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REFERÉNDUM CATALÁN

Puigdemont e Iglesias a la espera de Sánchez

Una restauración progresista del Régimen del 78 que incluya un desvío para el proceso catalán. Esta es la apuesta de Podemos y JxSí tras las primarias socialistas.

Santiago Lupe

Barcelona | @SantiagoLupeBCN

Lunes 22 de mayo | 19:07

El día después de las primarias del PSOE la atención mediática se ha volcado una vez más en el proceso catalán. La filtración de la Ley de Desconexió por El País -posteriormente desmentida por la Generalitat- y el acto de Puigdemont en Madrid no daban para menos.

¿Casualidad? Tanta como que Podemos presentara su moción de censura la semana pasada o que realizara el acto de la Puerta de Sol a un día de la votación socialista. Tanto Iglesias como Puigdemont quieren jugar sus cartas en la todavía abierta crisis del Régimen del 78, pero ¿cual es la jugada?

La victoria de Sánchez el domingo no fue solamente celebrada en Ferraz por los militantes del PSOE allí reunidos. También en la sede de Podemos se debió descorchar alguna botella de cava o sidra. La posibilidad cerrada el pasado 1 de octubre de un pacto entre la formación morada, sus confluencias y el PSOE se vuelve a plantear, y los primeros no han perdido el tiempo. Este mismo lunes Iglesias ya ofrecía a Sánchez retirar su moción de censura si éste presentaba una propia con él como candidato a la Presidencia del Gobierno.

Sánchez y el PSOE en general, parece que se tomaron el día de “asuntos propios”. Los perdedores tendrán que ver cómo se digiere la derrota y seguramente como mantienen la ofensiva en el siguiente Congreso federal y los regionales. Limitar al máximo la libertad de movimiento del nuevo Secretario General es el nuevo objetivo de Díaz y los suyos.

Los ganadores recuperan el mando en un momento en que sostener el “no es no” -con Podemos tendiendo la mano para intentar derribar a un PP acosado por una nueva oleada de casos de corrupción- sin hacer nada para echar a Rajoy será difícil de explicar.

El ofrecimiento de Iglesias no puede dejar de generar un cierto “dejavu”. Nuevamente Podemos deja claro que su “cambio” no pasa de un gobierno de coalición con los social-liberales del PSOE y, como vimos en todo 2016, casi a “cualquier precio”, asumiendo tantas renuncias programáticas como fuera necesario.

Y tomando como modelo a Syriza -cuyo gobierno reivindicó Iglesias este sábado en Sol, la misma semana que Tsipras reprimía brutalmente las protestas contra sus políticas de ajuste- o el gobierno portugués -reivindicado, según el día, por Sánchez, y que aplica su propia agenda de recortes en acuerdo con la Troika-. Y seguramente, nuevamente veamos al PSOE negándose educadamente a tan generoso ofrecimiento.

¿A qué se debe este sainete? La respuesta nos la recordaron ayer El País y Puigdemont, aunque con intencionalidades opuestas. El matrimonio Podemos y PSOE necesita de unos padrinos de boda obligados algo “problemáticos”. Descartado Ciudadanos como socio, no hay “gobierno de progreso” sin la venia de ERC y el PDCat, que es lo mismo que decir que no hay “gobierno de progreso” sin un acuerdo en torno a la consulta catalana.

El País, seguramente algo ofuscado por el fracaso de su campaña por Díaz, salió ayer con una filtración de la supuesta Ley de Desconexión catalana que están negociando JxSí y la CUP. Horas después la Generalitat salió a decir que lo publicado no se correspondía con la verdad, pero ¿qué más da?. El grupo PRISA agitó durante todo el día sobre la amenaza secesionista, el peligro de una declaración unilateral de independencia, la constitución de una república sin separación de poderes...

