Economía

NO DEJAR LA VIDA EN EL TRABAJO

Pulpos de la alimentación: ¿cuál es el secreto de sus ganancias multimillonarias?

Un puñado de multinacionales domina la industria. En 2016, por cada $ 1 pagado de salario ganaron $ 2,1. Obreras y obreros se ven sometidos a largas semanas de trabajo y jornadas extenuantes.

Pablo Anino

@PabloAnino

Viernes 5 de mayo | Edición del día

El contraste entre el enorme potencial productivo industrial y las condiciones de vida del pueblo trabajador es notorio. Con algo más de 40 millones de habitantes Argentina produce alimentos para 440 millones de personas. Es decir ¡Se puede alimentar diez veces la población actual!

No obstante, en el segundo semestre de 2016, la pobreza alcanzó al 30,3 % y la indigencia al 6,1 % de las personas en los aglomerados urbanos relevados por la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) realizada por Indec.

El Gobierno de Mauricio Macri habla de transformar a nuestro país en el supermercado del mundo. Es decir, que las materias primas que se producen pasen por un proceso de transformación industrial.

Pero, si bien muchas materias primas se exportan sin procesar, ya existe una importante industria de la alimentación en el país. En 2016, la rama que produce alimentos y bebidas explicó el 36% del valor del total de la producción manufacturera, siendo la principal industria.

Para ese año la rama de la alimentación y bebidas obtuvo ganancias por casi $ 227 mil millones. A su vez, empleó unos 377 mil trabajadores que cobraron promedio $ 22.076 brutos por mes ($ 18.323 netos). De este modo, la masa salarial anual de todos los trabajadores y trabajadoras fue $ 108 mil millones.

De esos datos resulta que por cada $ 1 que las empresas pagaron de salarios obtuvieron $ 2,1 de ganancias. Es necesario aclarar que la masa salarial está sobreestimada en alguna proporción porque las estadísticas oficiales computan los ingresos de gerentes y ejecutivos con recibos de sueldo.

Entre 2010 y 2016, inflación mediante, la masa salarial subió 406 % mientras las ganancias lo hicieron 345 %. Claro que aun así las empresas siguieron sacando enormes ventajas en relación a los salarios debido a que en 2010 y 2011, las empresas obtenían $ 2,6 y $ 2,5, respectivamente, de ganancias por cada $ 1 pagado de salario. Cristina Fernández tenía razón cuando afirmaba que se la “llevaron en pala”. Ella fue la garante de esos formidables beneficios.

Para noviembre de 2016, la “canasta de ingresos mínimos” para una familia fue estimada en $ 21.208 por ATE-Indec. Pero trabajadoras y trabajadores de la industria de alimentos y bebidas obtenían para ese mes salarios netos promedio de $ 20.098. Es decir, ubicados por debajo de esa canasta. En este caso, también cabe la aclaración de la sobreestimación de los promedios por sueldos de gerentes y ejecutivos.

No sólo eso. Es de notar que el valor de la canasta básica no es un ideal, sino, que por el contrario, comprende una serie de bienes y servicios mínimos para sobrevivir. Como aclaran los trabajadores de ATE-Indec, las estimaciones “se refieren a valores de mínima y no implican un modelo de lo que sería una canasta óptima, deseable, que no surge de un análisis estadístico sino de una discusión más global acerca de los objetivos y valores a que se tiende.”.

Si bien no hay datos actualizados ni que desagreguen a la industria de la alimentación y bebidas, según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), para los años 2009 y 2010 en el conjunto de la industria manufacturera del país se trabajó casi 44 horas semanales.

No obstante, en multinacionales como Mondelēz se trabaja más horas. En su planta de Victoria la semana va de lunes a sábados a partir del convenio flexibilizador denominado Mantecol. En la planta que posee en la localidad de Pacheco (ex Kraft) los obreros del turno noche también trabajan 48 horas semanales. Esto ocurre en clara violación de las leyes que definen que "La jornada de trabajo íntegramente nocturna no podrá exceder de siete (7) horas".

Muchos testimonios dan cuenta de esta situación. Lejos de los fríos números, Teresa Gorosito, delegada de la planta Victoria de Mondelēz (ex Cadbury Stani), explica que “Hace falta agregar que lo que produzcas dentro de tu puesto de trabajo durante tu estadía de ocho horas o más dentro de la fábrica es ganancia para el patrón, y supervivencia para nosotros. Donde sólo vos te llevas por jornada la más mínima parte, siendo que fueron tus manos, que seguro están rotas, las que envasaron las futuras riquezas del opresor. Las cervicales, los túnel carpiano, las tendinitis, las marcas de cirugías y las largas rehabilitaciones también absorbieron tu vida. La vida que es una sola y no se recicla o reprocesa como lo hacen los empresarios con sus productos.”.

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En la planta donde trabaja Teresa la mayor parte de las ausencias laborales se deben a enfermedades osteoarticulares que afectan a los huesos, cartílagos, tendones y/o articulaciones, provocando discapacidades moderadas o severas de manera temporal y hasta permanente, ocasionadas por las condiciones de producción.

