esto posibilitaría que, por el régimen de progresión de pena, Lula pueda cumplir el resto de su pena a partir de septiembre en prisión domiciliaria, ya que habría cumplido, en este caso, un sexto de la sentencia en régimen cerrado.







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