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Procter & Gamble: ¿cuánto cuesta la salud de los trabajadores?

En la planta Pilar de la fábrica Procter & Gamble un trabajador sufrió un accidente que pudo terminar en tragedia como resultado de la política de la empresa de reducción de costos.

Miércoles 30 de mayo | Edición del día

Fotografía: pilardetodos

Procter & Gamble –empresa multinacional de consumo masivo, fabricante de Ariel, Ace, Magistral, Pantene, etc.- no es nada menos que un escenario en el que sus trabajadores sufren la precarización y la negligencia por parte de sus patrones, esta vez, a costa de poner en riesgo sus propias vidas.

En la madrugada de este lunes 28 de mayo, ha ocurrido un accidente que bien pudo haber terminado en la peor de las tragedias: una barra de hierro de unos 20 centímetros y de alrededor de 1,5 kilogramos se desprendió de una cañería a seis metros de altura, cayendo sobre el hombro de un trabajador que se encontraba realizando tareas en dicha zona. Dicho incidente tuvo como desenlace la hospitalización del trabajador lesionado, y la realización de asambleas y paro de la planta durante horas posteriores.

Para comenzar, cabe aclarar que el trabajador herido se encuentra estable, y no ha pasado a mayores, a pesar de que fue un rumor a viva voz durante dicha mañana que “si el fierro le daba en la cabeza, no la contaba; hoy hubiera sido una tragedia; estaríamos limpiando el piso todavía”.

Primero, reducir gastos y ahorrar… La seguridad de los trabajadores, después

En las horas posteriores, alrededor de las 8:30 de la mañana se realizó una asamblea dirigida por delegados, en donde se denunció que dicha zona de riesgo había sido detectado un año y meses atrás, y en una segunda instancia, volvieron a detectar el mismo problema, advirtiendo sobre la peligrosidad del problema, que nunca fue reparada. Estas intervenciones y denuncias fueron realizadas de cara a una de las responsables de la seguridad de los obreros, que se encontraba presente en la asamblea, y que a pesar de no negar dichas denuncias, se resguardaba en el hecho de que “si bien no se atendió al problema, se han estado resolviendo otras cuestiones”. Media hora más tarde, se unió a la asamblea el gerente del sector, el cual no solo defendió a la responsable de la seguridad del sector (desligándola así de responsabilidad sobre lo acontecido), sino que también apeló al discurso de “hemos estado ocupados realizando otras tareas”. En medio de esta hipocresía y discurso de “estamos comprometidos”, “necesitamos tiempo”, la inspectora esbozaba una indisimulada sonrisa sobre la situación, como si le causara gracia lo acontecido.

Con el amparo de un Gobierno patronal, que ve a la explotación y la precarización como una manera de “hacer un esfuerzo entre todos” y “trabajar duro”, ocurren estas negligencias y se resuelven estas decisiones para ahorrar gastos en mano de obra. Lamentablemente, ocurrido un accidente, la impunidad continua, la patronal y sus cómplices se ríen en nuestras caras.

Este accidente se suma a una larga lista de riesgos de salud ignorados, materia en la que Procter se luce, ya que explotar a más no poder el cuerpo de los laburantes, que sufren diversas dolencias relacionadas a las posiciones de trabajo que exige cada sector, y brindar una asistencia médica paupérrima es la especialidad de esta compañía, y que sin sorpresa alguna, el Gobierno le da el visto bueno al realizar modificaciones en la ART, le pide a los trabajadores que “no se pasen con las licencias”, etc.

Al parecer, para los primeros voceros de la empresa P&G hay prioridades cuando se trata de la salud y vida de sus empleados, a pesar de que sobran los carteles desde el ingreso a cada sector de la planta sobre la importancia de trabajar en condiciones seguras, y, a la par, dignas. Porque, claro, es mucho más redituable hacer “una tarea a la vez” con los empleados que dispone la empresa (aunque eso conlleve a tener pendiendo sobre nuestras cabezas un fierro levemente soldado, durante un año y medio desde el primer llamado a resolver dicho problema) que contar (contratar) mayor personal para las tareas de mantenimiento y así realizar en menor tiempo y con mayor eficacia las tareas que garanticen nuestra propia integridad física.