Obreras y obreros no sólo se ven sometidos a jornadas extenuantes para con mucho esfuerzo obtener un salario que permita apenas llegar a fin de mes. Además, los ritmos de trabajo provocan que vayan dejando sus vidas en las fábricas. Mientras los pulpos multinacionales de la alimentación fugan ganancias multimillonarias fuera del país.

Un negocio nada dulce

Dentro de la industria de la alimentación hay un sector de empresas dedicadas a la producción de golosinas y snacks. A nivel mundial, las cadenas globales de valor están dominadas por un pequeño grupo de compañías de capitales con origen en Europa y los Estados Unidos.

Hay diez empresas multinacionales que poseen las principales marcas de alimentos y bebidas del mundo. La suiza Nestlé tiene el podio en ventas mundiales. Entre las mayores empresas de Estados Unidos figuran Mondelēz International (ex Kraft Food) y Mars. En el ránking global hay que agregar a Pepsico, Coca Cola, Unilever, Danone, General Mills, Kellog’s y Associated British Food.

En Argentina, la firma cordobesa Arcor es líder en alimentos. A su vez, es el primer productor mundial de caramelos. En América Latina también está entre los primeros productores de alfajores, galletitas y cereales a través de su asociación con el Grupo Danone en Bagley. No sólo eso. Comparte negocios con la compañía Bimbo. Desde 2015 posee el 25 % de Mastellone, transformándose en uno de los principales productores lácteos del país. Sus negocios no se detienen: además realizó una alianza estratégica con Coca Cola.

Arcor posee más de 40 plantas en el mundo con 21 mil empleados a través de las cuales abastece 120 países. En Argentina cuenta con 30 establecimientos y concentra el 75 % de su negocio. En 2015, realizó ventas consolidadas entre todos los países por $ 28 mil millones, siendo sus ganancias de $ 801 millones. Por lo cual, cada empleado le reportó $ 38 mil de ganancia por año.

En Argentina, Arcor compite con marcas internacionales como las pertenecientes a Mondelēz, Nestlé o Pepsico. Por otro lado existen muchas medianas y pequeñas empresas, como pueden ser Felfort o Jorgito, relacionadas con la elaboración de golosinas que se esparcen por todo el país. Pero lo central del negocio está concentrado de las grandes multinacionales.

Kraft Foods (actual Mondelēz) llegó al país en 1990 mediante la fusión a nivel mundial con Suchard, que ya funcionaba en Argentina. Más adelante, en 2001, Kraft Foods realiza una nueva fusión con Nabisco, quien había adquirido Terrabusi hacia 1993. En 2010 Kraft Foods adquirió Cadbury Stani. En 2012 realiza la división de sus negocios dando nacimiento a Mondelēz que es líder mundial en snacks, chocolates, galletitas y caramelos. Hoy es uno de los principales complejos alimenticios del país. Mondelēz tiene 4.800 trabajadores bajo sus órdenes en las plantas que posee en la Provincia de Buenos Aires y San Luis. En 2015, obtuvo en nuestro país ingresos por casi $ 7 mil millones y ganancias por $ 417 millones. Es decir, que cada trabajador le reportó alrededor de $ 87 mil de ganancias en aquel año.

Pepsico es otra multinacional yanqui con muchas ventas en el país. Produce Lays, Toddy, Tropicana, Quaker y Pepsi, entre otras reconocidas marcas. En 2016, a nivel mundial, obtuvo ganancias por U$S 10,3 mil millones, de las cuales el 8 % salieron de su división en América Latina.

El acto del 1º de Mayo, convocado por el Frente de Izquierda y los Trabajadores en Plaza de Mayo, fue cerrado por Lorena Gentile, obrera de la planta de Pacheco de la multinacional Mondelēz (ex Kraft). En su discurso explicó que “Nosotros, los trabajadores del turno noche, tenemos que entrar a la fábrica todos los domingos a las diez de la noche y nuestra semana laboral termina los sábados a las seis de la mañana. De siete noches, seis las pasamos en la fábrica. Muchas de mis compañeras apenas llegan a dormir tres horas por día. Se tienen que repartir entre ser amas de casa, ser obreras, ser madres. Nuestros cuerpos, nuestras vidas, están pagando las consecuencias de esos ritmos a los que nos tienen sometidos y el poco tiempo de descanso. Todas las ganancias son de ellos. Nuestras vidas son las que van quedando en la fábrica.”.

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Lo que relatan Lorena Gentile o Teresa Gorosito es lo que viven miles de trabajadoras y trabajadores de la industria alimenticia y de bebidas. El secreto de las ganancias multimillonarias de las multinacionales hay que buscarlo en la explotación que sufre la clase obrera.

Lorena concluyó su discurso señalando que “cuando decimos que queremos trabajar seis horas, cinco días a la semana y decimos que nuestras vidas valen más que sus ganancias, lo hacemos desde un grito de rebeldía, de que no queremos vivir más así. Y esta bandera de lucha tiene que ser tomada por toda la clase trabajadora en el camino por terminar con este sistema de explotación y opresión”.

Atacando las millonarias ganancias de las empresas se puede alcanzar la reducción de la jornada laboral, repartiendo las horas de trabajo totales mediante la incorporación de desocupados a la producción, disminuir los insoportables ritmos de trabajo y hacer que el salario de nadie quede por debajo de la canasta familiar.

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