Política

ZANAHORIAS Y GARROTES

Prontuarios: quiénes son los ministros de Kicillof que agitan el desalojo de Guernica

Aunque todo el Gobierno provincial comparte el plan, Sergio Berni, Andrés Larroque y Julio Alak (junto a sus segundas y terceras líneas) se reparten las tareas para que el conflicto habitacional no se solucione de raíz y, en cambio, se garanticen los negociados inmobiliarios.

Rosa D'Alesio

@rosaquiara

Daniel Satur

@saturnetroc

Martes 29 de septiembre | 22:41

A horas de que se cumpla el plazo impuesto por el juez de Cañuelas Martín Rizzo en su orden de desalojo de los terrenos fiscales de Guernica, un breve pero contundente repaso sobre quiénes son los funcionarios del Gobierno de Axel Kicillof que están dispuestos a “hacer cumplir” esa orden judicial a como dé lugar.

Berni, experto en desalojar piquetes de lucha

En los años 90 Berni venía de participar del movimiento militar carapintada que logró imponer a Alfonsín la impunidad de casi todos los genocidas. Se acercó a ofrecerle sus servicios al entonces gobernador de Santa Cruz Néstor Kirchner. Así, en 1994 se infiltró en la lucha de los mineros de Río Turbio bajo la excusa de ayudar como médico. Los obreros pronto descubrieron que su objetivo era espiar para el gobernador y lo echaron de la mina.

En 2003 Alicia Kirchner lo convocó al Ministerio de Desarrollo Social y lo nombró subsecretario de Abordaje Territorial. Desde allí se acercó a las organizaciones y movimientos sociales, lo que le permitió conocer y hacer un relevamiento territorial.
Durante los años de crecimiento a tasas chinas de la economía supo destrabar conflictos a base de subsidios para paliar el hambre y las necesidades de importantes porciones de la población que, pese a la llamada “década ganada”, nunca salieron de la pobreza y la indigencia.

A principios de diciembre de 2010 Berni tuvo una prueba de fuego. Frente a la toma masiva de tierras en el Parque Indoamericano de la Ciudad de Buenos Aires, le tocó ser el “negociador” con las familias sin techo por parte del Ministerio de Desarrollo Social. Fue antes que las policías Federal y Metropolitana descargaran las balaceras que terminaron con la vida de tres inmigrantes, luego de que Cristina Kirchner y Mauricio Macri (entonces presidenta y jefe de Gobierno porteño) acordaran “resolver” el conflicto habitacional de la forma menos pacífica.

De más está decir que esas miles de familias nunca obtuvieron una vivienda. La respuesta oficial, por el contrario, fue utilizar la toma del Indoamericano para justificar la creación del Ministerio de Seguridad de la Nación, a donde el mismo Berni desembarcaría un año después ungido por la presidente como secretario de Seguridad. Su imagen mediática comenzaba a crecer vertiginosamente.

Desde ese puesto, al frente de la Gendarmería, la Prefectura y la Policía Federal reprimiría con saña e insistencia muchos reclamos sociales. Como a los obreros de la autopartista Lear en la Panamericana, infiltrando a militares retirados en las protestas, usando el Proyecto X para el espionaje y tirando gendarmes caranchos sobre los autos de manifestantes. O como el desalojo violento a familias que ocupaban terrenos en el Barrio Papa Franscisco. O metiendo presos a militantes sociales en el tristemente célebre Campo de Mayo.

Seguí toda la cobertura del conflicto habitacional y la toma de Guernica

En 2020 Berni volvió a la gestión de la represión, de la mano de su jefa Cristina Kirchner y del gobernador electo Axel Kicillof. Como ministro de Seguridad provincial ya tiene en su haber la represión a los trabajadores despedidos del Frigorífico Penta en Quilmes y el acompañamiento incondicional a la Bonaerense, encubriéndola frente a crímenes atroces como la desaparición seguida de muerte de Facundo Castro, a la vez que arrodillándose ante la protesta extorsiva de los uniformados que pedían más plata y mejor condiciones para reprimir. Que se vaya Berni es un reclamo que se escucha fuerte, al que él respondió atacando la lucha de los organismos de derechos humanos.

Larroque, el cuervo que sobrevuela para quebrar luchas

Es uno de los fundadores de La Cámpora. Según las fuentes, al haber sido amigo y compañero en el Nacional Buenos Aires de Marito Firmenich, durante años compartió largas conversaciones con el padre del chico y exlíder montonero Mario Firmenich, desde hace décadas radicado en España.

