Política

EDITORIAL

Progresismo a la baja y sin “cláusula gatillo”

El año madrugó con la especulación de un frente que una a sectores peronistas y socialistas. Pero el PS se resquebraja. El eterno resplandor de un progresismo nacional sin recuerdos.

Jueves 1ro de marzo | Edición del día

(foto: Urgente24.com)

Por un instante, los armadores socialistas quisieron ganarle de mano, con sus comunicados y operaciones, a las noticias de pistoleros y asesinatos en manos de bandas narcocriminales con protección policial, que una vez más llevaron a Rosario a la tapa de los diarios y no justamente para hablar de Central y de Ñuls. El sector del socialismo que responde a Bonfatti (y que sumó a una flamante espada, el diputado nacional Luis Contigiani) tiró flechas de Cupido a referentes o porciones del peronismo que quisieran hacer un “frente antineoliberal” para enfrentar a Macri y sus secuaces, que a su vez se ilusionan con ganar la provincia en el 2019.

Todos unidos conciliaremos

El coqueteo entre peronistas y socialistas, sin embargo, no pasó a romance y todo indica que no lo hará tampoco en el futuro. El peronismo santafesino ya probó en el 2017 la fórmula química no para superar, pero sí para camuflar las irreconciliables “grietas” internas, como se vio en las civilizadas PASO entre la lista de Agustín Rossi y la de Alejandra Rodenas.

Rodenas y su alianza con el Movimiento Evita, con el halo cool de sus videos con Fito Páez o Lalo Mir, tapaba su acuerdo con el peronismo conservador de los senadores provinciales y el apoyo de sectores de la burocracia sindical como la UOM, que hace campaña contra las importaciones (a pedido de las patronales), en lugar de defender una agenda de los trabajadores que, dicho sea de paso, se ven afectados por despidos en Electrolux, Mefro Wheels o Vasalli.

La tregua post PASO entre el kirchnerismo y el peronismo “peronista”, que se agazapó detrás de la ex jueza, no alcanzó para ganar las elecciones, ni por lejos. Pero sí para conquistar el segundo lugar y lograr que todos los gatos parezcan pardos: progresistas, conservadores, sindicalistas mafiosos. Todos unidos triunfaremos.

¿Logrará el arte de la mezcla peronista conciliar no solo esos dos mundos sino sumar, además, a María Eugenia Bielsa y al macrista “ad honorem” Omar Perotti, flamante Vicepresidente del Senado, que se proponen como candidatos del peronismo para el 2019? Perotti fue uno de los puntales más férreos de Macri en la Cámara Alta y, con Rossi mudado (políticamente) a la Capital, puede terminar siendo candidato a gobernar a todos los santafesinos. Cambiemos.

Socialismo amarillo

Para nadie es un secreto: el socialismo provincial arrastra una crisis política y electoral, y una indisimulable división interna entre Bonfatti y Lifschitz. El gobernador está relanzando a cemento fresco su gestión y fantaseando con la única forma posible de extenderla cuatro años más: reformando la Constitución. Así, ha lanzado un discurso, valga la redundancia, “reformista”. Pero el discurso de Lifschitz es una verdadera utopía: no tiene lugar. Se diferencia, con eslóganes de ocasión y siempre implícitamente, del gobierno nacional, pero toda su agenda es consensuada con la agenda más regresiva y antipopular del gobierno de los globos amarillos. Para no dar vueltas: Lifschitz acordó la reforma fiscal que culminó en un ataque a los jubilados, acordó la militarización de Rosario y de Santa Fe con Patricia Bullrich y ofrece una lamentable paritaria para (contra) las docentes y estatales: alrededor del 15% y en cuotas.

Si Marx afirmaba que la historia se repite dos veces, pero la segunda ocasión como farsa, la reunión “cumbre” entre Lifschitz, Stolbizer, Martín Lousteau y Ricardito Alfonsín, con la divertida pretensión de hacer un armado progresista a nivel nacional, es directamente un circo. Ya existió el Frente Amplio Progresista a nivel nacional, que fue abandonado por el más derechoso (republicano se le dice ahora) Frente Amplio UNEN, que a su vez fue descartado para hacer una alianza con la derecha sin eufemismos: Cambiemos.