Estos dichos y explicaciones fueron duramente repudiados por los delegados presentes que hicieron frente a la autoridad que impartían el gerente y compañía presentes. Este no es un dato menor, considerando el historial persecutorio de P&G en materia de activismo y sindicalismo, con las recientes experiencias del despido del “Pela” Sanagua y suspensión de Darío Campo. En consecuencia, y lógicamente, las intervenciones en la asamblea fueron muy pocas, por no decir nulas, y las mismas se realizaron una vez retiradas dichas autoridades.

En la misma línea, cabe recordar el reciente caso del trabajador despedido de Mondelez, Gastón Ceballos, perseguido por la patronal tras interpelar a la patronal en una asamblea en defensa de la seguridad de sus compañeros trabajadores, exigiendo los elementos de protección personal correspondientes para trabajar. Esta situación no dista mucho de la realidad de Procter: se llenan la boca hablando de seguridad, pero cuando menos te lo esperas, te cae un fierro de la cabeza que literalmente te puede dejar inconsciente, lesionar, o matar.

Finalizada la primer instancia de la asamblea permanente, se decidió no iniciar actividades hasta no obtener una respuesta contundente sobre cómo solucionarían en tiempo y forma las situaciones y zonas de riesgo anteriormente denunciadas.

El doble discurso de los delegados: ¿aliados defensores, cómplices u oportunistas?

Hasta aquí, uno se jactaría de la suerte de contar con tan envalentonados delegados que no temen en parar la planta de Pilar, pero… ¿realmente son los extremos defensores de los trabajadores?

Una de las grandes banderas de la asamblea fue el gran y constante trabajo de los delegados advirtiendo las amenazas sobre la seguridad de los trabajadores, pero no nos dejemos engañar compañeros: si ocurrió un accidente, fue porque los delegados dejaron pasar meses entre cada denuncia y no siguieron la situación de cerca, es decir, no ejercieron una real preocupación sobre tal riesgo, como si un papel los desligara de responsabilidades. En la fábrica son varios los pedazos de fierro que se encuentran flojos a metros del suelo.

¿Hacía falta que ocurra este accidente para parar la línea? Desde luego que no. Los delegados poseían conocimiento de este problema y aun así, semana tras semana, durante un año y dos meses, dejaron pasar lo que pasaba, habiendo podido convocar a una asamblea y otras medidas previamente. Con detectar el problema y recorridos, no alcanza. Es necesario poner en pie una verdadera comisión interna que movilice al conjunto de los trabajadores constantemente y rinda cuenta de sus labores y compromiso periódicamente, y cuyas tareas y responsabilidades no se terminen en la labor de detectar problemas y dejarlos registrados para así lavarse las manos de eventos posteriores.

Al final y por abajo: paritarias a la baja, muchachos

Una vez finalizada la asamblea, el delegado Cabrera y compañía “aprovechó, de paso” para leer brevemente la última resolución del cierre de paritarias del Sindicato de Jaboneros y Afines. ¿De qué manera se comunicó dicha información? Casualmente, una vez finalizada y disuelta la reunión, se leyó dicho comunicado a algunos de los presentes, y, como si fuera poco, comentó que dicha “negociación” fue ¡un éxito! Del 12 %, y en septiembre, “en caso de dispararse la inflación” (sic) se reabriría la mesa de discusión. Al parecer Cabrera estaría viviendo en algún país donde no suben la nafta, la canasta básica, el transporte, las prepagas, la luz, el gas, el peaje etc., etc., etc, constantemente.

La maniobra: hacerle el juego a Macri y la patronal, darle tiempo, apostar a la prudencia, esperar al segundo semestre (¿y la reforma laboral?) agachar la cabeza cuando realmente es necesario estar organizados y en alerta para luchar por unas paritarias acordes a la inflación y la canasta familiar.

Nuevamente el sindicato cerró las paritarias jaboneras sin consultar a los trabajadores en asambleas. El SOJO en vez de ponerse al frente de paritarias que sean acordes a la inflación termina siendo cómplice del gobierno antiobrero de Macri.

Al final del turno de la mañana, tras 3 horas de paro, se llegó al acuerdo y compromiso de la patronal de comenzar inmediatamente las reparaciones correspondientes en los sectores que sean necesarios.

Sin depositar ninguna confianza en esta promesa, llamamos a todos los trabajadores a permanecer en estado de alerta.







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