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Promover el racismo desde el Estado sin que moleste la memoria del Holocausto

Ante las repercusiones del atentado en París contra la revista Charlie Hebdo y la oleada de islamofobia en Europa, analizamos lo que dice la prensa gráfica de Alemania, Gran Bretaña y otros países europeos. La burguesía está instrumentando una burda campaña de manipulación para que corra a su favor la relación de fuerzas entre las clases sociales.

Guillermo Iturbide

Ediciones IPS-CEIP

Viernes 9 de enero de 2015 | 09:41

Valores europeos y "corrección política". O cómo mantener una práctica racista desde el Estado luego del Holocausto

Francia es un país de una vieja cultura capitalista. Esta cultura está revestida de una arraigada tradición republicana con valores difusamente "progresistas". No obstante, como su complemento, coexistieron con un feroz aparato imperialista que en las colonias se destacaron por desarrollar las más elaboradas técnicas de represión, tortura y aniquilamiento. Republicanismo e imperialismo se han alimentado mutuamente. Parte de los frutos de la expoliación imperialista del Estado francés le ha permitido tener recursos para corromper incluso a los dirigentes de su propio movimiento obrero desde muy temprano.

Esta corrupción era legitimada en nombre de una estrategia de obtención de reformas graduales, por vía pacífica y de "integración" al Estado. Incluso los socialistas franceses fueron los primeros en proporcionarle ministros a un Estado capitalista, como ocurrió con Alexandre Millerand en 1902. Durante reuniones en distintas instancias de dirección de la Tercera Internacional, entre 1921 y 1922, Trotsky les decía a los comunistas franceses que no conocía otro movimiento obrero en el mundo que hubiera sido traicionado por sus propios dirigentes y organizaciones tantas veces y tan miserablemente como el proletariado francés.

Y encontraba las razones de ello en esa fuerte tradición compartida entre las capas altas del proletariado y su burguesía.

Por obvias razones, hoy sería impensable en Alemania que el Estado promueva el antisemitismo. Ese país carga con el karma del nazismo y mientras intenta volver a jugar un rol cada vez más destacado como potencia incluso militar, tiene que seguir manteniendo, por una cuestión de "corrección política", una actitud de rechazo hacia su pasado nazi, que no representó más que las tendencias del imperialismo germano llevadas al extremo.

El historiador Enzo Traverso muestra la hipocresía que subyace a esta posición. Plantea que mientras la población judía conformó una comunidad numerosa y visible en Europa Central, fue discriminada, perseguida y finalmente exterminada desde el Estado alemán. Luego el Holocausto aniquiló seis millones de judíos, la mayoría de los restantes sobrevivientes emigraron a Israel o al continente americano.

De esta manera hoy en día la comunidad judía alemana es prácticamente inexistente, comparada con la que había hasta la primera mitad del siglo XX. Y así se da la paradoja de que hoy el Estado alemán se erige en "protector"... de una comunidad casi extinguida.

Sin embargo, hoy en día sí existe una comunidad muy visible de 10 millones de personas entre Alemania y Francia que tiene orígenes étnicos y culturales en países llamados "musulmanes". De la misma manera que los Estados europeos promovieron el racismo contra la comunidad judía cuando esta era muy significativa en el continente, hoy hacen lo propio contra la comunidad "musulmana".

El Estado y la abrumadora mayoría de los medios comunicación realizan una campaña sistemática y persistente de racismo y discriminación contra los "musulmanes". Decimos "musulmanes" entre comillas, porque en realidad la campaña racista desembozada fomentada por la mayoría de los Estados europeos no es sólo ni principalmente contra los creyentes, sino que dentro de ese término se busca hacer una amalgama de todos aquellos, ya sean inmigrantes o europeos nativos, creyentes o no, que tienen relación directa o de descendencia con aquellos países que van desde África hasta Medio Oriente donde predomina la religión de Mahoma y que hoy conforma casi la tercera parte de la clase trabajadora francesa, particularmente de sus sectores más oprimidos y con los trabajos más precarios.

Pero Francia, por tener las más antiguas tradiciones republicanas de las que hablamos antes, ha sido una usina ideológica de la "identidad europea" bienpensante, razón por la cual el racismo es frecuentemente disfrazado de "laicismo", de combate a una religión de un pueblo "atrasado" frente al cual Europa jugaría un rol paternalista.

Incluso ante la derechización de la opinión pública francesa, aparecen personajes como el escritor Michel Houellebecq o el periodista Éric Zemmour, que van más allá del "laicismo" tradicional y pugnan por una vuelta a valores más conservadores, enraizados en la familia y la iglesia católica, que sería pilares de la "identidad francesa".

La tónica de muchos medios de comunicación europeos es mostrar al yihadismo como un problema externo a Europa, importado por una comunidad "desagradecida" que se niega a integrarse, debido a pretendidos valores culturales adjudicados al Islam que necesariamente los llevarían constantemente a chocar con la sociedad occidental.

El Neues Deutschland de Berlín, diario cercano al partido Die Linke, trae un buen resumen de la línea editorial de varios diarios europeos, donde esta posición es particularmente visible en diarios de Europa Oriental, como por ejemplo el diario búlgaro "24 Tschassa", que según cita ND dice cosas como que "el único punto en común entre las comunidades musulmanas en Alemania y en Francia es el odio cada vez más radical", o el diario polaco "Rzeczpospolita" que dice que "los muertos se transformaron en símbolos. Tal vez este término les disgustaría, pero se convirtieron en mártires de los principios que nos distinguen a nosotros, la civilización de Occidente, de los islamistas extremistas que odian nuestra civilización." O el diario eslovaco "Sme", que plantea que "mientras la mayoría de los musulmanes liberales siga callando y no asuman una lucha contra los islamistas en sus propias filas, habrá más víctimas del terrorismo."

