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MÚSICA // PREMIO NOBEL

Premio Nobel de Literatura para el Bob Dylan de hoy

Robert Allen Zimmermann, mundialmente conocido como Bob Dylan, fue elegido para el premio Nobel de Literatura 2016. Un premio que siempre genera polémica por los fundamentos con que se define el ganador, y por supuesto Dylan no escapa tampoco al debate. Sin embargo su vasta carrera tuvo varias facetas de elogios y otras cuestionables. Lo cierto es que el premio, merecido o no, es entregado a sus 75 años y no en la etapa más interesante de su carrera artística.

Viernes 14 de octubre | Edición del día

En la convulsiva, única e irrepetible década del 60, justo en aquel momento en que la lucha por los derechos civiles de la comunidad afroamericana estaba con sus banderas levantadas por las calles desnudando la falsa igualdad de la sociedad capitalista norteamericana tan racista como lo es hoy aún, los jóvenes de ese mismo país salían a rechazar una guerra injusta.

Tocando con el dedo en la llaga por una generación que moría combatiendo en un país lejano y desconocido llamado Viet Nam, claro está que para “los señores de la guerra” no era necesario enviar a sus hijos a combatir, para eso estaban los hijos pobres de la clase obrera norteamericana.

Mientras en las grandes ciudades de Estados Unidos como Nueva York llegaban miles, quizás millones de campesinos, pueblerinos, artistas, inmigrantes y trabajadores a buscar ese sueño americano que tan solo era para unos pocos, el resto pasaría al olvido “rodando como una piedra” hundiéndose en los bares con la melancolía a cuestas de los que nunca les tocó porque solo son un número más para este sistema, explotados en una fábrica cualquiera, en un empleo gris y mal pagado.

Justamente de todo esto y de mucho más cuenta Dylan en sus letras de su primera etapa, porque él mismo vino de una ciudad industrial llamada Duluth, del Estado de Minnesota, para instalarse en el mítico barrio de Greenwich Village y se mezclaría con muchos escritores, cantantes, trabajadores y toda clase de bohemios, de allí surgiría su apasionante historia.

Al principio su música era típicamente folk, influenciado por varios de los artistas más descarnados, pero en especial por dos grandes como Woody Guthrie y Pete Seeger, que en sus primeros discos se nota claramente por las letras que describen la historia de personajes pobres, de sus sueños de un futuro mejor que nunca llegará para ellos porque los gobernantes solo tienen para ofrecerles días grises en cualquier podrido agujero, pero también de sus luchas contra toda la injusticia de los ricos poderosos, de esto cuenta desde su primer disco homónimo Bob Dylan (1962), y los siguientes, The Freewheelin´Bob Dylan (1963) y The Times The Are a-Changin´.

Hasta que llegó el tremendo disco Highway 61 Revisited (1965) que rompería con su tradicional influencia folk, para pasar el eléctrico rock y no satisfecho con este golpe de cambio, edita otro fantástico disco como lo es Blonde on Blonde (1966) y allí se hace mundialmente reconocido y ya con estos maravillosos discos se transforma en el artista más importante de toda esa generación que cuestiona todo, en las calles, fábricas y universidades.

No solo de las universidades de Estados Unidos donde los estudiantes denunciaban la masacre del ejército americano en Viet Nam, también a ellos se sumaban los estudiantes del Mayo Francés unidos con los obreros contra el brutal régimen de Charles de Gaulle que masacraba al pueblo argelino. Todos ellos estaban muy identificados con las canciones de Dylan.

Y si bien se puede decir que quizás no sea un gran cantante, con su voz nasal, tampoco muestra mucha simpatía en los escenarios y solo con sus letras alcanza para atrapar y conmover con “Blowing´ In The Wind” “The Times They Are- a Changin´” “Like a Rollig Stones” “Just Like a Woman” “All Along The Watchtower” y muchísimas canciones más de esos discos.

No solo alcanzaba con su prolífica cantidad de discos para ser un enorme músico, porque editaría dos libros muy interesantes como Tarántula (1966) y Crónicas Volumen I (2004) donde claramente muestra sus influencias de los escritores de la Generación Beat como Allen Ginsbert, Jack Kerouac y William Burroughs. El segundo es muy recomendable por la crónica de sus primeros años en Greenwich Village llamando a introducirnos en su historia y no costará imaginarse como eran esos tiempos por su riqueza de los detalles de aquellos artistas de variado interés.

Es enorme la lista de artistas influenciados en el mundo anglosajón que van desde Johnny Cash, Leonard Cohen, The Beatles, Rolling Stones, Neil Young, The Grateful Dead, Joan Baez, Joni Mitchell, Tom Petty, Eddie Veder, Jimi Hendrix, Janis Joplin, The Band, Bruce Springsteen, Jeff Buckley, Donovan, Nick Drake y tantos más. Y si agregamos a los artistas que no son anglosajones podemos agregar a Caetano Veloso, León Gieco o Joaquín Sabina.

La entrega de este premio en esta etapa de su vida artística más complaciente, conformista y para nada crítica de las desigualdades sociales de Estados Unidos no es casual. Si se hubiera entregado en aquellos años por su compromiso desde la poesía y la música a la lucha por los derechos civiles, en contra de la guerra (aunque en una posición pacifista) otro hubiera sido el sentido del premio, en cambio hoy tiene un sentido diferente luego de haber tocado para el Papa Juan Pablo Segundo en 1997 con todo lo que significa una institución tan reaccionaria como lo es la iglesia católica, o su titubeo con la religión en varias canciones. Es claramente una intención de otorgar el premio a un artista domesticado por el sistema en la actualidad.

Pero para quienes descubrimos la belleza de sus innumerables canciones, la simpleza y la complejidad al mismo tiempo, sus desesperadas denuncias de las voces calladas por este sistema opresor, podemos encontrar un artista que se destacó por plasmar en sus letras, para que otros luchadores las tomen como suyas. Ese es el Dylan que se puede rescatar, que no es el que ganó el premio. Más allá si se merece en la categoría de literatura o no.




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