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Puerto Madero: el símbolo del “Capital global” y la vida relajada de la “dekada ganada”

Así como en las últimas tres décadas, el gran Buenos Aires fue escenario de desarrollos inmobiliarios de "elite" como countries y barrios cerrados, la Ciudad de Buenos Aires se configuró como espacio de disputas y especulaciones capitalistas de gran proporción.

Damián Giammarino

Grupo de investigación sobre conflictos urbanos, territoriales y migratorios (FAHCE – UNLP)

Ariel Aramayo

Docente universitario UNLP / Grupo de investigación sobre conflictos urbanos, territoriales y migratorios (FAHCE – UNLP)

Jueves 29 de septiembre de 2016 | Edición del día

Cuando el menemismo, allá por los años ’90 liquidaba las empresas del Estado, privatizaba todos los servicios y empujaba a cientos de miles de trabajadores a la calle y la pobreza (la desocupación alcanzó más del 20%), en la ciudad de Buenos Aires algo extraño sucedió: más de una decena de shopping center eran construidos por Capitales internacionales inmobiliarios y comenzaba a desplegarse los proyectos de Puerto Madero.

Durante más de un siglo el puerto de “la Argentina” había servido para vender carnes y granos a los países industriales. De espaldas a la ciudad permitió engordar las arcas de los terratenientes de la Pampa y la burguesía porteña, y así el país se incorporó a la economía mundial vendiendo materias primas. En los libros académicos, se conoció a esta etapa como la primera división internacional y territorial del trabajo.

El primer espacio portuario que se construyó en Buenos Aires fue el mismísimo Puerto Madero, entre 1883 y se finalizó en 1897, en pleno apogeo del modelo agroexportador. Una de las curiosidades más importantes de la construcción del mismo tuvo que ver con el apoyo de los comerciantes ingleses que influyó en la decisión de llevar a cabo el proyecto. Lo llamativo es que el puerto, luego de 10 años, quedó obsoleto al tener grandes problemas técnicos y por el gran crecimiento de los tamaños de los buques. La consecuencia fue que dejó de cumplir con las demandas del comercio mundial, quedando así abandonado.

Hacia fines del siglo XX, en pleno auge del neoliberalismo, y de espaldas al rio el puerto se “modernizó” decían los carteles de entonces. La “Argentina periférica y semicolonial” entraba simbólicamente al 1º mundo. Un gran negocio inmobiliario estaba en marcha.

En la actualidad en Puerto Madero se pueden observar los primeros edificios inteligentes del país. La reconversión de puerto madero nos retrotrae al año 1989, el año en que se firmó un convenio entre el Ministerio de Obras y Servicios Públicos, el Ministerio del Interior y la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires para conformar una sociedad anónima llamada “Corporación Antiguo Puerto Madero”. El Estado nacional cedió 170 ha. y la ciudad brindó las normas por las cuales se llevaría a cabo el desarrollo urbano. El rol del Estado municipal y nacional se circunscribió a administrar y desarrollar el territorio en conjunto con los capitales privados.

Desde la gran crisis capitalista de sobreproducción y recesión de las décadas de 1960/70, las empresas multinacionales buscaron y encontraron nuevos sectores donde invertir el capital excedente. Y las ciudades fueron escenario de estas majestuosas inversiones especulativas, re- construyendo viejas áreas olvidadas, y poniéndolas en valor, como dicen los planificadores y gestores inmobiliarios. Puerto Madero fue parte de estas prácticas empresariales-estatales, que en las aulas de la universidad se denomina "gentrificación".

Invertir, reconstruir y valorar el territorio según demandas de la burguesía empresaria y no de los sectores populares necesitados de vivienda. Departamentos cuyos cotizaciones corresponden al mercado internacional, similares a las principales ciudades mundiales, cuya configuración espacial adquiere relevancia como la puerta de entrada al 1º mundo. Y al mismo tiempo recrea la ilusión para los habitantes de la ciudad de que el país avanza. Una ilusión, un símbolo de “cambio” para los millones de trabajadores de la ciudad y del conurbano que diariamente van y vienen. “Lo moderno” llegó dice la propaganda de la ciudad. La cara oculta del capital inmobiliario es la promoción de un “capital simbólico”, que se reproduce mediante publicidades de las marcas de primera línea, departamentos de lujo, al igual que automóviles, restaurantes y muchos objetos que adquieren un pretendido “status social“ de distinción.

En la contracara de la misma ciudad, las “villas de emergencia” se siguen reproduciendo como sucesoras de los viejos conventillos de la gran inmigración, atestadas de familias pobres y de trabajadores precarios y “en negro” (durante la “déKada ganada”, bajo los gobiernos K casi el 40% de los trabajadores en Argentina se los reconoce como precarizados por el mismo Ministerio de trabajo de Tomada, con salarios inferiores a la canasta familiar).

¿Quiénes tienen acceso a esta clase de bienes residenciales?

¿Quienes consumen los servicios que se despliegan alrededor del mismo Puerto Madero? ¿Si hay crisis habitacional, porque el Estado, bajo distintos gobiernos, impulsa estos desarrollos inmobiliarios avalando al capital especulativo?

Desde la vuelta a la democracia, las distintas gobernaciones de la ciudad, del PJ, UCR, Frepaso/Frente Grande y el PRO , han pretendido insertar a la Capital Federal como una ciudad global, de la mano de los capitales financieros especulativos, y para ello el puerto ha sido un lugar de negocios, de recreación, turístico y de “elite”. Allí viven, o tienen sus departamentos los sectores más acomodados que poseen suficiente capital y una vida “distinguida” como vecinos de este barrio, al estilo Ricardo Jaime (responsable de la masacre de Once), Amado Boudou, Cristina, Aníbal Fernández, Randazzo, Lázaro Baez, varios intendentes del conurbano del FpV, los Ceos de este gobierno del PRO, Fiscales, jueces, y sindicalistas como Pedraza (responsable del asesinato de Mariano Ferreyra) que tienen sus departamentos, o hacen sus negocios de lavado de dinero. Además, es un lugar de residencia transitoria para los ejecutivos más importantes a nivel mundial, que vienen a controlar el estado de sus empresas subsidiarias y ganancias.

Podemos pensar entonces como Puerto Madero es el lugar en el cual se cumplen las fantasías de la vida moderna que ofrece la globalización. ¿Por qué? Porque los imaginarios del capitalismo global, machacados reiteradamente en las publicidades, se materializan en los hábitos y costumbres de los habitantes de estos Edificios inteligentes, que para millones se recrean como una vida inalcanzable, pero al mismo tiempo de una clase social “intocable”.

Mientras tanto miles de docentes, empleados, vendedores ambulantes, desocupados, estudiantes, obreros, periodistas corren de un lado a otro por la ciudad, agobiados por la inflación, la desocupación y las tarifas, mirando de reojo el último encuentro del Presidente Macri y los empresarios internacionales en el Centro Cultural Kirchner. El “Mini Davos” como lo llamó la prensa, donde el gobierno promociona los lugares de la Argentina buscando seducir a los empresarios especuladores y sus millones de dólares, para realizar algún negocio...”Interesante”, preparando el escenario para las elecciones del 2017.







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