Entre las notas de análisis del Frankfurter Allgemeine Zeitung, segundo diario de mayor circulación de Alemania, se encuentran por ejemplo análisis sobre los textos religiosos del islamismo como una manera de seguir vendiendo el conflicto como una lucha cultural imposible de resolver. En "El Corán, ¿una licencia para matar?" se plantea: "En el Corán todos pueden encontrar lo que quieran. Cualquiera que busque suras [capítulos] que justifiquen la violencia, los encontrará rápidamente. Sin embargo, la aseveración de que el Corán es una obra que llame a la violencia es equivocada."

Los análisis sobre las motivaciones religiosas del yihadismo invariablemente omiten que los libros sagrados del judaísmo y el cristianismo, particularmente el Tanaj hebreo, que es al mismo tiempo el Antiguo Testamento de los cristianos, son profundamente "violentos", y sin embargo nadie le asigna a la "sociedad occidental judeo-cristiana" una base religiosa como fundamento de las atrocidades actuales del imperialismo.

"Robarle las banderas a la extrema derecha"

Entre las muy probables consecuencias de los ataques de París en Alemania se encuentra el posible fortalecimiento de lo que serían la versión germana del ascendiente Front National francés: el movimiento Pegida (Europeos Patriotas contra la Islamización de Occidente) y el partido AfD (Alternativa por Alemania), ambos todavía de dimensiones mucho menores que la extrema derecha de Marine Le Pen, pero en crecimiento, y que son un paraguas para la actuación de grupos neonazis.

Como forma de evitar el crecimiento de la extrema derecha, el gobierno alemán de la "Gran Coalición" acude a una vieja receta "infalible" que ya se sabe como termina... la de quitarle las banderas y asumir como propia su agenda. Esto se trasluce en el artículo de Jasper von Altenbockum sobre una posible nueva ley de inmigración que estaría siendo discutida y consensuada entre los demócrata-cristianos y los socialdemócratas.

El fundamento de esta ley pasaría por recortar las posibilidades de entrada al país de los numerosos refugiados que huyen justamente de países en conflicto como los de Medio Oriente, con el argumento de que en realidad serían inmigrantes de tercera categoría y escasa calificación que buscan cualquier resquicio legal con tal de tener oportunidad de instalarse en Alemania... De avanzarse en una ley así, sería en realidad un enorme espaldarazo para la extrema derecha y para Pegida, cuya manifestación semanal de cada lunes en la ciudad oriental de Dresde se espera que reúna una gran multitud como parte del ambiente islamófobo imperante, donde los medios de comunicación difunden encuestas de que la mitad de los alemanes manifiestan temor ante el avance del Islam.

Una columnista de The Guardian de Londres, Nesrine Malik, advierte sobre la repetición de un posible escenario muy similar al posterior al 11 de septiembre de 2001, luego del atentado de los dos aviones contra las Torres Gemelas de New York: "Embarcarse en un discurso guerrerista sobre una supuesta amenaza musulmana que hay que combatir por medio de una reafirmación agresiva de una identidad compuesta por valores liberales que se creen atacados, es ceder al reduccionismo que exigen los terroristas. Ya sea que se trate del Estado Islámico (Isis), al-Qaida o actores individuales, estos utilizarán los agravios religiosos como un vehículo para males políticos, personales y psicológicos. No hay que hacerles el juego. La manera de honrar a los muertos y encontrar una manera de salir de lo que parece una espiral tristemente inevitable sería resistirse a este discurso polarizado."

Nabile Ramdani, una columnista francesa de origen árabe de The Guardian recuerda que "los tres hombres franco-argelinos que se considera responsables de las 12 muertes en París el miércoles estarían impregnados de una historia reciente de este conflicto que, en la década de 1960, fue exportado desde los campos de batalla de Argelia al propio París. En 1961, se cometió una llamativa atrocidad: hasta 200 argelinos fueron asesinados en monumentos nacionales, como la Torre Eiffel y Notre Dame. Muchos fueron arrojadas al río Sena desde algunos de los puentes más bellos del mundo para que murieran ahogados." También denuncia la política del primer ministro "socialista" Manuel Valls contra los gitanos, que son deportados hacia Rumania y Bulgaria por considerárselos grupos que no se pueden integrar.

Este es el tipo de injurias que el imperialismo francés y europeo constantemente producen. A diferencia de Alemania con el Holocausto, el imperialismo francés, parte del bando de los países supuestamente "democráticos" que pelearon contra Hitler en la Segunda Guerra Mundial, salió indemne de las masacres que cometió históricamente en su patio trasero, el mundo musulmán, por lo cual nunca se vio obligado a cuidar las formas y a tener que terminar con su racismo difundido desde el Estado.

En las últimas horas, ante el clima reaccionario de "unidad nacional" imperante, incluso muchos intelectuales progresistas se han sumado a participar de ese espíritu, y hasta han tratado de acallar a quienes buscaban las razones profundas que explican el contexto del atentado de París, planteando que todo intento de análisis es en realidad una mera justificación de los terroristas.

La maquinaria de los Estados y los aparatos mediáticos seguramente harán pagar caro a quienes intenten no caer en la campaña simplista y burda de manipulación de la opinión pública que están orquestando con el fin de avanzar en una cruzada contra los derechos democráticos de los inmigrantes, las minorías y los trabajadores y el pueblo en general.

El atentado de París muestra un terrorismo claramente burgués, promovido por sectores decadentes de las burguesías de Medio Oriente que buscan negociar con Occidente mostrando su capacidad de burlar sus sistemas de seguridad e inteligencia, y son totalmente ajenas a la población "musulmana" de Europa, cuyos resultados son totalmente funcionales al avance de la derecha islamofóbica.







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