Desde 2007 Larroque estuvo muy cerca del gobierno de los Kirchner, hasta que se conchabó como titular de la Subsecretaría para la Reforma Institucional y Fortalecimiento de la Democracia. Desde ese cargo, en 2011 y junto a militantes de La Cámpora acompañó a la Gendarmería Nacional a desalojar violentamente el acampe que las comunidades qom mantenían en Avenida de Mayo y 9 de Julio para visibilizar su penosa situación y reclamar una audiencia con la presidenta.

Cristina Kirchner nunca atendió al cacique Félix Díaz, la legendaria esquina porteña quedó “limpita” y los qom nunca recuperaron sus tierras ancestrales quitadas por el Gobierno de Gildo Insfrán. Eso sí, Larroque demostró su vocación de servicio y aún está fresca su imagen escoltada por gendarmes mientras les gritaba a los acampantes que se fueran pronto de la plazoleta Cervantes.

Larroque es el mismo que en 2013, en medio de la evitable y criminal inundación de La Plata, unió a su agrupación política y al Ejército en un plan de tareas “humanitarias”. Dicho de otro modo, en un mismo acto le lavó la cara a los militares mientras ocultaba la responsabilidad del peronismo en la falta de obras públicas que derivó en casi cien muertes.

Hace pocos días, el 25 de septiembre, en el aniversario del crimen de José Ignacio Rucci, lo recordó con un video y hasta lo llamó compañero. Como representante de La Cámpora acaba de demostrar un verdadero giro a la derecha. Por eso no sorprende que este fin de semana haya puesto quinta a fondo contra los ocupantes de las tierras fiscales de Guernica y haya acusado de “violentos” a sus delegados y delegadas, allanando con su discurso criminalizador el probable desalojo con represión.

Alak, el servidor de Menem, Cavallo, Kirchner y Kicillof

Fue intendente de La Plata entre 1991 y 2007. Luego presidente de Aerolíneas Argentinas hasta que Cristina Kirchner lo nombró ministro de Justicia y Derechos Humanos de la Nación, cargo que ocupó hasta diciembre de 2015.

Alak siempre estuvo ligado a lo más rancio del peronismo. En los 90, de hecho llegó a ser candidato, en una misma elección, de dos listas diferentes, la del PJ con Menem a la cabeza y la del partido que había armado Domingo Cavallo tras su renuncia al ministerio de Economía.

La matriz ideológica de Alak es, sin dudarlo, la de la derecha peronista. Gran benefactor de las prebendas estatales a la jerarquía eclesiástica, entusiasta sostenedor de la maldita Bonaerense (en sus gestiones las desapariciones forzadas y el gatillo fácil fueron un “deporte” para la Policía) a la vez que lobbista de los grandes grupos económicos de la región.

Hasta llegó a contratar como fuerza de choque del Municipio a viejos pistoleros de la Concentración Nacional Universitaria (CNU, banda paramilitar aliada a la Triple A en la predictadura) para que le cubran las espaldas.

En el prontuario de Alak figuran con negritas los nombres de Miguel Bru, Andrés Núñez, Julio López y decenas de personas asesinadas por el Estado del que siempre fue parte funcional. Porque Alak, obviamente, fue uno de los derramadores del neoliberalismo en la capital bonaerense junto a Menem y Duhalde. Y ese neoliberalismo dejó un tendal de muertos y heridos.

Así como sus gestiones comunales se caracterizaron por las políticas antipopulares, su posterior gestión en el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación no se caracterizó por balancear en algo su currículum. Tanto a nivel de “justicia” como de “derechos humanos”, Alak no impulsó cambios estructurales en un Estado que acumulaba décadas de injusticias e impunidades.

Eso sí, como muchos otros viejos pejotistas, se las ingenió para aparentar estar “comprometido” con el discurso derechohumanista con el que el kirchnerismo barnizó sus gobiernos. Pero en lo concreto, poco y nada.

Alak estuvo literalmente ausente como ministro en el caso de los petroleros de Las Heras, condenados a perpetua por un crimen que no cometieron. Una violación a derechos humanos denunciada internacionalmente. También miró para otro lado cuando la Policía arremetió contra obreras y obreros de empresas como Kraft, Mafissa, Lear y tantas más que reclamaban el derecho humano al trabajo.

Ni hablar de ignorar como ministro las desesperadas búsquedas de personas desaparecidas por parte de sus familias a lo largo y ancho del país. Su ministerio nunca aportó nada en pos de encontrar a las cientos de pibas y pibes “chupados” por las redes de trata para explotación sexual o laboral. Casos como los de Daniel Solano, María Cash, Marita Verón, Florencia Penacchi y tantos otros lo dejan en evidencia.

