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Puigdemont dice "Así no" al rey y no cierra la puerta a la negociación

El president de la Generalitat, representante de Cataluña, compareció la noche del miércoles para solicitar una mediación sin abandonar su hoja de ruta. Una declaración que sitúa la pelota en el tejado del Régimen.

Ivan Tamajón

Barcelona | @Ivan_Borvba

Jueves 5 de octubre | Edición del día

Tras la declaración del Rey Felipe VI el martes por la noche, esta vez fue el turno del president de la Generalitat, Carles Puigdemont.

Tres días después de la celebración del referéndum del 1 de octubre, y un día después de la huelga general, Puigdemont ha querido recordar la resistencia del pueblo catalán del pasado domingo, la represión sufrida y la importante movilización del martes día 3 en toda Catalunya.
A su vez, ha reiterado que tanto el referéndum como la citada movilización del martes, demuestran la determinación del pueblo de Catalunya en “alcanzar sus anhelos” y por ello el ejecutivo catalán tiene “la obligación y voluntad” de seguir el mandato dictado en las urnas.

En una declaración donde las medidas palabras no avanzaban los siguientes pasos de su gobierno, Puigdemont ha mantenido que “no se moverá ni un milímetro” de la hoja ruta dictada. Sin embargo, al mismo tiempo ha dirigido otro mensaje a sus interlocutores alrededor de una idea clara, la voluntad de mediación por parte de su gobernación. El president repitió, como en otras ocasiones, que mantiene la mano extendida a una mediación internacional, algo que también de forma reiterada el Partido Popular y el Gobierno de Mariano Rajoy han rechazado.
Como no podía ser de otra manera, hubo espacio para responder a las palabras de Felipe VI, a quien acusó de ser sostén de la política represiva de Rajoy. Puigdemont inició este apartado con un contundente “así no”, en relación a las declaraciones del monarca, que lejos de “un papel de moderador”, dijo, lo sitúan en la línea del actual gobierno.

Puigdemont recriminó las palabras de Felipe VI, las que según el propio president “decepcionaron a muchos catalanes” que le mostraron apoyo en “otros momentos de dificultad” de la institución. Estas palabras, aseguró, se alejan del camino que el propio president quiere recorrer, basado en “la paz, el diálogo y los acuerdos”.
Pero más allá de la crítica en el discurso, la interpelación a la Corona deja un mensaje que solo los próximos días permitirán descifrar en todo su significado. El “así no” inicial señala el error que hasta la fecha, según Puigdemont, el Régimen del ‘78 está cometiendo frente al derecho a decidir de Catalunya, pero queda lejos de ser un portazo, más bien reiteró que la “puerta está abierta”.
El mensaje “dialoguista” hacia la Corona busca aislar la política represiva del Partido Popular y cuestionar el “cierre de filas” que el martes por la noche transmitió la Zarzuela. Con un mensaje de diálogo, Puigdemont deja la pelota sobre el tejado del Régimen.

No obstante este camino de “paz, diálogo y acuerdos” cuenta con minas muy difíciles de sortear. La negativa del Gobierno central a cualquier tipo de negociación con la Declaración Unilateral de Independencia (DUI) sobre la mesa, la falta de una alternativa regeneracionista al gobierno de Rajoy o la imposibilidad del gobierno de Puigdemont de diluir en exceso la voluntad manifiesta del pueblo catalán de proclamar la independencia con las masivas movilizaciones de los últimos días, hacen realmente complicado que la vía de las negociaciones tenga un recorrido largo.
La “tercera vía” del “diálogo” es una vía que diferentes actores buscan emprender frente a la compleja situación. El propio presidente del Gobierno se entrevistó el pasado martes con los arzobispos de Barcelona y Madrid en la Moncloa, que intentan jugar ese papel.

Por su parte Podemos y los “comunes”, que parten de no reconocer los resultados del 1 de octubre, reclaman por una tercera vía, algo que por el momento es un canto al vacío, ya que no se ha mostrado como la intención en la Unión Europea ni mucho menos el deseo del ejecutivo del Estado Español. Sin ir más lejos, pocos minutos antes de la intervención de Puigdemont, el Gobierno y el Partido Popular rechazaron una propuesta de Podemos de encontrar una mediación, tal como reflejaron algunos medios. Una posición de intransigencia total que reafirmó la vicepresidenta del gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, minutos después de que hablara Puigdemont, diciendo que estaba “fuera de la ley” y “fuera de la realidad”.

Estas reiteradas apelaciones al “dialogo”, tras cinco años sin defender realmente el derecho a decidir del pueblo catalán, muestran que la estrategia de Podemos centrada en una salida “progresista” a la crisis del Régimen junto al PSOE, se muestra cada vez más impotente debido a la postura abiertamente antidemocrática y represiva de todos los agentes del Régimen del 78.

El pueblo catalán fue contundente el día 1 de octubre y se reafirmó el día 3 en su voluntad de constituir un Estado independiente. Las declaraciones de Puigdemont, si bien aparentemente muestran la determinación de aplicar los resultados del referéndum, no especifica cómo, lo que muestra los grandes límites de la dirección del procés (en referencia al proceso iniciado en Cataluña en 2012, con el objetivo de lograr el derecho a la autodeterminación y la independencia), en manos de los partidos históricos de la burguesía y la pequeñoburguesía catalana. Tras el 1 de octubre queda claro que la represión que se desencadenará será aún mayor que la recibida, por lo que un plan mínimamente consecuente para proclamar una República debería contar con una gran defensa, lo que no forma parte de la política de Puigdemont, que siembra ilusiones en un reconocimiento internacional que está lejos de producirse.

Tampoco la suerte de “tercera vía” levantada por Podemos o “los comunes” ofrece ninguna garantía. Esta se sustenta en levantar la bandera de la mediación cuando el Estado Español no quiere mediar y además va contra la voluntad expresada por la mayoría del pueblo catalán el 1 de octubre.
Para la defensa de los resultados del 1 de octubre, es necesario que se levante un gran movimiento en los centros de trabajo y los centros de estudio con la clase trabajadora en el centro.

Frente estas nuevas trampas de la búsqueda de mediación, es necesario una salida independiente de clase. Pelear por Procesos Constituyentes tanto en Catalunya como en el resto del Estado. Procesos constituyentes no encorsetados bajo la dirección burguesa que limita de antemano qué podemos discutir, como pretende Junts pel Si, sino procesos constituyentes libres y soberanos donde poder decidir sobre todo: nuestra relación con el Estado español, el fin de la monarquía y el concordato con la Iglesia, la nacionalización bajo control de los trabajadores de la banca y los sectores estratégicos, la expropiación de las miles de viviendas que la banca mantiene vacías para especular mientras miles de familias viven en la calle, etc, junto a otras medidas democráticas radiales y sociales. Y por supuesto cuestiones democráticas como que el salario de los cargos públicos sea igual al de un trabajador calificado, la disolución del Senado y la instauración de una cámara única y por supuesto la supresión de la Corona. Luchando por terminar con la monarquía y el Régimen del ’78, hace fala conquistar un proceso constituyente libre y soberano para decidirlo todo y conquistar una República Independiente, obrera y Socialista en Catalunya. Esta será la palanca más poderosa para que la clase trabajadora de todo el Estado español la defienda contra la represión del Estado, y se sume a la lucha por una Federación libre de Repúblicas socialistas ibéricas.








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