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MARXISMO

Psicoanálisis y revolución: la experiencia de La Borde

Un enorme castillo de 18 hectáreas en Francia fue habilitado como una de las experiencias más transgresoras contra la clínica psiquiátrica en los años sesenta. La Borde fue más que un experimento, una utopía, un sueño.

Lunes 10 de julio | 14:04

Cristina Rivera Garza en Nadie me verá llorar escribe la historia, ficcional, de Matilda Burgos recluida en el famoso manicomio "La Castañeda". Matilda cuenta que una de sus compañeras de confinamiento era una militante del Partido Liberal Mexicano, anarquista, adicta a la “violencia, la demencia, al alcohol según su historial clínico. Efectivamente: el manicomio fue usado, no sólo como el centro de violencia contra los que sufren padecimientos psicológicos y psiquiátricos (como la epilepsia), sino para confinar a personas que políticamente eran incómodas para el régimen.

En la URSS durante las protestas de los años sesenta, contemporáneo a "La Borde" que mencionaremos más abajo, se usaba el manicomio para detener y reprimir a los disidentes. La doctora Tamara Pávlovna Pechérnikova se convirtió en la especialista de los manicomios en el que fueron confinados decenas de opositores y que participaron en protestas contra la invasión de la URSS en Praga: eran diagnosticados con esquizofrenia y se les medicaba para hacerlos personas dóciles.

Los manicomios en el capitalismo contemporáneo son depósitos de lo que los médicos consideran chatarra humana. También es un gran negocio, no sólo de las empresas farmacéuticas, sino de las propias clínicas. Jaime Aviles en Los manicomios del poder describió el “anacrónico, inhumano y autoritario sistema de salud mental”, el trato inhumano a los enfermos mentales y el gran negocio que implica para los hombres del poder en México.

Guattari, Tosquelles y Oury

En plena región de Sologne, en Francia, un castillo centenario fue habilitado como una revolución en la terapia psiquiátrica para aportar respuestas a las grandes discusiones sobre la locura y la razón. Pero más que eso “La Borde” buscaba construir un nuevo mundo.

En 1939 la llegada de Francois Tosquelles a Saint-Alban-sur-Limagnole, psiquiatra, militante del Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM) tras la derrota de la Guerra Civil Española y su contacto con Jean Oury de la clínica de Source entre 1950 y 1953 concretó la renta del castillo “La Borde” y su puesta en pie en abril de 1953: año I del proyecto. La llegada de Felix Guattari, en ese momento militante trotskista, fue la chispa que generó la explosión.

El principio de unidad de esta utopía fue el rechazo, el repudio, la negativa a tratar la locura por medio del confinamiento, la prisión y el trato inhumano de aquellos que considerados “locos” sufrían todo tipo de represión y violencia psiquiátrica: contra el uso de los electrochoques a los “psicóticos”, La Borde intentó construir una terapia institucional que tratara humanamente “la locura”.

En la carta de fundación del instituto La Borde defiende tres aspectos del funcionamiento de este nuevo proyecto: el centralismo democrático, la defensa del comunismo y el antiburocratismo. El funcionamiento era parecido a un proyecto de comuna: funcionaba con comités, de cocina, de cosecha, de limpieza, de teatro sin ningún salario y con un funcionamiento asambleario y sin jefaturas.

La maravillosa aportación residía, según Francois Dosse, biográfo de Deleuze y Guattari, en “vincular la idea de que la locura también es creativa. La Borde buscaba cuestionar la terapia ocupacional, las especializaciones. En el fondo el objetivo era crear un espacio social que no fuera tributario de las relaciones jerárquicas de poder, un lugar de intercambios entre asistentes y enfermos, entre personal de servicios y los médicos”

La “comuna” de terapia institucional trataba a todo tipo de pacientes que individualmente decidían internarse. El éxito fue tal que camadas enteras de jóvenes del Partido Comunista Francés decidieron romper con el estalinismo por la intervención de Guattari “cuentan que para incitar a los militantes comunistas a romper con el partido, Félix los invitaba a "La Borde", para que conocieran ’en la práctica’ nuevas formas de cambiar el mundo” .