¿Por qué alguien podría pretender que Alak sea distinto del que siempre fue ahora que ocupa el cargo de ministro de Justicia y Derechos Humanos de Kicillof? Por eso hoy brilla por su ausencia la posición que tiene frente a violaciones sistemáticas de derechos humanos elementales como el de la vivienda, la salud y el trabajo. Para él la “justicia” y los “derechos humanos” quedan en manos de Sergio Berni y la Bonaerense.

Marino, el “piquetero” que no pasa hambre

En estas horas Juan Marino repitió el discurso de su jefe, Larroque, respecto a la supuesta “violencia” con la que les habitantes de la toma de Guernica habrían “impedido” al Ministerio de Desarrollo de la Comunidad entrar en el predio y entregar alimentos y ropa. Bordeando el cinismo, dijo en Radio Caput que lamentablemente no pudieron “contarle a las familias cuál es la propuesta de solución alternativa del gobierno”.

La afirmación es una truchada por donde se la mire. Como quedó demostrado mediante filmaciones, Larroque, Marino y compañía conversaron con delegadas y delegados de la toma, con lo que podrían haber trasladado perfectamente cualquier “propuesta alternativa” al desalojo violento. Si existiera tal propuesta, claro.

Leé también "Aparecen ahora después de dos meses": vecinos de Guernica increparon a Larroque

“Nos hicieron perder el tiempo”, agregó el funcionario que cobra un jugoso sueldo para mirar desde arriba a miles de familias pobres. Y justificó la eventual represión al decir que “esas organizaciones están conduciendo a muchas familias a un desalojo forzoso”. Música para los oídos de Berni.

El funcionario Marino, otrora militante del Partido Obrero y luego fundador de una agrupación llamada Tendencia Piquetera Revolucionaria, protagonizó en muy poco tiempo una degeneración política que, en muchos otros casos, llevó décadas. Hoy se enfila con el mismo peronismo al que denunció y combatió en las calles durante años. Y lo que es peor, se escuda en ilegales órdenes judiciales para justificar que su Policía Bonaerense meta garrote en Guernica si esas familias no aceptan la extorsión estatal.

Moreno, el subsecretario desconocido

Otro triste papel lo viene jugando el titular de la Subsecretaría de Derechos Humanos provincial Matías Moreno, quien a las órdenes a Alak lleva diez meses desatendiendo múltiples reclamos de la población ante flagrantes violaciones a los derechos humanos. El caso emblemático es el de Facundo Astudillo Castro, a cuya madre Cristina nunca se acercó siquiera para saber si necesitaba algo. Solo la vio una vez, en las oficinas de Axel Kicillof de La Plata, cuando Cristina y sus abogados viajaron en el marco del comienzo de la autopsia al cuerpo hallado el 15 de agosto.

Otro tanto se podría decir del (no) trato que el subsecretario le dio a decenas de familiares de víctimas del gatillo fácil, torturas en comisarías y cárceles y demás crímenes a manos de las fuerzas represivas del Estado. La pregunta se cae de madura: si no está para eso ¿para qué está la Subsecretaría de Derechos Humanos de la provincia de Buenos Aires?

A juzgar por lo que difunde públicamente la subsecretaría en su sitio web y en su redes, así como lo que difunde el propio subsecretario Matías Moreno, la actividad central de esa dependencia es organizar charlas teóricas sobre algunos derechos y sobre los resabios del genocidio, cursos de español para migrantes y un seguimiento (limitado) de juicios por delitos de lesa humanidad. En el caso de Moreno, abundan más los retuiteos de mensajes de Cristina y Máximo Kirchner que los mensajes relacionados a los derechos humanos que hoy viola el Estado.

La impronta que Moreno y la troupe que lo acompaña le dan a la Subsecretaría tiene que ver con sus propias historias personales. Él mismo integró durante años la agrupación HIJOS. “Volveremos a poner las políticas de derechos humanos como política de Estado”, había dicho a los medios cuando Kicillof lo confirmó en el cargo junto a Alak. Se ve que se está tomando su tiempo.

Este breve repaso (hay mucho más para decir de todos) por los currículum de estos funcionarios (algunos son más bien prontuarios) alcanza para entender de qué personal se ha nutrido Kicillof a la hora de pensar en garantizarle “seguridad”, “desarrollo”, “justicia” y “derechos humanos” a la población empobrecida de la provincia.

Si el desalojo de Guernica se consuma, “cumpliendo las órdenes” de jueces y fiscales reaccionarios, ellos se habrán ganado una nueva cucarda de parte de los capitalistas que solo ven en esas tierras tomadas un negocio hipermillonario.







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