Cultura

OPINIÓN

Por su nombre

Sobre críticas, escritos; engaños y enfoques.

Martes 28 de junio de 2016 | Edición del día

Viendo de lejos, a demasiada distancia, suele suceder que una cosa acaba por confundirse con otra: se cree estar viendo esto, y resulta que en verdad es aquello. Es así con la lontananza, produce engaños. Hay enfoques que se corren tan rotundamente a la derecha, en la crítica cultural y en la crítica literaria por lo pronto, que por efecto de lo remoto, por ser tanta la lejanía, incurren en este quid pro quo: confunden progresismo con izquierda. Las gruesas diferencias (no digamos ya los matices) les pasan desapercibidas al haberse apartado hasta tal punto al suelo de lo reaccionario. Las más agudas críticas al progresismo (sus límites ideológicos y políticos, su fatal moderación) provienen, por cierto, desde las posiciones de izquierda, como lo demuestran por ejemplo los artículos periodísticos de Enrique Raab recientemente editados bajo el título de Periodismo todo terreno. Pero es difícil que alcance a advertirse eso si se mira lejísimamente, tan pero tan al otro lado.

Tenemos una derecha que no osa decir su nombre. Lo sabemos bien: prefiere hacerse llamar centro, nombrarse como liberal. Tenemos una derecha que suele fraguar terminologías de cambio (y en ratos de audacia, o de caradurismo total, hasta pretende decirse izquierda: Durán Barba sobre Macri, por poner sólo un ejemplo). No es frecuente la franqueza, y lo justo es apreciarla, que tuvieron escritores como Gonzalo Garcés o Pola Oloixarac, de declararse conservadores al apoyar políticamente a un gobierno de ese mismo tenor. Cunde en cambio otra modalidad, más confusa y amañada, en la crítica cultural y literaria, que dice ir en contra del progresismo sin saberlo distinguir de la izquierda. La derecha que no osa decir su nombre tampoco osa decir el de su adversario. Cultiva un airecito banana, cancherea con torpeza, juega el juego del cinismo. Esquiva, medrosa, esa exigencia ética que a la crítica le planteaba David Viñas: definir, ante todo, desde dónde se habla. Lo que vendría a ser, en este caso, pronunciar su antiizquierdismo sin disfrazarlo de antiprogresismo, asumirse de derecha y dar un debate honesto sobre estética y política.







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