Más allá de si el texto se acerca o no a lo que se está negociando -El País seguramente le da al Govern un carácter de desobediente e insumiso que le queda grande tanto a convergentes como a ERC-, el mensaje a los ganadores del PSOE era claro: ante la amenaza secesionista el PSOE, como partido de Estado, no puede sino dejar al PP en el gobierno, mantener el frente españolista y olvidarse por tanto de toda coalición alternativa que le abriese las puertas de Moncloa a cambio del riesgo de independencia catalana.

Pero Puigdemont también quiso jugar sus cartas. Después de rechazar la invitación al Congreso para debatir su propuesta de referéndum -consciente de que una votación de la Cámara en contra sería un varapalo para su hoja de ruta- se reunió con Pablo Iglesias y Xavier Domènech primero y Manuela Carmena después, para acabar el día con una conferencia, junto a Junqueras y Romeva, en la que reiteró su oferta de diálogo y acuerdo para definir fecha, pregunta y criterios de resultado de la consulta, así como la implementación del mismo.

Pero cabe preguntarse ¿a quién hablaba realmente Puigdemont? ¿a Rajoy? El interlocutor ayer era otro: el ganador de las primarias del domingo. Por eso la previa al acto fueron los encuentro con referentes de “los comunes” que le proponen de Presidente, por eso el acto fue un día después de las primarias socialistas y por eso los ofrecimientos a cambiar la consulta de septiembre por otra pactada -sin descartar tajantemente que lo que se vote sea “otra cosa”- vienen en aumento en las últimas semanas en boca de Artur Mas y otras figuras del Govern catalán.

Iglesias y Puigdemont, los “comunes” y los “procesistas”, empiezan a reconocerse como aliados para conseguir lo que no se logró en 2016, que el PSOE acepte ponerse a la cabeza de un gobierno que trate de poner en marcha una restauración del Régimen del 78 con barniz progresista.

A su favor tienen que el intento de cerrar la crisis de régimen por medio de una gran coalición de facto entre PP, Cs y PSOE, está en una crisis profunda y el resultado del domingo lejos de resolverla la agraba. En su contra, que Sánchez será el “candidato de las bases” pero es Régimen puro y tiene a la mitad de los militantes y a todo el aparato del PSOE de uñas. Que el PSOE acepte este papel es aún difícil, aunque si la crisis institucional entre el gobierno central y la Generalitat sigue escalando no es imposible que se decida jugar este rol como salvador del Estado.

Es por lo tanto muy probable que la crisis por arriba, que tuvo su expresión más sostenida en los más de 300 días de gobierno en funciones, vuelva a abrirse e incluso a dar nuevos capítulos aún más críticos, seguramente con epicentro en el septiembre catalán. Sin embargo las dos grandes ofertas para cerrarla que hay sobre la mesa comparten el que no cambie nada de lo sustancial.

La restauración conservadora del PP, Cs y el PSOE de Díaz, es un intento de huida hacia adelante con cada vez menos viabilidad. La restauración progresista de Podemos, con el “procesisme” de nuevo escudero, propone un cambio de caras, las mismas políticas aplicadas durante décadas por social-liberales y conservadores -las que hoy aplican en Grecia y Portugal- y algún tipo de nuevo encaje catalán pasado por las urnas que vuelva a encajonar el “derecho a decidir” y ahorren a los representantes políticos de la burguesía catalana tener que llevar hasta el final sus propias promesas.

Pero también hay un tercer escenario que no se puede descartar, y que de hecho es el que viene primando. Que ni una ni otra oferta se logren instalar y la crisis siga abierta y dando nuevos y más profundos capítulos.

Sin duda el mejor escenario posible a la espera de que se logre reactivar la movilización social por todas las demandas democráticas y sociales que ambos proyectos quieren dejar irresueltas. La lucha por imponer verdaderos procesos constituyentes en todo el Estado y las distintas nacionalidades sigue estando planteada para que la crisis del Régimen del 78 no concluya con una nueva salida “gatopardista” en la que “algo cambie para que no cambie nada”.






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