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Prohibido ser pobre y tener un trabajo precario en las calles de Asunción

Tras un rechazado veto del intendente Ferreiro, Asunción prohibió la actividad del “limpiavidrios” en los semáforos. La norma regirá a partir del 1 de abril.

Magdalena López

Doctora en Ciencias Sociales

Miércoles 23 de marzo de 2016 | Edición del día

El mundo “trabajador” en Paraguay

A pesar de sus altos grados de precarización, de lo prolífero que es su comercio “subterráneo” y de la gran masa de trabajadores que no cuentan con aportes jubilatorios ni ningún tipo de cobertura social, Paraguay es un país en el que se discute muy poco sobre la clase trabajadora, sobre el sujeto “trabajador”.
Algo de esto han practicado las empleadas domésticas, que lograron “ganar” una lucha para que su trabajo sea reconocido y que públicamente se aceptase un mínimo salarial correspondiente solamente al 60% del salario mínimo del país.

Los trabajadores despedidos, muchas veces, se crucifican en espacios públicos o semi-públicos reclamando reincorporaciones laborales tras despidos injustificados. Suelen permanecer en ese estado, apretadas sus manos y sus pies con clavos a tablas de madera, durante meses, sin generar una respuesta de la patronal, sosteniendo su reclamo en el apoyo de cierto acotado sector militante, de los organismos y agrupaciones que defienden los Derechos Humanos y de los medios de comunicación más comunitarios que se solidarizan con el reclamo.
Los trabajadores, y no sólo ellos, también los presos políticos por ejemplo, utilizan la huelga de hambre como forma de protesta.

Las patronales despiden y persiguen a los trabajadores

Las medidas de resistencia tienen mucho que ver con el flagelo del cuerpo, con mostrar la degradación corpórea de esa masa de trabajadores que son los que sostienen la economía del país.

Los campesinos —trabajadores rurales, a veces urbanizados por haber sido expulsados de las áreas rurales que reclaman recuperar— son uno de los grupos con más trayectoria en la lucha y con más experiencia en la resistencia. Sin embargo, son muchas veces fuertemente discriminados por sus pares trabajadores urbanos, quienes los consideran vagos o “incultos”, llegando a veces al extremo de utilizar la expresión “campesino” de manera peyorativa.

Asunción: centro de migración interna

Además de haber sido un país de matriz emigratoria internacional (con destinos centrales en Argentina y Brasil primero, y luego España), Paraguay ha experimentado —al igual que el resto de la región— una fuerte migración rural-urbana, generada por el desplazamiento de grupos campesinos, el cambio de la estructura productiva del campo, la extranjerización de la tierra, el monocultivo y “sojización” de la tierra. Este cambio fue acompañado por una fuerte organización campesina (que incluso resistió a la larga dictadura stronista que se extendió entre 1954 y 1989) y una fuerte represión y persecución por parte del Estado, de grupos de “brasiguayos” y paramilitares que responden a diferentes cabecillas.

Este movimiento migratorio interno, estuvo fuertemente marcado por tener a la ciudad de Asunción casi como receptora única del mismo. Debido a la falta de planificación económica buscando la generación de empleos de calidad, una escasa industrialización y la inexistencia de una reforma agraria radical, los campesinos y pobladores de áreas rurales terminaron alimentando los bolsones urbanos de Asunción y Gran Asunción.

Allí, “changas” o empleos informales proliferan: el reciclaje urbano (especialmente en la zona en la que se encuentra el vertedero de basura); la venta ambulante; el micro-negocio de alimentos; la provisión de hielo, agua o yuyos para el tereré en las plazas; el cuidado de coches, la venta de frutas a autos detenidos y la limpieza a vidrios en los semáforos, sobre todo llevado adelante por niñas, niños, adolescentes y jóvenes adultos.

El debate sobre “los limpavidrios”

En 2015, Mario Ferreiro —figura televisiva y del periodismo, quien solía ser parte del Frente Guasú que supo apoyar y acompañar a Fernando Lugo en su período presidencial y luego, tras romper con este, se incorporó a Avanza país—, se presentó a las elecciones en la ciudad de Asunción en alianza con el Partido Liberal, y ganó la intendencia desplazando al tradicional Partido Colorado.

Apenas poco tiempo después, la Junta municipal comenzó a debatir un proyecto para prohibir los “limpia vidrios”. Con argumentos inverosímiles, que incluyeron desde “incomodidad en la circulación de los autos”, “peligro”, hasta “inseguridad”, entre otros, la Junta aprobó la prohibición, lo que llevó al Intendente, caracterizado por una postura más progresista, a vetar la ordenanza. Su postura indicó que era una locura para “prohibir la pobreza”, sin embargo indicó que podría haber considerado la propuesta si hubiera existido un plan organizado con el departamento al cual su municipio pertenece y con proyección política, social y económica.

A pesar del intento de detener la medida, el 16 de marzo de 2016, la Junta rechazó el veto de Ferreiro y, con 16 votos a favor, puso en vigor la ordenanza que prohíbe, a partir del 1 de abril, la actividad de limpiavidrios.

La propuesta entonces, que no tiene como finalidad terminar con el trabajo infantil ni mejorar las condiciones de estos jóvenes que realizan esta clase de tareas, apunta únicamente a quitar de la calle a estos trabajadores en situación precaria y vulnerable, con la promesa de “una formación en nuevos oficios” (como aseguró el concejal colorado Centurión, uno de los propulsores del proyecto) que no fueron ni siquiera consensuados con las personas que se verán afectadas por la medida.
Un debate similar se viene dando con “los cuidacoches”, a los cuales podría llegar a tocarles un futuro similar al de “los limpiavidrios”.

A pesar de que cierto sector de la sociedad apoyó fuertemente la ordenanza, la misma no resuelve el problema de fondo, dado que no contempla las necesidades específicas del colectivo de trabajadores precarizados de la ciudad. Al tiempo de no resolver el problema de vulnerabilidad e informalidad laboral, deja a un grupo de personas fuertemente afectadas, dado que no sólo les prohíben su actividad laboral, sino que también los sanciona en caso de ser encontrados realizando el trabajo. Además, provee antecedentes sobre violación de derechos laborales para poder avanzar sobre otros grupos de trabajadores de la vía pública.

En este contexto, y en un país donde el crecimiento ha aumentado de forma ininterrumpida, al igual que la desigualdad y la pobreza, la organización y la lucha del pueblo trabajador se han vuelto necesarias e imprescindibles.








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