La centroizquierda fue el trampolín para que asuma, sin rollos, un gobierno de empresarios. El PS, Libres del Sur y otros, adornan ese adefesio siendo parte de alianzas con el PRO macrista en Mendoza, Jujuy y otros distritos. Stolbizer, por su lado, pasó de la denuncia a las mafias a aliarse (ejem) con Massa y el clan Barrionuevo. Lousteau, cómo decirlo, fue el embajador macrista en Estados Unidos. Nada nuevo ni bueno puede salir de allí.

El “mito de Sísifo” de Bonfatti y el auxilio por izquierda

Así, son entendibles los berrinches de Antonio Bonfatti. No puede romper con Lifschitz (ni Lifschitz con él), pero necesariamente tiene que diferenciarse de él, si quiere ser un candidato que valga en el 2019. Si procura recauchutar su perfil progresista debe acentuar su oposición a Macri, pero eso lo lleva a darse de bruces con la propia política que su gobierno, de su partido, aplican diariamente en Santa Fe. Un verdadero mito de Sísifo, donde Bonfatti sube el monte con su pretensión progre a cuestas, y una y otra vez choca y vuelve a caer.

Ese es el trasfondo de la crítica del ex gobernador a la “militarización” acordada por su sucesor y compañero Lifschitz. En todos los terrenos de la gestión provincial, ocurren entuertos semejantes: en el trato a los trabajadores, en las caricias a las fuerzas represivas, en todos los rubros aparece la sombra de la derecha que no solo tapa a Lifschitz, sino que oscurece a un ofuscado Bonfatti. El nuevo capítulo de esta encrucijada es la discusión abierta en torno al derecho al aborto, donde el PS creía tener una oportunidad de posar de progres, pero su único diputado confesó oponerse a ese derecho elemental de las mujeres.

Siendo este el panorama de la oposición a Macri, suena poco entendible que fuerzas que se ubican desde la izquierda a los partidos tradicionales, como el Frente Social y Popular y Ciudad Futura, se propongan como parte de un rejunte antineoliberal o antimacrista con sectores de los partidos que aplican ajustes en las provincias que gobiernan, o que dieron generosa ayuda parlamentaria a Macri, o que fueron pioneros en la política de saturar de efectivos policiales para tapar las consecuencias sociales de su desigualdad social y de la podredumbre policial.

No se trata de reciclar figuras de los partidos de los de arriba, ni de coquetear con sectores de los partidos contra los que luchamos los trabajadores, las docentes y la juventud, sino de construir una verdadera alternativa de los de abajo, con independencia de los gobiernos y de los partidos de los patrones, una alternativa para el pueblo trabajador. Los sectores de trabajadores en general, docentes, mujeres y jóvenes, incluso aquellos que apostaron a fuerzas desde la izquierda pero que no quieren ser la rueda de auxilio de las fuerzas patronales, tienen al Frente de Izquierda como una herramienta para pelearle a los de arriba.

Defender la agenda de los trabajadores, el movimiento de mujeres y la juventud en todos los terrenos

Mientras este Juego de la Rosca acontece, la realidad del pueblo trabajador se espesa, los despidos acechan y el costo de vida se encarece, pero la dirigencia sindical y la oposición peronista proponen, en el mejor de los casos, castigar a Macri en las urnas en el 2019, no enfrentar su plan ahora, cuando hace falta. Esta pelea no es meramente electoral, sino que es una batalla política y social, aunque algunos dirigentes no quieran verlo.

La enorme movilización y el combate contra la reforma previsional, lucha que se vio en la resistencia en dos tiempos, el 14 y el 18 de diciembre, confirma que “los de abajo” tienen gran disposición de lucha, proporcional al titubeo de las conducciones. Este espíritu, en la región, se ve en los paros aceiteros luego de la letal explosión en COFCO, en la lucha contra los despidos en Cargill, en las asambleas de Anses contra los despidos, en La Virginia o Electrolux, en las asambleas docentes, en la impetuosa preparación del paro de mujeres del #8M, en la juventud que juntó bronca con el asesinato de Santiago Maldonado o con la represión a los trabajadores, en las familias movilizadas contra el gatillo fácil y la impunidad policial.

La izquierda se propone impulsar ese espíritu de resistencia para desarrollar la lucha en las calles, estando en cada pelea y jugándose a que triunfen, rodeándolas de apoyo popular y de solidaridad. Y consolidar, al calor de esa pelea estratégica, una salida desde abajo, anticapitalista y de los trabajadores.







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