Con el ascenso de 1968 estudiantes y obreros consideraban la comuna de "La Borde" como uno de los experimentos más fascinantes de su tiempo. Se aspiraba un ambiente antiautoritario, de solidaridad y amistad: a los debates del funcionamiento del castillo se incluían puntos de discusión de política y coyuntura. Corrían de allá para: de las barricadas a "La Borde".

Aunque el experimento tenía la buena lectura de Jacques Lacan, y sus impulsores tenían terapia de diván con él, Guattari rompió su escuela; el Anti Edipo, escrito con Deleuze, se convirtió en la más feroz crítica al análisis lacaniano pues consideraba que las enfermedades mentales y los padecimientos psicológicos están asociados al capitalismo. El capitalismo y sus instituciones como la escuela, la prisión, la heteronormatividad también usaba la clínica psiquiátrica como una forma de opresión.

Guattari a diferencia de sus contemporáneos como Foucault participó de modo activo en la revuelta de 1968 y andaba como “pez en el agua”. Según su biógrafo participó en la toma del Teatro Odeon “Con esto se apunta a la cultura oficial de la República, pues el Ministro de Cultura André Malraux frecuenta este teatro. Guattari forma parte de la ocupación, después de evaluar los peligros que representa el ataque frontal de uno de los símbolos del Estado.”

Uno de los problemas de la revolución molecular que propone Guattari es que no se pueden construir islas en medio de la vorágine del capitalismo. La terapia institucional modificó el trabajo psiquiátrico positivamente dando un trato humano y revolucionario de los padecimientos mentales, pero sólo se podrán garantizar instituciones de salud mental que den tratos dignos, gratuitos y sin condición cuando logremos acabar con todo el sistema capitalista.

No debemos olvidar que el cerebro, al ser un órgano que recibe y codifica todos los estímulos del medio exterior, puede presentar alteraciones a nivel neuronal de tal forma que puede cambiar el funcionamiento del cerebro de manera temporal o permanente.

Ante este hecho, ramas de la medicina como la psiquiatría y la neurología tienen grandes retos al momento de diagnosticar y dar un tratamiento adecuado a las personas que solicitan ser atendidas en estos servicios, así como combatir la patologización de “lo que no es normal” o “lo que no es funcional para este sistema”. Deben tener en consideración que muchas veces los tratamientos que se emplean para algunos padecimientos llegan a ser tóxicos para el paciente (como cualquier medicamento que se emplea de manera prolongada) y tener en claro que ante todo está la preservación del individuo. Tampoco olvidemos que la misma estructura del Sistema de Salud en México no permite que hospitales y centros de salud puedan otorgar un servicio de salud adecuado para las necesidades de la población.

Neoliberalismo y enfermedades

Byung Chul Han escribió La Sociedad del cansancio y generó un debate muy importante sobre los trastornos de personalidad y el capitalismo. Las enfermedades como el “burnout” o síndrome de estrés, el trastorno de bipolaridad, personalidad limítrofe y depresión son las enfermedades del Siglo XXI: son las creaciones del neoliberalismo.

Como decimos en esta nota en donde ahondamos en el análisis de la obra de Byung Chul Han, con la crisis de 2008 los patrones han aumentado la extracción de plusvalía de la clase trabajadores aumentado los niveles de explotación redoblada de la fuerza de trabajo. La inexistencia de sindicatos, contratos colectivos, aumentos de la jornada laboral, salarios raquíticos, la desaparición del derecho a la jubilación, la precarización del trabajo son formas de aumentar la extracción de plusvalía en el neoliberalismo.

Las enfermedades descritas por Chul Han adquieren una fuerza e intensidad mayor en las filas de los asalariados: la explotación en la fábrica genera este tipo de fenómenos aberrantes que obligan a imaginar una sociedad enteramente nueva. Son motivos centrales para pensar la urgencia de cambiar el mundo. En un mundo que genera depresión y sentimientos de fracaso es imperante luchar por un mundo enteramente nuevo. Por un mundo en el que “cada cual, según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades”.

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