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Primer año de Trump: ¿cuántas amenazas cumplió contra México?

6º ronda de renegociación del TLCAN, con alza del superávit de México en balanza comercial con EE.UU. y endurecimiento de políticas antimigrantes.

Bárbara Funes

México D.F |

Domingo 21 de enero

Hace un año, el gobierno de México, las trasnacionales y empresarios locales parecían contener la respiración. El dólar había llegado a 22.04 pesos por unidad y algunos preveían que llegara a 25 pesos.

Trump parecía la suma de todos los miedos: un escenario posible era una salida intempestiva de Estados Unidos del Tratado de Libre Comercio de Norteamérica (TLCAN) y que la consecuencia fuera el estallido de una gran crisis económica en México. Otro escenario era la deportación masiva de migrantes sin papeles y una rápida construcción del muro en la frontera.

A lo largo del año se mantuvo la incertidumbre, pero no se llegó a ninguno de los escenarios catastróficos previstos. Veamos.

Renegociación del TLCAN

No han cesado las amenazas de Trump de sacar a Estados Unidos del tratado. Desde las trasnacionales estadounidenses se alzaron voces contra sus propuestas (entre las que destacaron las automotrices), como la de pasar los componentes regionales de 62% a 85% para las manufacturas.

Otros puntos conflictivos son un mecanismo de resolución de conflictos y una cláusula de suspensión de cinco años. Aunque el gobierno de Peña Nieto está dispuesto a dar todo de sí para lograr que prospere la renegociación.

Sin embargo, el objetivo central de Trump es reducir el déficit comercial de Estados Unidos, que entre enero y octubre de 2017 registró un alza de más de 10% con México y llegó a 59.276 millones de dólares. Una cifra que está por encima de el déficit que Estados Unidos tiene con Japón, la tercera economía del mundo, y Alemania, la cuarta.

Lo cierto es que más allá de los exabruptos de Trump, ahora el 40% de los insumos con los que han sido fabricados los productos de las maquilas viene de EE.UU., que luego de completar su producción son importados a Estados Unidos. Es así que 81% de las exportaciones no petroleras de México tienen como destino el mercado estadounidense. Y éste a su vez, depende de los insumos que adquiere la industria mexicana en el gigante del norte.

Se trata de una cadena de valor difícil de romper, desarrollada en gran medida a partir de la implementación del TLCAN en 1994. Pero que a la vez no ha dado en los últimos años las ganancias que esperaban las trasnacionales del modelo neoliberal, basado en un incremento de la explotación laboral a nivel mundial, el recorte de prestaciones y la degradación de las condiciones de vida de las mayorías. La figura de Trump, con toda su imprevisibilidad y sus explosiones, es la catalizadora de esa contradicción.

Políticas antimigrantes de Trump

Aun cuando como decíamos arriba, no se dieron deportaciones masivas, según datos del Servicio de Inmigración y Aduanas, mientras las deportaciones se redujeron 6% con respecto a 2016 se incrementaron las detenciones de migrantes y de las expulsiones relacionadas con éstas -de ser el 27% del total en el año fiscal 2016 (65,332) a 36% (81,603) en 2017.

Las autoridades estadounidenses deportaron en el año fiscal 2017 a 226,119 indocumentados frente a los 240,255 del año anterior.

Respecto al gobierno de Trump en particular, entre el 20 de enero de 2017 y el 30 de septiembre, ICE detuvo a 110,568 de migrantes sin autorización para residir en EE.UU. Esto representa un alza de 42% en comparación con las 77,806 personas arrestadas en el mismo período del año anterior, con Obama en el gobierno.

Otro foco rojo fue la cancelación del programa DACA, que protegía de las deportaciones a las personas llevadas a EE.UU. en su niñez. Trump dejó sin amparo a cerca de 800,000 jóvenes dreamers.

Amenazas contra ciudades santuario y sobre el financiamiento del muro con cargo a Estados Unidos fueron otros componentes de la política antimigratoria de Trump, una continuidad de las políticas de Obama, pero con un discurso xenófobo y racista. Con la política del terror a las deportaciones y separación de familias busca redoblar la explotación sobre los trabajadores migrantes.

Sin embargo, concretar al 100% el programa antimigratorio del magnate devenido en presidente hace un año, también pone en riesgo a las corporaciones estadounidenses.

La fuerza social de los migrantes

27.6 millones de migrantes son parte de la poderosa clase obrera estadounidense, 19.6 millones tienen residencia legal y 8 millones no. Constituyen el 17.1% de la fuerza de trabajo del gigante del norte. Laboran en el sector agrícola y de silvicultura, en mantenimiento y limpieza de terrenos de construcción, en construcción y extracción, construcción y extracción, producción industrial, entre otros rubros.

Una fuerza social que es parte de la multiétnica clase obrera estadounidense y que es aliada potencial del 99%, de las mujeres que luchan por defender sus derechos ante la ofensiva reaccionaria de Trump, los pueblos originarios como los sioux y los tohono o’odham que se oponen al muro y los megaproyectos, los trabajadores que luchan por el aumento de salarios a 15 dólares la hora, los jóvenes afroamericanos que enfrenaron en las calles la violencia policial.

Ante la crisis que viven Estados Unidos, México y Centroamérica, social, política y económica, ante la profundización de la explotación y el saqueo que preparan las trasnacionales con Trump o sin él, hay una salida.

Una que favorezca a los millones de trabajadores que habitan los países que integran el TLC, sólo a partir de terminar con la explotación propia de este sistema capitalista a ambos lados de la frontera y la opresión imperialista de Estados Unidos sobre México, se podrá hacer realidad una integración económica, decidida y llevada adelante en función de los intereses de los trabajadores del campo y la ciudad, en una Federación de Estados Unidos Socialistas de Norteamérica.

El destino de la clase trabajadora y los sectores populares en México y Estados Unidos está indisolublemente ligado. Como escribió León Trotsky en 1936, en el artículo “Si Norteamérica se hiciera comunista”:

Los gobiernos de Centro y Sudamérica se verían atraídos a vuestra federación como el hierro por el imán. Lo mismo ocurriría con Canadá. El movimiento de las masas de estos países sería tan fuerte que impulsarían este gran proceso unificador en un brevísimo período y a un costo insignificante. Estoy dispuesto a apostar que el primer aniversario de los soviets norteamericanos encontraría al Hemisferio Occidental transformado en EE.UU. soviéticos de Norte, Centro y Sudamérica, con su capital en Panamá. Por primera vez la Doctrina Monroe adquiriría un peso total y positivo en los asuntos mundiales, aunque no el previsto por su autor.






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